Un ejemplo de conciliación entre “cash-flow” magnitud y “cash-flow” tesorería generada

Mario Cantalapiedra – Economista

En un post anterior comentaba como el cash-flow como magnitud (beneficio más amortizaciones, provisiones y correcciones de valor), que expresa el potencial de generar tesorería de una empresa y el cash-flow como tesorería generada (diferencia entre cobros y pagos), que muestra el movimiento real de efectivo, solamente coincidirían en un período si no se producen variaciones en otras partidas del balance que consuman o aporten recursos líquidos. Ahora trataré de explicar mejor esta teoría a través de un sencillo caso práctico, para el cual partiremos de la siguiente situación de balance de una empresa al cierre de dos ejercicios consecutivos:

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Con los datos de balance, el cash-flow como magnitud en el ejercicio 20X2 ha ascendido a 4.000 euros (beneficio del ejercicio + amortizaciones dotadas: 3.000 + 1.000 = 4.000 euros). Sin embargo el cash-flow como tesorería generada arroja un resultado bastante más modesto, en concreto de 1.000 euros (diferencia entre cobros y pagos, reflejada en la partida de Tesorería: 6.000 – 5.000 = 1.000 euros). Para conciliar uno y otro dato, se deben ajustar los movimientos del resto de partidas de balance que han afectado al movimiento de efectivo, del siguiente modo:

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De este modo, el potencial de generación de caja de 4.000 euros se ha traducido finalmente en una entrada real de efectivo en la empresa de 1.000 euros, tras incluir los movimientos del resto de partidas de balance que afectan a la tesorería. Se comprueba como tener beneficio y tener caja, aunque sean vertientes del negocio íntimamente relacionadas, se refieren a cosas distintas.

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Tres actividades de la empresa que originan flujos de caja

Mario Cantalapiedra – Economista

Reconocida la importancia que puede tener conocer la capacidad para generar caja de una compañía, más allá de cuál sea el resultado de su actividad y que la falta de sincronía entre corriente económica (ingresos y gastos) y corriente monetaria (cobros y pagos) puede motivar problemas de liquidez, un paso más allá nos llevaría a tratar de averiguar qué actividades concretas de la empresa son generadores de flujos de caja. En principio, la empresa puede generar cash-flow a través de tres tipos de actividades:

  1. Por actividades de explotación: Flujos originados fundamentalmente por las operaciones de carácter ordinario que dan lugar al resultado de la compañía. Por ejemplo, surgen al pagar una factura de compra de materia prima a un proveedor, al pagar la nómina a un trabajador o al cobrar una factura de venta a un cliente.
  2. Por actividades de inversión: Flujos que vienen motivados por las operaciones de compra y venta de activos no corrientes, es decir, de aquellos que se destinan a servir de forma duradera en las actividades de la empresa. Por ejemplo, se incluiría el pago efectuado por la compra de una máquina fotocopiadora o el cobro recibido por la venta de un elemento de transporte.
  3. Por actividades de financiación: Por último, estos flujos se originan en las operaciones de obtención o cancelación de fondos financieros, tanto propios como ajenos, por parte de la empresa, no derivados de su actividad de explotación. Por ejemplo, aparecen cuando se cobra el principal de un préstamo concedido por una entidad de crédito o cuando se pagan todas y cada una de las cuotas de amortización del mismo.

Precisamente esta subdivisión es la que utiliza el Plan General de Contabilidad (PGC) para formular el Estado de Flujos de Efectivo (EFE), que han de presentar las empresas de mayor dimensión dentro de las cuentas anuales desde el 1 de enero de 2008. Por el contrario, están exentas de presentarlo aquellas compañías, pequeñas y medianas, que cumplan durante dos ejercicios consecutivos al menos dos de las circunstancias siguientes:

  • Activo total menor o igual a 2.850.000 euros.
  • Cifra anual de negocios menor o igual a 5.700.000 euros.
  • Número medio de empleados no supere los cincuenta.

No obstante, aunque para las pymes no sea obligatorio presentar el EFE, parece un ejercicio interesante estudiar la procedencia de los flujos de caja según la división de actividades mencionada, evaluando la naturaleza real de las transacciones que llevan a generar caja.

