Los mayas y los problemas financieros de las empresas

Mario Cantalapiedra – Economista

Si estás leyendo este post es que la predicción maya del fin del mundo no se ha cumplido, esto es lo positivo, aunque me temo que los problemas económicos y financieros, especialmente los de las empresas que, de un modo u otro, son objeto de este blog, tampoco se han terminado. Puesto que aquí seguimos, hora parece de repasar algunos de los contenidos tratados en Gestores de Riesgo y Morosidad durante 2012:

  • Entendiendo que los recursos humanos, las personas, se configuran como la base del éxito empresarial, incidí en la importancia que tiene su correcto análisis para determinar la capacidad de pago de una empresa.
  • Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos y pretender que algunos agentes económicos lo apliquen, en medio de la crisis que nos toca vivir, parece todo un reto. Algo que sería perfectamente aplicable a la banca, demasiado embutida en quehaceres complejos y alejada de la actividad que siempre la ha caracterizado, la de captar fondos ajenos con los que conceder préstamos y créditos a los que los demandan. Menos complejidad y más volver a lo sencillo, también para las entidades de crédito.
  • Uno de los temas más debatidos durante el año ha sido el de la reforma laboral. Por junio me preguntaba y aun hoy lo hago, si podría establecerse cierto paralelismo entre la reforma laboral y el método contable de valoración de existencias LIFO, lo que llevaría a que los empleados despedidos mayoritariamente fueran los últimos en llegar a las empresas debido al menor coste de su despido frente a los que poseen una antigüedad consolidada. Ahora las empresas miran, sobre todo, lo que cuestas, no tanto lo que vales.
  • Con el objetivo de ayudar a los que se plantean montar una empresa y dudan sobre la forma jurídica adecuada que deben elegir, repasé contigo algunas de las diferencias existentes entre sociedades anónimas y de responsabilidad limitada.
  • La polémica sobre la subida de impuestos también fue objeto de mi interés. Elevar los tipos impositivos nunca es una medida popular pero es que además, según el entorno en el que se encuentre una economía, puede llegar a reducir la recaudación fiscal total, al menos algún experto por ahí lo defiende como es el caso de Laffer y su curva.
  • Buscando aclarar un tema en el que sigo encontrando muchas dudas, me hice eco de las variantes que podemos encontrar en la operación de confirming en términos de evitar el impago y asegurar la liquidez. La letra pequeña de lo que se firma volvió a ser la protagonista.

Y mientras busco por ahí si los mayas hicieron alguna profecía sobre el día en el que acabarían los problemas financieros de las empresas para poder compartirla contigo, aprovecho para desearte un Feliz 2013. Confío en que me sigas acompañando en mi viaje.

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Cuatro aspectos claves en el proceso de refinanciación de la deuda bancaria

Mario Cantalapiedra – Economista

Si en el post anterior te comentaba las pautas a seguir desde la empresa para conseguir el objetivo de la refinanciación de la deuda bancaria (evitar prácticas contables o fiscales incorrectas, concretar objetivos empresariales a alcanzar y establecer contacto permanente con el interlocutor bancario), ahora te hablaré de los cuatro aspectos claves de dicho proceso de refinanciación, en concreto los siguientes:

1.  La viabilidad del proyecto empresarial

Para lograr el objetivo de la refinanciación será preciso realizar un plan de negocio que evalúe todos los riesgos, el cual defina un modelo de financiación sólido y factible que deberá utilizarse como base de negociación con las entidades de crédito. En dicho plan se habrán de estimar de la forma más realista posible las proyecciones de los ingresos y gastos, de los cobros y pagos, así como de los activos y pasivos con decisiones a tomar sobre ellos que refuercen la estructura financiera de la empresa. Por ejemplo, puede plantearse la desinversión en actividades no estratégicas de la compañía, la aportación de mecanismos que aseguren el riesgo de crédito comercial o las limitaciones a la distribución de dividendos entre los propietarios del capital.

2. La aportación de nuevas garantías

Es más que probable que la refinanciación de la deuda bancaria venga acompañada de la exigencia de nuevas garantías que respalden la devolución de los fondos que son renovados, las cuales pueden ser hipotecarias o incluso de tipo personal, donde el riesgo se asegure con el patrimonio global de la empresa o de un tercero que se vincule a ella.

3. La modificación del precio

En un contexto donde el dinero bancario que financia a las empresas es cada vez más un bien escaso, será habitual que la refinanciación traiga consigo una elevación del tipo de interés que se asocia a la deuda. En cualquier caso, no se debe olvidar que con la refinanciación lo que se persigue es mejorar la liquidez, garantizar la supervivencia, y no reducir los costes financieros soportados. Pago menos al mes, tengo liquidez para poder maniobrar, a cambio de pagar más a la larga, el que algo quiere, algo le cuesta.

4. Los plazos de amortización y los períodos de carencia.

Finalmente habrá de negociarse la forma de amortizar la deuda refinanciada, tratando de obtener demoras en el pago de intereses, en la devolución del principal o en ambos elementos, con las que se obtenga el desahogo financiero pretendido.

