Tratamiento fiscal del arrendamiento financiero en el Impuesto sobre Sociedades

Mario Cantalapiedra – Economista

Uno de los principales atractivos de la operación financiera de arrendamiento o leasing financiero estriba en su tratamiento a efectos del Impuesto sobre Sociedades (IS). En este impuesto (artículo 115 del Real Decreto Legislativo 4/2004, de 5 de marzo, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del IS) os recuerdo que se considera gasto fiscalmente deducible:

  • La carga financiera (intereses) satisfecha a la entidad financiera arrendadora.
  • La parte de las cuotas de arrendamiento financiero correspondiente a la recuperación del coste del bien (amortización), excepto en terrenos, solares y otros activos que tengan carácter no amortizables. Cuando en un mismo contrato de arrendamiento financiero coincidan bienes que sean amortizables y bienes que no lo sean, podréis deducir la parte correspondiente a los amortizables siempre que aparezcan expresados de forma diferenciada en el contrato.

Realmente es en la parte de la cuota correspondiente a la recuperación del coste del bien donde se encuentra la ventaja fiscal, ya que la consideración de los intereses es la misma que en el caso de un préstamo a largo plazo, por ejemplo. Los requisitos que exige la normativa para poder obtener la ventaja fiscal son:

  • Debe tratarse de contratos de arrendamiento financiero que se ajusten a lo regulado por la disposición adicional séptima de la Ley 26/1988, de 29 de julio, donde se regula la operación de arrendamiento financiero de una forma general.
  • Duración mínima de los contratos (se tiene en cuenta desde la puesta en funcionamiento del bien) de dos años cuando tengan por objeto bienes muebles, y de diez cuando sean inmuebles o establecimientos industriales.
  • Las cuotas de arrendamiento financiero deben aparecer en el contrato diferenciando la parte que corresponda a recuperación del bien, excluido el valor de la opción de compra, la parte que corresponda a intereses y la parte que corresponda a pago del impuesto indirecto.
  • El importe anual de la parte de las cuotas correspondiente a la recuperación del coste debe permanecer igual o tener carácter creciente a lo largo del período contractual.

La cantidad deducible en concepto de amortización cada ejercicio no puede superar el resultado de aplicar al coste del bien el doble del coeficiente de amortización lineal según tablas de amortización oficialmente aprobadas. En el supuesto de las empresas de reducida dimensión este límite se eleva hasta el triple del coeficiente. Las cantidades que excedan los límites apuntados podrán deducirse en períodos impositivos sucesivos.

 

 

 

 

El mecanismo de los intereses en el descuento comercial

Mario Cantalapiedra – Economista

Los intereses de la operación de descuento comercial los calcula la entidad financiera por el plazo que media entre la fecha valor del abono del nominal, es decir, el momento desde el cual se puede disponer del dinero anticipado, hasta el vencimiento de cada uno de los efectos descontados. Los intereses se cobran por anticipado, luego tienen el carácter de prepagables. Cuando el vencimiento del efecto coincide con un día de carácter festivo, la liquidación de intereses se calcula hasta la fecha de pago o, lo que es lo mismo, primer día hábil siguiente. Las entidades financieras suelen fijar un mínimo de días de antelación para realizar el descuento, el cual depende de cada entidad y que conviene conocer, de tal modo que si descontáis efectos con un vencimiento inferior, os aplicarán dicho mínimo.

El tipo de interés puede ser único para cualquier plazo del papel que se lleve al banco, lo que se conoce como descuento a forfait (utilizando la expresión francesa que sirve para determinar un precio único, al modo de la que utilizan los aficionados al esquí cuando contratan todo este servicio por un precio único), o variar según tramos, donde a un mayor plazo corresponderá un mayor tipo de interés, algo que siempre ha sido muy del gusto de las cajas de ahorro españolas. Por ejemplo, se pueden pactar los siguientes tramos del descuento: hasta 30 días, de 31 a 60 días, de 61 a 90 días, y más de 90 días (aunque a esta alturas, y con la nueva Ley contra la morosidad en la mano, no deberíamos aceptar pagos entre empresas que superaran los 85 días ¿verdad?). Lo normal es que en ambos casos (tipo único y  tipo por tramos) se vincule el interés aplicado en el descuento a la evolución de un índice de referencia, normalmente el Euribor que se ve incrementado por un determinado diferencial. Así el banco puede cobrar un tipo de interés aplicado al descuento comercial hasta 90 días de Euribor a 3 meses más un diferencial de 1,75 puntos. No obstante, a veces la vinculación a determinado índice es más una práctica bancaria que un pacto expreso. Desde la perspectiva de la empresa que se financia siempre interesará tratar de conocer los criterios seguidos por la entidad financiera para revisar el coste del descuento, si es por escrito, mucho mejor, y estar muy atentos a la correspondiente aplicación, sobre todo a la que deba rebajar el coste del descuento, no sea que a la entidad bancaria se le “olvide” realizarla y convenga recordárselo.