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Conciliación entre el “cash-flow” como magnitud y como tesorería generada

Mario Cantalapiedra – Economista

El cash-flow o flujo de caja mide la capacidad que tiene una empresa para generar recursos líquidos durante un período de tiempo. No obstante, como ocurre con tantos otros términos económicos no tiene una única definición válida, por lo que es preciso conocer cuál es el método de cálculo elegido en cada caso para su obtención.

Como magnitud, la forma más habitual de obtener el cash-flow de una empresa es añadiendo al beneficio neto del ejercicio aquellos gastos que no han supuesto movimiento de tesorería, es decir que no han generado pagos, entre los que se encuentran fundamentalmente las amortizaciones. Estas reflejan la depreciación sufrida por el inmovilizado intangible, el material y por las inversiones inmobiliarias, pero no suponen salida de dinero de la empresa. También se añaden otros gastos como las provisiones contables que reconocen obligaciones futuras de la empresa o las correcciones de valor de elementos patrimoniales que se realizan, por ejemplo, cuando se tienen dudas de que un cliente vaya a pagar sus facturas.

El problema surge si tratamos de conciliar este cash-flow como magnitud con la diferencia observada entre el efectivo o equivalentes al final del ejercicio y al inicio del mismo, es decir, con el cash-flow como tesorería generada o diferencia entre cobros y pagos del período.

Realmente el cash-flow como magnitud lo que mide es el potencial de generar recursos líquidos de una empresa, pero dicho potencial puede haberse aplicado en su totalidad a generar tesorería o haberse destinado a variar otras partidas del balance. Por ejemplo, las ventas de un ejercicio que no han sido cobradas al finalizar el mismo suponen un aumento del saldo de clientes, sin embargo, su efecto no se refleja todavía en la tesorería, lo harán cuando se cobren. De forma paralela, las compras no pagadas al finalizar el período, suponen un aumento del saldo de proveedores, pero no afectan aun a la tesorería, lo harán cuando se paguen. Por tanto, solamente coincidirán cash-flow como magnitud y como tesorería generada si no se han producido variaciones en otras partidas del balance que hayan consumido o aportado recursos líquidos. Suponiendo que en una empresa solo se hubieran producido, a efectos de liquidez, las variaciones de clientes y proveedores comentadas, habría que realizar a la cifra de cash-flow magnitud un ajuste negativo por el aumento del saldo de clientes y otro positivo por el de proveedores, para obtener el movimiento real de tesorería en el ejercicio.

 

La entrega de pagarés, cheques o letras de cambio.

El Artículo  1170 del Código Civil, establece en su segundo párrafo: “La entrega de pagarés a la orden, o letras de cambio u otros documentos mercantiles, sólo producirá los efectos del pago cuando hubieren sido realizados, o cuando por culpa del acreedor se hubieren perjudicado. Entretanto, la acción derivada de la obligación primitiva quedará en suspenso”.

Tribunal Supremo, Sala Primera, de lo Civil, en su Sentencia de 1 Jul. 2002, rec. 126/1997, podemos leer lo siguiente: “Perfectamente saben las entidades de crédito, ya que forma parte de las actividades que generan, que el pago efectuado, mediante la entrega de pagarés, letras de cambio, cheques u otros documentos mercantiles, conforme al párrafo segundo de artículo 1170 del Código Civil, constituye una modalidad del pago que solo produce efectos de pago, cuando hubieren sido realizados, o cuando por culpa del acreedor se hubiesen perjudicado, es decir, que, por regla general –salvo pacto contrario– la entrega es pro solvendo y no pro soluto. El referido precepto no atribuye plena eficacia liberatoria a la mera entrega de tales efectos, en tanto no se acredite su total realización (sentencia del Tribunal Supremo de 9 Mar. 1982, entre otras muchas). Por tanto, el motivo fenece”.
Por ende, en cualquier reconocimiento de deuda en el que el acreedor incluya la recepción de títulos, por ejemplo, pagarés, cheques o letras de cambio, no olvidaremos nunca de incluir la cláusula referenciando este importante artículo del Código Civil: el 1170 C.c.