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Tres pautas a seguir en el proceso de refinanciación de la deuda bancaria

Mario Cantalapiedra – Economista

Una de las posibles soluciones para las empresas que atraviesan problemas de liquidez pasa por tratar de refinanciar su deuda bancaria, sustituyendo los créditos o préstamos vigentes por otros distintos con diferentes condiciones que le permitan seguir desarrollando su actividad. Se trata de recomponer el pasivo adaptándolo a la situación financiera y equilibrar la liquidez, con el objetivo de que los flujos de caja que se generan puedan atender las obligaciones de pago contraídas.

El proceso de refinanciación de la deuda bancaria está fuertemente influenciado por aspectos tales como el tamaño de la empresa, su sector de actividad, el volumen de su deuda, el tipo de relación que mantiene con la entidad de crédito financiadora o la propia coyuntura que atraviesa esta. No obstante, el cumplimiento de las tres pautas siguientes puede ayudar al objetivo de la refinanciación:

1. Evitar prácticas incorrectas de tipo contable o fiscal

Aunque el deterioro de la situación invite a realizar este tipo de prácticas, el prestigio y la profesionalidad atesorados durante tiempo ante las entidades financieras deben preservarse para que el proyecto empresarial siga resultando creíble y genere la confianza necesaria para ser refinanciado. No es fácil, la verdad, y hay que ponerse en el pellejo de las empresas que están atravesando dificultades pero realmente es el momento de presentar la información sobre los estados económicos y financieros de la empresa lo mejor posible, dentro de las posibilidades de cada uno.

2. Concretar los objetivos a alcanzar

Uno de los principales problemas que se puede encontrar una empresa que atraviesa dificultades de financiación, es tratar de salvar todo a la vez. Es muy complicado lograr refinanciar la deuda bancaria al mismo tiempo que se mantiene intacto el conjunto de entidades bancarias con el que se trabaja, se conserva la plantilla de trabajadores y se mantiene la posición relativa de la empresa en el mercado. Deben priorizarse los objetivos, centrándose en los más esenciales que permitan la subsistencia de la compañía, porque de esto, ni más ni menos, se trata.

3. Establecer un contacto permanente con el interlocutor bancario

En un contexto de refinanciación este aspecto, que siempre es un factor muy importante en la relación entre empresa y entidad bancaria, cobra especial importancia. Desde la empresa se debe informar con antelación y coordinar con la entidad de crédito las distintas acciones que se emprendan.

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La misión del responsable financiero de la empresa

Mario Cantalapiedra – Economista

Al igual que desde un punto de vista estratégico, la misión de una empresa representa la razón por la que se justifica su propia existencia, la esencia de su negocio, el responsable de las finanzas de una compañía también tiene su propia misión, un cometido principal que ha de cumplir y que puede resumirse a través de la siguiente expresión:

“La obtención de recursos monetarios para financiar las inversiones que permitan la rentabilidad de la empresa, al mismo tiempo que se garantiza la liquidez”.

Si se analizan ahora con algo más de detalle los cuatro elementos principales que se esconden en la frase anterior (recursos, inversiones, rentabilidad y liquidez), se puede entender mejor la misión del responsable financiero:

  • Recursos monetarios que financien las inversiones y que han de ser adecuados en cuanto a su cuantía, su coste y su plazo. Por tanto, el responsable financiero se ocupa y preocupa de buscar financiación para la empresa.
  • Inversiones contempladas en un sentido amplio, es decir, como cualquier colocación de dinero que se realice, ya sea de un modo temporal o permanente.
  • Rentabilidad como la maximización del valor de la compañía para sus propietarios o accionistas.
  • Liquidez como la adecuación que debe existir entre los plazos de las inversiones y los recursos monetarios que las financian, de tal modo que la empresa sea capaz de hacer frente a sus compromisos de pago en todo momento.

La misión que acabo de comentar, en principio, será compartida por los responsables financieros de grandes, medianas y pequeñas compañías, con las distintas denominaciones que pueda recibir su puesto en la práctica (director financiero, director administrativo, etcétera), aunque como es lógico existirán diferencias entre ellos tanto en la dimensión de los recursos que gestionan como en la complejidad de las inversiones que puedan realizar e incluso en el modo de valorar la propia empresa en la que trabajan. De este modo, no se medirá igual el valor de una gran empresa que cotiza en un mercado bursátil, donde existe la referencia de su precio de cotización en dicho mercado, que el de una pequeña empresa que no cotiza. No obstante el porqué de la existencia del financiero es el mismo con independencia de cual sea el tamaño de la empresa: financiación, inversión, rentabilidad y liquidez han de estar presentes en su mente.

