El criterio de caja del IVA pensado sólo para microempresas

Mario Cantalapiedra – Economista

En el pasado Debate sobre el Estado de la Nación del mes de febrero, el presidente del Gobierno español anunció el establecimiento de un nuevo régimen especial en el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), el de criterio de caja, el cual habrá de permitir a un número determinado de pequeñas empresas no tener que liquidar a la Agencia Tributaria el IVA que repercuten en sus facturas de venta hasta que no lo hayan cobrado de sus clientes. Este régimen, que tendrá carácter voluntario para las empresas afectadas, en principio estará disponible a partir del año 2014.

Más allá de la complejidad técnica que se adivina para aplicar el criterio de caja en el IVA y hacerlo convivir con el ordinario del devengo, me gustaría incidir en el calado real de la medida en cuanto al conjunto de destinatarios finales de la misma. En principio, el presidente del Gobierno anunció que el nuevo régimen será de aplicación para aquellas pymes y aquellos autónomos que facturen menos de dos millones de euros, límite de facturación que coincide con el utilizado por la Unión Europa para catalogar a las compañías como microempresas, último estrato de tamaño dentro de las pymes, es decir, aquel que agrupa a las más pequeñas dentro de las pequeñas y medianas empresas.

En este sentido, si lo que se quiere es ayudar al mayor número de pymes que atraviesan problemas de liquidez por la morosidad de sus clientes, parece interesante atender iniciativas como la propuesta, a principios de este mes de marzo, en el Congreso de los Diputados por el Grupo Parlamentario Catalán, la cual busca extender el criterio de caja a las empresas catalogadas por el Impuesto sobre Sociedades como de reducida dimensión, en concreto, aquellas cuyo importe neto de cifra de negocios es inferior a los diez millones de euros. Sin tener la estadística delante, no es difícil suponer que habrá muchas empresas que facturen entre dos y diez millones de euros con graves problemas de tesorería, que agradecerían mucho tener la opción de liquidar el IVA de sus facturas cuando lo hubieran cobrado. Si finalmente se decide establecer algo tan complejo como el criterio de caja en la liquidación del IVA, parece conveniente que la medida tenga cierta dimensión y no sea un mero parche, que de eso, por desgracia, sabemos mucho en este país.

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