Tipo legal de interés de demora para el primer semestre de 2019

Mario Cantalapiedra – Economista

Mediante Resolución de 19 de diciembre de 2018, de la Secretaría General del Tesoro y Financiación Internacional, se ha establecido que el tipo legal de interés de demora a aplicar en las operaciones comerciales durante el primer semestre natural del año 2019 sea del 8,00 por 100. Este tipo se forma sumando ocho puntos porcentuales al tipo de interés aplicado por el Banco Central Europeo a su más reciente operación principal de financiación efectuada antes del primer día del semestre natural de que se trate.

La última operación principal de financiación del Banco Central Europeo en el segundo semestre de 2018 ha tenido lugar el 18 de diciembre a un tipo de interés del 0 por 100. Por tanto, y a los efectos de lo previsto en el artículo 7 de la Ley 3/2004, de 29 de diciembre, por la que se establecen medidas de lucha contra la morosidad en las operaciones comerciales, el 8,00 por 100 será el tipo de interés de demora a aplicar por defecto en el caso de morosidad en el pago de las facturas, siempre que no se haya pactado otro distinto en el contrato firmado con el deudor. Este porcentaje del 8,00 por 100 se mantiene invariado desde el segundo semestre de 2016.

Los intereses de demora surgen automáticamente si no se paga en el plazo pactado o legalmente establecido sin necesidad de aviso ni requerimiento previo. El acreedor tiene derecho a ellos siempre que haya cumplido sus obligaciones contractuales y legales y no haya recibido a tiempo la cantidad debida, salvo que el deudor demuestre que no es responsable del retraso.

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El crédito comercial es el instrumento financiero más utilizado por las pymes

Mario Cantalapiedra – Economista

El VII Informe “La financiación de la pyme en España” elaborado por la Confederación Española de Sociedades de Garantía Recíproca (CESGAR), muestra como el crédito comercial, es decir, aquel que surge automáticamente al aplazar el pago de las facturas a los proveedores, es el instrumento financiero más utilizado por las pymes españolas. Hasta el 56,1 por ciento de ellas declaran haberlo utilizado en los últimos seis meses.

El Informe de CESGAR presenta los principales resultados de la “Encuesta sobre la situación de las pymes en relación con la financiación ajena”, que se realiza con una periodicidad semestral, en los meses de marzo y septiembre. En este caso, la encuesta se refiere a septiembre de 2018 y ha sido realizada a responsables financieros de empresas de 0 a 250 empleados pertenecientes a todos los sectores de la actividad y a todas las comunidades autónomas, incluyendo también a los autónomos.

Tras el crédito comercial, el instrumento financiero más utilizado por las pymes es la línea de crédito o descuento bancario, seguido por los préstamos bancarios, el leasing o arrendamiento financiero, los créditos del Instituto de Crédito Oficial (ICO), los avales y otras garantías, el confirming, renting y otros y, por último, el factoring y similares. En este sentido, me gustaría precisar que entre los instrumentos financieros que recoge la encuesta de CESGAR pueden distinguirse fuentes de financiación propiamente dichas (crédito comercial, línea de crédito o descuento bancario, leasing, crédito ICO, confirming y factoring), instrumentos que “ayudan” a las empresas a conseguir la financiación sin que puedan considerarse fuentes financieras (avales u otras garantías) y elementos como el renting, que consiste en un contrato mercantil no financiero de alquiler a largo plazo el cual permite utilizar un bien sin endeudarse ni realizar desembolso alguno, salvo el pago de las correspondientes cuotas periódicas y, habitualmente, el depósito de una fianza en el momento de formalizar la operación.

 

Nivel de utilización de los distintos instrumentos financieros en los últimos 6 meses

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Fuente: VII Informe “La financiación de la pyme en España”. CESGAR.