Ignasi Frigola-Advocat

Documentos mercantiles que tributan por el Impuesto sobre Actos Jurídicos Documentados

Mario Cantalapiedra – Economista

El artículo 76 del Real Decreto 828/1995, de 29 de mayo, por el que se aprueba el Reglamento del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados (BOE del 22 de junio de 1995), regula los documentos mercantiles que están sujetos al pago del Impuesto sobre Actos Jurídicos Documentados (IAJD), a través de los timbres. En concreto, han de tributar por el IAJD las letras de cambio, los documentos que realicen función de giro o suplan a las letras, los resguardos o certificados de depósitos transmisibles, así como los pagarés, bonos, obligaciones y demás títulos análogos emitidos en serie, por plazo no superior a dieciocho meses, representativos de capitales ajenos, por los que se satisfaga una contraprestación establecida por diferencia entre el importe satisfecho por la emisión y el comprometido a reembolsar al vencimiento.

A estos efectos, se entiende que un documento realiza función de giro cuando acredita la remisión de fondos o signo equivalente de un lugar a otro, implica una orden de pago o en él figura escrita la cláusula “a la orden”. Pero el artículo 76 va más allá y especifica los documentos que cumplen la función de giro y que, por tanto, han de tributar por el IAJD:

  • Los pagarés cambiarios, excepto los expedidos con la cláusula no a la orden” o cualquiera otra equivalente. De ahí que se haya generalizado de un tiempo a esta parte, el uso de pagarés “no a la orden” que no tributan por este impuesto.
  • Los cheques a la orden o que sean objeto de endoso.
  • Los documentos expedidos en el tráfico mercantil que, por sí mismos, acrediten, literalmente y con carácter autónomo, el derecho económico de su legítimo tenedor para cobrar de la persona que designen y en el lugar y fecha, que, con independencia de los de emisión, el propio documento señale, una cantidad determinada en dinero o signo que lo represente. El legislador entiende por documento cualquier soporte escrito, incluso el de tipo informático.

Por el contrario, se entiende que no cumplen función de giro, los documentos que únicamente informan de la cuantía de una deuda o aquellos que se expiden con el exclusivo objeto de probar el pago de la misma, como, por ejemplo, los recibos que entrega un proveedor a su cliente como justificante del pago de sus facturas.

El número de identificación fiscal de las personas jurídicas

Mario Cantalapiedra – Economista

Las personas físicas (individuos) y las personas jurídicas (entidades) en el ámbito de sus relaciones de naturaleza o con trascendencia tributaria, han de identificarse a través de un número de identificación fiscal (NIF), el cual es asignado por la Administración Tributaria. Así, por ejemplo, en el caso concreto de las personas jurídicas, una sociedad anónima tendrá un NIF que comience por la letra A, una de responsabilidad limitada otro que empiece por la B y así sucesivamente. El NIF de una entidad, que le es asignado en el momento inicial, resulta desde todo punto invariable salvo que cambie su forma jurídica o su nacionalidad.

A efectos de su composición, el NIF de las personas jurídicas está formado por nueve caracteres, el primero de los cuales consiste en una letra que informa sobre la forma jurídica, si se trata de una entidad española o extranjera o de un establecimiento permanente de una entidad no residente en España. A continuación, el NIF se constituye por siete dígitos numéricos obtenidos de un modo aleatorio y, por último, por un carácter de control, que puede ser numérico o alfabético según sea la forma jurídica de la entidad en cuestión. A continuación te relaciono las claves correspondientes a las distintas fórmulas jurídicas:

A: Sociedades anónimas.

B: Sociedades de responsabilidad limitada.

C: Sociedades colectivas.

D: Sociedades comanditarias.

E: Comunidades de bienes y herencias yacentes.

F: Sociedades cooperativas.

G: Asociaciones.

H: Comunidades de propietarios en régimen de propiedad horizontal.

J: Sociedades civiles, con o sin personalidad jurídica.

P: Corporaciones Locales.

Q: Organismos públicos.

R: Congregaciones e instituciones religiosas.

S: Órganos de la Administración del Estado y de las Comunidades Autónomas.

U: Uniones Temporales de Empresas.

V: Otros tipos no definidos en el resto de claves.

N: Entidades extranjeras.

W: Establecimientos permanentes de entidades no residentes en España.

La clave V se configura como una especie de cajón de sastre donde incluir a las entidades que no tienen cabida de un modo específico en el resto de claves. Por otro lado, del listado anterior, sociedades colectivas, corporaciones locales, organismos públicos, congregaciones e instituciones  religiosas, órganos de la Administración del Estado y de las Comunidades Autónomas, entidades extranjeras y establecimientos permanentes de entidades no residentes en España tienen una letra al final de su NIF, que actúa, como carácter de control. Para el resto de entidades, el NIF terminará siempre con un número.

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