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Cómo reducir plazos en los almacenes de la empresa

Mario Cantalapiedra – Economista

A la espera de que contemos con la cobertura legal y efectiva que nos permita cobrar a nuestros clientes en un plazo máximo de 60 días a contar desde la fecha de recepción de las mercancías (lástima del período de adaptación, con lo que nos hace falta que esta medida entre en vigor cuanto antes), muchos de nosotros tendremos que seguir ingeniándolas para acortar los períodos medios de maduración de nuestras empresas, persiguiendo tener menores necesidades de financiación.

Recordemos que el período medio de maduración de una empresa viene a recoger el tiempo que, por término medio, el dinero invertido en la actividad tarda en volver a la tesorería después de haber recorrido todo el ciclo productivo. Cuanto más corto sea éste, más eficiente es la empresa, puesto que necesita financiar su ciclo de actividad durante menos días, luego se trata de lograr que sea lo más reducido posible.

La reducción del periodo medio de maduración se puede conseguir a través de la gestión de sus distintos componentes; en concreto, reduciendo los plazos de almacenes o los de cobro a clientes, y aumentando los de pago a proveedores. En muchas ocasiones las empresas procuran incidir sobre la mejora de plazos de cobro a clientes y de pago a proveedores, pero olvidan las medidas que pueden mejorar los plazos de almacenes, sobre las que me quiero centrar ahora.

Si partimos del axioma de que las existencias son una inversión a corto plazo que es preciso financiar, el objetivo desde el punto de vista financiero ha de ser precisamente mantener el menor nivel posible de almacenes que garantice la actividad de la empresa, es decir la producción y venta, tratando de encontrar el equilibrio entre la flexibilidad que proporcionan las existencias al proceso productivo y su coste.

Las medidas a emprender para optimizar plazos de almacenes pueden, a su vez, descomponerse entre los tres principales tipos de éstos que podemos distinguir en una empresa productiva (materias primas, productos en curso y productos terminados). Con respecto a las acciones para reducir los plazos en almacenes de materias primas, podemos:

  • Elegir proveedores más cercanos a los que poder comprar con mayor frecuencia y en menores cantidades.
  • Adquirir materias primas de tipo estándar que permitan tener menor número de referencias en almacén, proporcionen mayor facilidad para reponerlas, y al final signifiquen un menor nivel de existencias.

También pueden arbitrarse acciones para reducir los plazos en almacenes de productos en curso:

  • Evitar los cuellos de botella, es decir las fases de la producción que ralentizan todo el proceso productivo.
  • Mantener los equipos productivos en buen estado evitando las averías.
  • Eliminar los tiempos muertos en la producción.

Por último, existen otras medidas que se dirigen a reducir los plazos en almacenes de productos terminados:

  • Realizar, siempre que sea posible, ventas “bajo pedido” de nuestros clientes.
  • Promocionar con campañas específicas los productos menos demandados.

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¿Con cuántos bancos debe trabajar mi empresa?

Mario Cantalapiedra – Economista

No son tiempos propicios para elegir con libertad el número adecuado de entidades bancarias con el que una empresa desea trabajar, puesto que, en muchos casos, sencillamente las compañías se ven abocadas a operar con aquellas entidades que les conceden crédito, sin valorar más allá. A pesar de ello, creo que puede ser interesante realizar un análisis de las ventajas e inconvenientes que representa para una empresa, tanto la opción de trabajar con una única entidad bancaria como la de hacerlo con varios bancos, y tener esta perspectiva en mente.

 En el caso concreto de las ventajas de operar con una única entidad bancaria, se me ocurren las tres siguientes:

 1.      La acumulación de operaciones puede traducirse en el logro de un mejor precio.

2.      Se producen relaciones más estrechas, mayor confianza y mayor implicación entre banco y empresa.

3.      Existe una menor carga administrativa, en cuanto a tareas tales como la comprobación y conciliación de cuentas bancarias, el archivo de documentos y contratos, la generación de bases de datos, etcétera.

Por otro lado, también es lógico pensar que se presentarán distintos inconvenientes al trabajar con un único banco, por ejemplo los siguientes:

1.      La dependencia financiera respecto al banco elegido.

2.      La imposibilidad de comparar precios de una forma directa.

3.      La acumulación del riesgo en una única entidad financiera.

Si, por el contrario, la opción elegida por la empresa es trabajar con dos o más bancos, nos encontraremos también con ciertas ventajas:

1.      La posibilidad de comparar precios directamente entre nuestros bancos.

2.      El riesgo financiero de la empresa se comparte por varias entidades, lo que inclusive es del agrado de muchas de ellas.

3.      No existe dependencia de un único banco.

4.      Puede aprovecharse la especialización de cada entidad financiera en los productos y servicios en los que sea más competitiva, lográndose además un servicio global bancario más completo.