Seis tareas que deben realizarse antes del cierre del ejercicio contable

Mario Cantalapiedra – Economista

Nos aproximamos al 31 de diciembre, fecha que suele coincidir con la de cierre del ejercicio contable de la mayoría de las empresas, en la que se determina el resultado del año y la situación final del balance. Para poner fin al ejercicio hay que realizar el que se denomina asiento de cierre, el cual supone saldar todas las cuentas abiertas (dejarlas a cero), para lo que se cargan las que presentan saldo acreedor, y se abonan las de saldo deudor. No obstante, antes de confeccionar el asiento de cierre es importante realizar y/o comprobar las seis tareas siguientes:

1. Reclasificación de deudas y créditos

En los préstamos concedidos por terceros que estén pendientes de pago habrá que reclasificar del largo al corto plazo, la deuda a pagar en los 12 meses siguientes. De igual modo, habrá que proceder con los créditos pendientes de cobro.

2. Periodificación de gastos e ingresos

En función del principio de devengo contable, según el cual los gastos e ingresos se han de imputar al ejercicio con independencia de cuál sea su fecha de pago o de cobro, la empresa habrá de comprobar o ajustar, en su caso, la contabilización de:

  • Gastos pagados por anticipado (por ejemplo, una prima de seguro anual que se paga a mitad de ejercicio).
  • Ingresos cobrados por anticipado (por ejemplo, el cobro por adelantado a un tercero del alquiler de unas oficinas propiedad de la empresa).
  • Gastos devengados y no pagados (por ejemplo, los intereses devengados de un préstamo concedido a la empresa por un banco y que se pagarán al ejercicio siguiente).
  • Ingresos devengados y no cobrados (por ejemplo, los intereses devengados de un préstamo concedido a otra empresa y que se cobrarán al ejercicio siguiente).

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3. Amortizaciones

La amortización de los elementos del activo no corriente que conserva la empresa al final del ejercicio, deberá realizarse en función de la depreciación por el funcionamiento, uso y disfrute de los mismos, debiéndose valorar, en su caso, la obsolescencia técnica o comercial que haya podido afectarlos.

4. Deterioros

Habrá que reflejar como gasto la pérdida de valor de cualquier activo de la empresa cuando su valor contable sea superior a su valor recuperable, y esta pérdida de valor tenga carácter reversible, es decir, pueda recuperarse en el futuro. Por ejemplo, el  gasto por deterioro puede deberse a las dudas razonables que existan a la fecha de cierre sobre el cobro pendiente de una factura.

5. Regularización de existencias

Habrán de registrarse las variaciones entre las existencias finales e iniciales, por un lado, de mercaderías, materias primas y otros aprovisionamientos, y, por otro, de productos en curso y productos terminados. De este modo, el balance de la empresa reflejará el saldo final de las distintas existencias, y la cuenta de pérdidas y ganancias recogerá los ingresos y gastos correspondientes a las variaciones registradas durante el ejercicio.

6. Regularización de ingresos y gastos

Por último, antes de realizar el asiento de cierre, se deberán saldar todas las cuentas de ingresos y gastos, llevando su diferencia a la cuenta (129) Resultado del ejercicio, que recoge el beneficio o pérdida durante el período.

Foto: cpastrick

Evolución del número de cuentas anuales depositadas en el Registro Mercantil

Mario Cantalapiedra – Economista

Los administradores de las sociedades de capital están obligados a formular y depositar en el Registro Mercantil las cuentas anuales, una vez que éstas son aprobadas por la junta general. Comprenden el balance, la cuenta de pérdidas y ganancias, la memoria, el estado de cambios en el patrimonio neto y el estado de flujos de efectivo. En función del tamaño de la empresa, medido por el total activo, el importe neto de la cifra de negocios y el número medio de empleados, se pueden presentar los modelos normal, abreviado o pymes de cuentas anuales. En el caso de los dos últimos modelos, abreviado y pymes, las empresas no están obligadas a depositar el estado de cambios en el patrimonio neto ni el estado de flujos de efectivo.

