La tarjeta de crédito es el producto financiero que más adquieren los españoles

Mario Cantalapiedra – Economista

Según la Encuesta de Competencias Financieras (ECF) del Banco de España (BdE), la tarjeta de crédito es el producto financiero que más comúnmente adquieren los españoles. Esta encuesta realizada entre finales de septiembre de 2016 y finales de mayo de 2017, tiene por objeto medir el conocimiento y la comprensión de conceptos financieros de la población adulta española (de entre 18 y 79 años), así como la tenencia, adquisición y uso de distintos vehículos de ahorro, deuda y aseguramiento.

Tras las tarjetas de crédito, adquiridas por el 16 por ciento de la población durante los dos años previos a la encuesta, se sitúan los préstamos personales (que fueron adquiridos por un 14 por ciento de la población) y las cuentas de ahorro (adquiridas por un 11 por ciento). Otros productos financieros adquiridos fueron: seguros de vida (9 por ciento), seguros médicos (8 por ciento), acciones (6 por ciento), fondos de inversión (5 por ciento), planes de pensiones (3 por ciento), hipotecas (3 por ciento) y activos de renta fija (1 por ciento).

En lo referente a las alternativas consideradas a la hora de adquirir nuevos productos financieros, resulta curioso comprobar que, en plena era digital y con la abundancia de información existente, cerca de dos de cada tres personas (62 por ciento), se limiten a los productos ofrecidos por única empresa o entidad financiera. En cuanto a las fuentes de información utilizadas antes de contratar el producto, tres de cada cuatro personas (76 por ciento) recibieron información de un profesional financiero. En la decisión final de la compra, la fuente de información que más pesó (en el 67 por ciento de los casos) fue la asociada con el propio producto, es decir, la proporcionada por el personal de la empresa que lo ofrece o por folletos informativos. Otras fuentes con influencia son los contactos de amigos y similares (33 por ciento), la experiencia previa, los comparadores entre productos y los medios de comunicación.

 

Alternativas consideradas a la hora de adquirir un nuevo producto financiero

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Fuente: O. Bover, L. Hospido y E. Villanueva (2018) Encuesta de Competencias Financieras (EFC) 2016: Principales resultados. Direccción General de Economía y Estadística. Banco de España.

Fuentes de información que más influyen a la hora de adquirir un producto financiero

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Fuente: O. Bover, L. Hospido y E. Villanueva (2018) Encuesta de Competencias Financieras (EFC) 2016: Principales resultados. Direccción General de Economía y Estadística. Banco de España.

Cuatro ratios que miden la capacidad de pago de una empresa

Mario Cantalapiedra – Economista

Entre los ratios de situación financiera que analizan la estructura de balance de una empresa, existen cuatro que se utilizan para medir su capacidad de pago. Como siempre que hablamos de ratios, más allá de la nomenclatura utilizada (solvencia, liquidez, etcétera), la cual suele variar entre analistas, hemos de centrarnos en su fórmula de cálculo, así como en la interpretación de su resultado.

Solvencia

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Este ratio mide la capacidad de pago de una empresa a nivel general. Debe ser mayor de uno, de tal modo que si es menor la empresa no puede hacer frente con su activo a la suma de sus deudas a largo (pasivo no corriente) y a corto plazo (pasivo corriente). A mayor resultado positivo que muestre el ratio, los acreedores de la empresa disfrutarán de un mayor grado de seguridad.

Liquidez

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En este caso, el ratio de liquidez es un indicador de la capacidad de pago a corto plazo de una compañía, es decir, a menos de un año, para lo que compara las magnitudes de activo a corto plazo (corriente) y pasivo a corto plazo (corriente) . Aunque generalmente debería ser mayor que uno para considerar que no existen problemas de pago, hay sectores donde es normal que sea inferior a la unidad sin que existan dichos problemas. Es algo que ocurre, por ejemplo, en el sector de la distribución o de las agencias de viaje, donde las empresas cobran rápido y pagan más tarde, siendo los proveedores los que financian la actividad. Al igual que en el caso del ratio anterior, a mayor resultado positivo, mayor grado de seguridad disfrutado por los acreedores de la empresa.

