El Banco de España y la salud visual de la clientela bancaria

Mario Cantalapiedra – Economista

Envueltos en la polémica y en ocasiones hasta el drama que ha llevado a muchos ciudadanos a invertir los ahorros de toda su vida en activos financieros cuyas condiciones reales sobre riesgo, rentabilidad y, sobre todo, liquidez parecían desconocer, el Banco de España ha estableciendo a través de la Circular 5/2012, de 27 de junio, a entidades de crédito y proveedores de servicios de pago, sobre transparencia de los servicios bancarios y responsabilidad en la concesión de préstamos, una serie de reglas para mejorar la información que se da a la clientela bancaria.

En base a la Norma sexta de esta Circular, “las entidades (de crédito) deberán facilitar de forma gratuita al cliente toda la información precontractual que sea precisa para que pueda comparar ofertas similares y pueda adoptar una decisión informada sobre un servicio bancario. Esta información deberá ser clara, oportuna y suficiente, objetiva y no engañosa, y habrá de entregarse, en papel o en cualquier otro soporte duradero, con la debida antelación en función del tipo de contrato u oferta y, en todo caso, antes de que el cliente asuma cualquier obligación en virtud de dicho contrato u oferta”.  El Banco de España va más allá y regula los conceptos y datos específicos que deberán resaltarse en la información que se facilite, según sea el producto en cuestión. Por ejemplo, en el caso de depósitos a la vista y de ahorro, deberán resaltarse la duración del contrato, la circunstancia de que la retribución ofrecida se condicione a la contratación o uso de uno o varios servicios accesorios y cuales son, la tasa anual equivalente (en su caso) y el fondo de garantía de depósitos al que se encuentre adherida la entidad si es diferente al creado por el Real Decreto-ley 16/2011 y que nos garantiza los famosos 100.000 euros por depositante, dicho sea de paso.

Como curiosidad, la Circular también regula el tamaño mínimo que en lo sucesivo deberá observar la letra pequeña de precontratos y contratos bancarios, que no podrá tener una altura inferior a un milímetro y medio. La pregunta que cabe hacerse es si esta medida es el inicio de una cruzada del supervisor contra los abusos bancarios cometidos a través de dicha letra pequeña o simplemente el reflejo de su preocupación por cuidar la salud visual de los clientes de las entidades bancarias.

 

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