Además de la presentación de sus cuentas anuales individuales, las sociedades dominantes de los grupos de sociedades están obligadas a presentar las cuentas consolidadas. Para que te hagas una idea en España se presentan cerca de 3.000 cuentas anuales consolidadas al año, y alrededor de 1.100.000 individuales. A estos efectos, en el cuadro adjunto puedes observar la evolución de las cuentas anuales depositadas en el Registro Mercantil, tanto individuales como consolidadas, referentes a los ejercicios contables acaecidos entre 2000 y 2017. En cuanto a las cuentas individuales, destaca el año 2007 con 1.181.403 cuentas presentadas, el máximo de esta serie histórica. A partir de ahí la crisis económica se hizo sentir en este ámbito y el número de presentaciones se ha reducido. Con respecto a las consolidadas, el mayor número de presentaciones se produjo en 2009 con 3.414 cuentas. El proceso de presentación de cuentas en el Registro es continuo, por lo que los datos de los últimos ejercicios representados en el cuadro pueden ir variando.

 Evolución cuentas anuales depositadas en el Registro Mercantil (ejercicios contables 2000 -2017)

Imagen1Fuente: Iberinform.

(*) En la fecha de elaboración del “post” se siguen presentado, sobre todo, cuentas anuales correspondientes a 2017 que previsiblemente verá aumentadas sus cifras.

El primer año de vida es crítico para una “startup”

Mario Cantalapiedra – Economista

En el mundo del emprendimiento se conoce como “valle de la muerte” al período durante el cual una startup tiene que trabajar con un flujo de caja negativo, es decir, ha de soportar más pagos que cobros, lo que dicho sea de paso es la situación habitual cuando se inicia un negocio. El emprendedor desde el primer momento sí o sí tendrá que afrontar gastos y los pagos que están detrás, mientras que los ingresos por ventas, y sus correspondientes cobros, pueden tardar en llegar, y sobre todo en equilibrar la balanza. Este “valle de la muerte” es un período por el que todo emprendedor “debe” pasar, pero que no todo emprendedor “logra” pasar. Si no lo hace, su empresa muere.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre demografía empresarial, publicados en noviembre de 2018, pero referentes al año 2016, el stock de empresas (conjunto de empresas activas durante todo el año o parte de él) que operaron en España durante 2016 fue de 3.563.816, un 2,3 por ciento más que en 2015. Por sectores, el 57,4 por ciento del stock correspondió a empresas del sector resto de servicios, un 23,7 por ciento a comercio, un 12,8 por ciento a construcción y el restante 6,0 por ciento a industria. Como dato positivo, el número de empresas que se crearon en 2016 fue superior al de las que desaparecieron en 49.937 unidades, lo que originó una tasa de crecimiento neto del 1,4 por ciento.

Pero, ¿qué ocurre con las empresas que mueren en España?, ¿se puede saber cuándo desaparecen?

Los datos del INE en el mencionado estudio de demografía empresarial, señalan que es durante su primer año de vida cuando más empresas desaparecen. Sobre la muestra de empresas creadas desde 2004 hasta 2015, en promedio casi el 21 por ciento de ellas desaparecieron durante el período crítico del primer año. Y hasta un 43,8 por ciento ya no existían al final de sus tres primeros años de vida. Especialmente llamativo es el comportamiento de las empresas creadas durante 2010, de las que casi la mitad (48 por ciento) han desaparecido tres años después. A la vista de estos datos, ¿se puede o no considerar al emprendimiento como una actividad de riesgo?

 

Desapariciones de empresas en los tres primeros años de vida (en %)

11Fuente: Indicadores de demografía empresarial 2016. INE.

Desapariciones acumuladas de empresas en los tres primeros años de vida, por año de nacimiento (en %)

22Fuente: Indicadores de demografía empresarial 2016. INE.