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Facturación electrónica más accesible para empresarios y profesionales

Mario Cantalapiedra – Economista

El nuevo Reglamento de Facturación regulado por el Real Decreto 1619/2012, de 30 de noviembre, que entrará en vigor el 1 de enero de 2013, además de incorporar la diferenciación entre factura completa u ordinaria y factura simplificada de la que te hablé en el anterior post, incorpora otras interesantes novedades como la del impulso a la facturación electrónica bajo el principio de igual tratamiento para la factura que se emite en papel y la que se realiza por medios electrónicos. Con ello, según se recoge en el preámbulo de la nueva legislación sobre facturación, se pretende reducir costes y hacer más competitivas a las empresas.

El artículo 9 del Real Decreto 1619/2012 establece una nueva definición de factura electrónica que pasa a ser aquella que, cumpliendo los requisitos establecidos por el propio Reglamento de Facturación, ha sido expedida y recibida en formato electrónico. Para poder emitirla, el empresario o profesional emisor ha de contar con el consentimiento de su destinatario.

Las facturas, ya sean en papel o electrónicas, deben reflejar la realidad de las operaciones que documentan, correspondiendo a los sujetos pasivos garantizar dicha realidad desde su fecha de expedición y durante todo el período de conservación, sin que este requisito pueda suponer la imposición de nuevas cargas administrativas a los empresarios o profesionales, algo que parece lógico si lo que se persigue es reducir costes y aumentar la competitividad de las empresas. De este modo, el sujeto pasivo podrá garantizar la autenticidad, integridad y legibilidad de las facturas que expida o conserve mediante los controles de gestión usuales de su actividad empresarial o profesional. Por tanto, a partir de enero próximo, se podrán emitir facturas electrónicas sin la necesidad de emplear una tecnología determinada, lo que, en principio, habrá de facilitar su emisión. A pesar de ello, para garantizar la seguridad jurídica de los empresarios y profesionales que venían utilizando la firma electrónica avanzada o el intercambio electrónico de datos (EDI), se reconoce expresamente que dichas tecnologías garantizan la autenticidad del origen y la integridad del contenido de las facturas electrónicas, aunque ahora dejan de ser obligatorias. También los empresarios y profesionales, si así lo desean, podrán seguir comunicando a la Agencia Estatal de Administración Tributaria los medios que consideren que garantizan las condiciones de autenticidad, integridad y legibilidad para que esta los valide antes de que sean utilizados.

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Los requisitos de la nueva factura simplificada

Mario Cantalapiedra – Economista

El Consejo de Ministros ha aprobado un nuevo Reglamento de Facturación a través del Real Decreto 1619/2012, de 30 de noviembre, que entrará en vigor el próximo 1 de enero de 2013. Este Real Decreto supone transponer una Directiva comunitaria de 2010 sobre normativa de facturación y con él se persigue reducir cargas administrativas y facilitar transacciones económicas, además de contribuir a la seguridad jurídica de los agentes económicos, en especial en los casos de operaciones a nivel intracomunitario.

Una de las principales novedades que incorpora es el establecimiento, en lo sucesivo, de un doble sistema de facturación, en el que se distinguirá entre factura completa u ordinaria y factura simplificada, la cual viene a sustituir a los tiques que conocíamos hasta ahora.

La factura simplificada tiene un contenido más reducido que la completa y podrá expedirse a elección del empresario o profesional obligado a su expedición, cuando su importe no supere los 400 euros, IVA incluido, o se cuando se trate de facturas rectificativas. También podrá emitirse factura simplificada cuando su importe no exceda de 3.000 euros, IVA incluido, y se trate de los distintos supuestos en los que hasta la fecha se venía autorizando la expedición de tiques (ventas al por menor, transportes de personas y sus equipajes, servicios de hostelería y restauración, aparcamientos y estacionamientos de vehículos, etcétera). Estas facturas simplificadas deberán contener los siguientes datos o requisitos:

  • Número y, en su caso, serie.
  • Fecha de expedición.
  • Fecha en que se hayan efectuado las operaciones o en la que, en su caso, se haya recibido el pago anticipado, siempre que se trate de una fecha distinta a la de expedición.
  • Número de Identificación Fiscal (NIF), así como nombre y apellidos, razón o denominación social completa del obligado a su expedición.
  • Identificación del tipo de bienes entregados o de servicios prestados.
  • Tipo impositivo aplicado y, opcionalmente, también la expresión “IVA incluido” (el Real Decreto señala que cuando una misma factura comprenda operaciones sujetas a diferentes tipos del IVA deberá especificarse por separado, además, la parte de base imponible correspondiente a cada una de las operaciones).
  • Contraprestación total.
  • En caso de facturas rectificativas, la referencia de la factura rectificada y de las especificaciones que se modifican.

No obstante, cuando el destinatario de la operación sea un empresario o profesional y lo solicite, se deberán añadir a la factura simplificada su NIF, su domicilio y la cuota tributaria que se repercuta deberá consignarse por separado. Estos datos adicionales también deberán constar en la factura cuando el destinatario de la operación no sea empresario o profesional, pero los exija para el ejercicio de cualquier derecho de naturaleza tributaria.

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