Por último, también debemos valorar los inconvenientes de trabajar con dos o más bancos:

1.      En principio pueden existir precios más altos al dividir el negocio entre entidades.

2.      Existe una mayor carga administrativa que debemos soportar y que se traduce en mayores costes de estructura soportados.

Lo cierto es que la empresa debería intentar trabajar, en cada momento, con tantas entidades bancarias como necesitara, al mismo tiempo que pudiera dar negocio a cada una de ellas según los pactos establecidos. Sin embargo, si la financiación otorgada por cada entidad es inferior a la solicitada, algo, por desgracia, demasiado frecuente en la coyuntura del mercado financiero actual, al final seguramente tendremos que trabajar con más bancos de los que en principio desearíamos tener.

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El crédito moroso en el Impuesto sobre Sociedades

Mario Cantalapiedra – Economista

Cuando sufrimos el retraso en el pago del crédito por parte de uno de nuestros clientes, además del problema directo de tesorería que puede surgir, se nos presentan una serie de inconvenientes indirectos entre los que se encuentran las dudas sobre el tratamiento fiscal que podemos dar a esta situación. En principio, sería lógico pensar que la pérdida por deterioro de créditos por operaciones comerciales” (la que antiguamente conocíamos como “provisión por insolvencias), motivada por la morosidad del deudor, sería deducible a efectos fiscales, algo que nos facilitaría bastante las cosas sin embargo, para poder efectuar su deducción existen una serie de preceptos legales que es preciso cumplir, y que debemos recordar.

De este modo, la pérdida de valor reflejada en nuestra contabilidad será deducible fiscalmente, siempre que se cumplan las circunstancias siguientes exigidas por el Texto Refundido de la Ley del Impuesto sobre Sociedades, en concreto en su artículo 12.2:

  • Hayan transcurrido seis meses desde el vencimiento de la obligación.
  • El cliente esté declarado en situación de concurso.
  • El cliente esté procesado por delito de alzamiento de bienes.
  • La deuda haya sido reclamada judicialmente, o sea objeto de un litigio judicial o procedimiento arbitral de cuya solución dependa su cobro.

Bastará con que se cumpla alguna de las situaciones anteriores para que la empresa pueda deducir el gasto contable originado por el crédito moroso. A pesar de ello, la legislación sobre el Impuesto sobre Sociedades también regula una serie de excepciones en las que no se podrán deducir las pérdidas por deterioro de créditos, salvo que éstos sean objeto de procedimiento arbitral o judicial que trate sobre su existencia o cuantía:

  • Créditos adeudados o afianzados por entidades de derecho público.
  • Créditos afianzados por entidades de crédito o sociedades de garantía recíproca.
  • Créditos garantizados mediante derechos reales, pacto de reserva de dominio y derecho de retención, excepto en los casos de pérdida o envilecimiento de la garantía.
  • Créditos garantizados mediante un contrato de seguro de crédito o caución.
  • Créditos objeto de renovación o prórroga expresa.

 Tampoco el Impuesto sobre Sociedades considera deducibles las pérdidas para la cobertura del riesgo derivado de las posibles insolvencias de personas o entidades vinculadas a la empresa (aspecto que podemos englobar dentro de la tendencia a controlar exhaustivamente, por parte de la Administración Tributaria, las operaciones realizadas entre empresas del mismo grupo); sólo se permite una excepción para poder deducirlas, y es que exista una declaración judicial de insolvencia detrás.

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Curso: "Procedimientos y herramientas eficientes para la gestión de la liquidez y los riesgos financieros"

Descarga la progración y más información del curso de Procedimientos_herramientas_eficientes_para_gestion_liquidez_riesgos_financieros

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¿A quién va dirigido?

A profesionales de las áreas financieras de empresa privada y sector público especialmente: Organizaciones intensivas en recursos destinados a tareas administrativas, con un bajo grado de automatización y con dificultades para obtener información adecuada para la gestión y la toma de decisiones. Organizaciones con dificultades para gestionar sus posiciones de tesorería en el corto y medio plazo y con riesgos comerciales importantes. Organizaciones con exposición a riesgos financieros de tipos de interés y tipos de cambio.

Lugar de celebración:

Palacio de Bolsa. Plaza de la Lealtad 1. Madrid. Horario de jornadas: de 09:15 a 09:30 recepción. Ponencias de 09:30 a 13:30 / 14:45 a 17:45.

Estructura del curso y programa:

Jornada tesorería: 13 Abril de 2010.

Organización y gestión informatizada de la tesorería. Gestión de cobros y riesgos comerciales.