Tesorería

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Este ratio se obtiene a partir del anterior eliminando del numerador el efecto de las existencias, el menos líquido de los componentes del activo corriente, y que recoge los bienes poseídos por la empresa para ser vendidos en el curso normal de la explotación o para su transformación o incorporación al proceso productivo, y cuya incidencia puede ser muy significativa en compañías industriales. Es una medida que también mide la capacidad de la empresa para atender sus compromisos de pago a corto plazo, en la que un mayor resultado positivo, ha de interpretarse como un mayor grado de seguridad por parte de los acreedores.

Disponibilidad

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Finalmente el ratio de disponibilidad es una medida de la capacidad de pago inmediata de una empresa, para lo cual mide la proporción que representa el dinero (disponibilidades líquidas en caja y bancos) y el cuasidinero (inversiones financieras convertibles en efectivo con un vencimiento no superior a tres meses, que no tengan riesgos significativos de cambio de valor y que formen parte de la política de gestión normal de la tesorería) sobre el pasivo corriente. Suele tener un valor muy pequeño y al igual que el resto de ratios que miden la capacidad de pago, a mayor resultado positivo, mejor para los acreedores.

Evolución ratios que miden la capacidad de pago de TELEFÓNICA DE ESPAÑA, S.A. (2014 – 2016) y comparativa con sector (2016)

TelefonicaFuente: Insight View.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada día una oficina bancaria menos que el día anterior

Mario Cantalapiedra – Economista

El canal de venta tradicional de los productos financieros, la oficina bancaria, está en crisis, así lo demuestra la evolución negativa del número de oficinas bancarias en España en los últimos años. Como escuché recientemente en una jornada que reunió a varias empresas fintech, “no va a haber ningún día una oficina bancaria más que el día anterior, igual que no se va a vender ningún día un periódico más que el día anterior”. El mundo está cambiando y lo físico está perdiendo peso frente a lo digital, también en lo que a la distribución de los productos financieros se refiere. Ante la aparición de los nuevos competidores que utilizan internet para llegar a los clientes, la banca tiene que avanzar en su transformación digital y en esta ecuación la oficina física va perdiendo peso progresivamente, ayudada también por la obsesión bancaria de reducir costes. De las 45.500 oficinas que existían en 2007 en España, apenas abrían sus puertas un 60 por ciento a finales del año pasado, y efectivamente desde 2009 se puede comprobar como cada año hay menos oficinas bancarias que el año anterior.

En las tablas adjuntas puedes observar la evolución experimentada por el número de oficinas bancarias entre 2007 y 2017, las cuales corresponden tanto a entidades de crédito (bancos, cajas de ahorros y cooperativas de crédito) como a establecimientos financieros de crédito residentes. Asimismo puedes ver las 10 comunidades autónomas y las 10 provincias que cuentan con mayor número de oficinas bancarias.

Evolución del número de oficinas bancarias en España (2007-2017)v

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Banco de España.

Comunidades autónomas españolas con más oficinas bancarias (31/12/2017)s

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Banco de España.

Provincias españolas con más oficinas bancarias (31/12/2017)t

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Banco de España.

El error de relajar la gestión del riesgo de crédito

Mario Cantalapiedra – Economista

Con la crisis y el aumento de las cifras de impagados que trajo consigo, muchas empresas decidieron actuar y ponerse serias con la gestión del riesgo de crédito, tomando distintas medidas, entre ellas, el establecimiento de comités de riesgo, es decir, de estructuras formales de diálogo entre distintas áreas de la empresa relacionadas con la decisión de conceder crédito a un cliente, fundamentalmente de los ámbitos comercial y financiero. Pues bien, según los datos aportados por el Undécimo Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España, estas estructuras, que en los momentos más duros de la crisis (2012) estaban presentes hasta en el 58 por ciento de las empresas, hoy solo son mantenidas por el 23 por ciento de ellas. Se montan con la crisis y se desmontan cuando la tormenta amaina y la morosidad ya no preocupa tanto, lo que a mi modo de ver es un error, porque si algo nos ha debido enseñar la crisis es que la economía es cíclica y los malos tiempos siempre son más fáciles de afrontar si se cuenta con las estructuras adecuadas. Está claro que aunar las posturas entre comerciales (que tienen la premisa de que cuanto más se venda mejor) y financieros (con el axioma de que la venta no se termina hasta que se cobra) no es sencillo, por eso precisamente deben dialogar más y si es mediante estructuras formales, mejor.