Los temidos gastos de devolución en el descuento comercial

Mario Cantalapiedra – Economista

Ya sabemos que la operación de descuento comercial, por la que una entidad financiera adelanta el nominal de un efecto comercial no vencido a cambio del cobro de unos intereses y de unas comisiones, se realiza “salvo buen fin”. Es decir, la entidad financiera no asume el riesgo de impago del efecto descontado, de tal manera que si el deudor no paga éste una vez que llega su vencimiento, la empresa que ha recurrido al descuento para financiarse deberá asumir el coste.

Por tanto, los gastos de devolución sólo aparecen en el caso de que se produzca el impago del efecto descontado, situación en la cual la entidad financiera cargará en cuenta el importe nominal del efecto devuelto más una comisión variable con un mínimo, además de otros gastos que haya sufrido en la gestión del impagado, como pueden ser los de protesto. Os recuerdo que el protesto hace referencia al acto notarial que sirve para acreditar que el efecto comercial que se ha llevado al descuento (letra de cambio, pagaré, recibo negociable), presentado a su debido tiempo al deudor, no ha sido pagado por éste. Puede ser sustituido, lo más común en nuestros días, por una declaración equivalente firmada por la entidad financiera en la que se haya domiciliado el pago del efecto o por la Cámara de Compensación bancaria (que, también os recuerdo, es el sistema integrado por las entidades bancarias en el que intercambian y liquidan entre ellas todo tipo de activos y documentos compensables).

 Si se desea que el banco realice la gestión del protesto se deberá incluir en el efecto que se lleva al descuento la expresión “con gastos”, “con protesto” o similar y firmarla. Si, por el contrario, no se desea que el banco realice ninguna gestión que conlleve estos gastos, habrá de incluirse en el efecto el texto “sin gastos”, “sin protesto” o similar y también firmarlo. En los casos de concurso de acreedores, el protesto del efecto comercial se puede sustituir, con iguales consecuencias, por una resolución de tipo judicial.

 Los gastos de devolución máximos son declarados por las entidades financieras en el Banco de España, como salvaguarda de los intereses de sus clientes. Una recomendación para terminar este post: siempre que el índice de efectos descontados impagados a lo largo de un período significativo, por ejemplo un año, sea reducido (esperemos que sea vuestro caso), tendréis un argumento más para negociar con el banco una mejora en las condiciones generales del descuento comercial.

¿Quién me presta 500 dólares y apadrina mi negocio?

Mario Cantalapiedra – Economista

Como venimos observando desde distintos foros donde nos preocupa y ocupa el problema de la financiación de las empresas, en España nuestras pequeñas y medianas compañías muestran una gran dependencia de los fondos proporcionados por las entidades de crédito, de tal modo que deprimidos éstos, como ocurre en nuestros días, aparecen grandes dificultades financieras para las empresas más modestas.

Los españoles estamos acostumbrados a que nuestros emprendedores se forjen más en base a su constancia, esfuerzo personal y, sobre todo, individualismo que en el apoyo que puedan recibir de alguien que confíe en su proyecto, arriesgue con él, y le ayude a financiarlo. Resulta cuando menos curioso que en un país donde un día unos reyes, parece ser que, sobre todo, una reina, decidieron arriesgar y financiar un proyecto que por aquel entonces parecía descabellado y que les fue presentado por un navegante genovés, se haya perdido la cultura de financiar el riesgo empresarial.

En 1938 en la California estadounidense, el decano del departamento de ingeniería de la Universidad de Stanford, Frederick Terman, prestó 500 dólares a dos de sus alumnos, William Hewlett y David Packard, para financiar su proyecto empresarial relacionado con la industria electrónica. Era el origen de Hewlett Packard, referente mundial de las tecnologías de la información en la actualidad. Pero no solamente les prestó dinero sino que también les ayudó a desarrollar el negocio y apadrinó sus primeros años de vida empresarial. Los estudiosos del fenómeno de los business angels consideran este hito como el nacimiento de este tipo de inversión. Algunos románticos también quieren pensar que los Reyes Católicos, con el episodio que os acabo de relatar, fueron los primeros business angels de la historia, pero, en cualquier caso, este tipo de inversión se ha desarrollado y se desarrolla mucho más en países como Estados Unidos que en España. Y mira que en este país entendemos bien de padrinos, pero me temo que no tanto de aquellos que ayudan a desarrollar un proyecto empresarial y generar riqueza para el conjunto de la sociedad, sino de aquellos otros que colocan al “amiguete” de turno.

Bueno, dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, quizás con las crisis afloren ese otro tipo de padrinos que nos presten los euros y el asesoramiento y red de contactos necesarios para el desarrollo de nuestro negocio, a buen seguro que los Reyes Católicos se sentirán orgullosos, y nuestra Economía lo agradecerá.

 

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