  • Factores y consideraciones para la automatización de procesos de tesorería. ¿Qué se entiende por un sistema de conciliación única?
  • Alternativas actuales para la implantación de sistemas de comunicación bancaria.
  • Gestión previsional: enlaces automáticos con previsiones contables y de cartera.
  • El presupuesto de tesorería: seguimientos y automatización del Estado de Flujos de Efectivo.
  • La contabilización automática de operaciones.
  • Morosidad: causas, legislación y situación actual.
  • Identificación de riesgos y coste de la morosidad.
  • Política de créditos en la gestión de riesgo clientes: Evaluación de riesgos, límites y garantías.
  • Herramientas para la gestión de impago: Modelos estáticos propios y externos / ratings. Informes. Seguro de crédito. Factoring y confirming.

* Juan Luis Blat. Consultor / Director de tesoreria.com

* Ignacio Jiménez. Director Comercial Iberinform.

 Jornada riesgos financieros: 20 de Abril de 2010. Gestión del Endeudamiento, inversiones y riesgos financieros.

  • Curvas Cupón Cero y los tipos implícitos.
  • Instrumentos de financiación e inversión y el coste efectivo del endeudamiento.
  • Referencias del mercado monetario
  • Principales Instrumentos de cobertura para la gestión del riesgo de tipo de interés.
  • Criterios para la elección y contratación de los instrumentos de cobertura. Errores y malas prácticas.
  • Consideraciones para la elaboración y seguimiento de una adecuada Política de riesgos financieros.
  • Marco legislativo actual e implicaciones en las políticas de coberturas.

* Beatriz Alejandro. Directora Instituto BME.

* José Manuel Pazos. Socio director de Omega-Igf. Matrícula:

El importe de la matriculación es de 300€ + I.V.A. por jornada. El precio conjunto para las dos jornadas es de 480 € + I.V.A. Para realizar la inscripción deberá enviarse el boletín de inscripción debidamente cumplimentado por correo electrónico a la dirección redaccion@tesoreria.com

Como maximizar las ventas y minimizar los riesgos

Ignacio JiménezIberinform

El crédito comercial es una herramienta imprescindible para el desarrollo
empresarial, pero debe equilibrarse con una gestión rigurosa que permita
anticipar los riesgos comerciales
y minimizar los costes que genera.

Analisis riesgo & seguimiento cartera clientes – Zaragoza2

Y por qué no montar nuestro propio banco

Mario Cantalapiedra – Economista

Las pequeñas y medianas se quejan, no sin razón en muchas ocasiones, de que las entidades bancarias no les conceden el crédito necesario para desarrollar su actividad. Ya puestos y visto lo visto, por qué no plantearse la alternativa de fundar un banco como proyecto empresarial, de tal modo que “si no puedes con el enemigo, únete a él”.

Los bancos como sabemos operan con ánimo de lucro, algunos dirían que mucho, captando recursos ajenos mediante depósitos y préstamos y concediendo crédito a sus clientes. Su actividad está basada en el uso y posesión de los fondos captados, pero no en su propiedad, aspecto que a veces parece olvidarse con facilidad. Además gestionan el flujo monetario de cobros y pagos que se producen en la economía, percibiendo a cambio el cobro de comisiones, de nuevo, algunos dirían que excesivas.

Independientemente de la viabilidad o no que se le pueda conceder a la idea de crear un banco, aquel que se embarque en un proyecto de este tipo, ha de conocer los requisitos que son exigidos para desarrollar la actividad bancaria en España, en concreto, los siguientes:

  • Ser autorizado por el Ministerio de Economía, previo informe del Banco de España.
  • Inscribirse en el Registro Mercantil y en el Registro Oficial de Entidades del Banco de España.
  • Constituirse como sociedad anónima.
  • Tener un capital social mínimo de dieciocho millones de euros (aquí no vale aquello de empezar la actividad constituyendo una sociedad limitada con un capital de 3.005,06 euros), desembolsado íntegramente en efectivo y representado por acciones nominativas.
  • Limitar su objeto social a las actividades propias de una entidad de crédito.
  • Asegurar la honorabilidad comercial y profesional de los titulares de participaciones significativas (entendiéndose por tales las que alcanzan el cinco por ciento del capital o de los derechos de voto de la entidad).
  • Contar con un consejo de administración formado por al menos cinco miembros, todos ellos de reconocida honorabilidad, conocimientos y experiencia.
  • Contar con una buena organización administrativa y contable, así como procedimientos de control interno adecuados que garanticen la gestión sana y prudente de la entidad.
  • Tener su domicilio social, así como su efectiva administración y dirección, en territorio nacional.
  • Cumplir determinadas normativas sobre solvencia, valoración contable y de régimen de información al BE.

Después de estudiar esta exhaustiva lista es lógico que muchos queden desanimados con el proyecto, no obstante, si otros antes lo hicieron…

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