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Prueba de esta relajación en cuanto al análisis del riesgo de crédito comercial se refiere, también lo representa el dato de que hasta un 38 por ciento de las empresas españolas no utilizan criterios de solvencia (informes comerciales, ratings de morosidad, ficheros con información sobre morosos, herramientas de inteligencia de negocio, etcétera) a la hora de seleccionar sus clientes. En este sentido, se comprueba un descenso en los últimos años del porcentaje de empresas que declaran utilizarlos. De las que no los utilizan, solamente el 25 por ciento planifican usarlas, el 13 por ciento restante se ve que no las deben necesitar…

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Menos de la mitad de las empresas en España cobran dentro del plazo de pago legal

Mario Cantalapiedra – Economista

Siguiendo con el análisis del Undécimo Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España que inicié en el “post” anterior, es preocupante comprobar como siguen siendo mayoría las empresas que cobran las facturas de sus clientes por encima del plazo de pago legal. Solamente el 41 por ciento de las empresas pueden decir que cobran dentro del mismo (recuerdo que el plazo de pago entre empresas debe ser dentro de los 30 días después de la fecha de recepción de los bienes o prestación de los servicios, ampliable hasta un máximo de 60 días si hay pacto entre las partes). Por su parte, un 45 por ciento declaran cobrar entre 60 y 90 días, y el 14 por ciento restante cobran por encima de 90 días, cifra esta última que, por cierto, se mantiene constante en los últimos tres ejercicios.

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Hasta un 81 por ciento de las empresas declaran tener que aceptar plazos de pago superiores a los deseados, luego no hace falta ser muy sagaz para comprobar que solamente el 9 por ciento de las empresas en este país están satisfechas con los plazos a los que les pagan sus clientes. Las peores pagadoras son, como de costumbre, las grandes empresas (a un 51 por ciento de sus proveedores les imponen plazos de pago superiores a los deseados), sin embargo, solamente un 8 por ciento de las empresas que trabajan con las administraciones públicas tienen queja de sus plazos, esperemos que siga así.

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En cuanto al motivo concreto del retraso hay dos razones principales que muestran igual resultado en la encuesta, aunque lo que subyace detrás de ellas es muy diferente. Por un lado, el retraso se puede deber a la falta de disponibilidad de fondos (pobre cliente, “no tiene” para pagarme), por otro, a la intención del cliente (en este caso, de pobre nada… “no quiere” pagarme).

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Análisis del Undécimo Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España

Mario Cantalapiedra – Economista

Según el Undécimo Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España, elaborado por Crédito y Caución e Iberinform con el soporte académico del IE Business School, basado en 650 encuestas a empresas, por primera vez desde 2012 empeora la tasa de empresas que sufren algún impago significativo en los últimos 12 meses. Es cierto, que solo lo hace en un 1 por ciento con respecto al año anterior (27 por ciento frente a 26 por ciento) y que está lejos de la tasa récord de este Estudio del 66 por ciento alcanzada en 2012, pero en cualquier caso este dato supone romper una tendencia positiva.

Impacto

Que las cosas van peor en cuanto a morosidad se refiere, lo confirma el empeoramiento de la tasa de impago en las relaciones B2B (transacciones comerciales entre empresas). Hasta un 6 por ciento de las compañías declaran tener unas tasas de impago altas (aquellas superiores al 4 por ciento), frente al 3 por ciento del año anterior, lo que también supone el primer cambio de tendencia en este indicador desde 2012.

b2b

Los efectos que tiene la morosidad para las empresas siguen siendo muy similares a los declarados el año anterior. En primer lugar, se destacan las consecuencias negativas de un modo general (64 por ciento), seguidas por incremento de costes financieros y pérdida de ingresos (39 por ciento), limitación del crecimiento (16 por ciento) y limitación de nuevas inversiones (15 por ciento). En este capítulo, cabe destacar que para el 9 por ciento de las compañías encuestadas la morosidad pone en riesgo su propia continuidad. El retraso en el pago siempre genera problemas, que podrán ser más leves o más graves, pero siempre los crea. Como se comentó en la presentación del Estudio en el Instituto de Empresa, “hay algo diferente entre comprar y pagar; si me compra y no me paga, no es un cliente, es un problema”.

Consecuencias