Mario Cantalapiedra – Economista

Como venimos observando desde distintos foros donde nos preocupa y ocupa el problema de la financiación de las empresas, en España nuestras pequeñas y medianas compañías muestran una gran dependencia de los fondos proporcionados por las entidades de crédito, de tal modo que deprimidos éstos, como ocurre en nuestros días, aparecen grandes dificultades financieras para las empresas más modestas.

Los españoles estamos acostumbrados a que nuestros emprendedores se forjen más en base a su constancia, esfuerzo personal y, sobre todo, individualismo que en el apoyo que puedan recibir de alguien que confíe en su proyecto, arriesgue con él, y le ayude a financiarlo. Resulta cuando menos curioso que en un país donde un día unos reyes, parece ser que, sobre todo, una reina, decidieron arriesgar y financiar un proyecto que por aquel entonces parecía descabellado y que les fue presentado por un navegante genovés, se haya perdido la cultura de financiar el riesgo empresarial.

En 1938 en la California estadounidense, el decano del departamento de ingeniería de la Universidad de Stanford, Frederick Terman, prestó 500 dólares a dos de sus alumnos, William Hewlett y David Packard, para financiar su proyecto empresarial relacionado con la industria electrónica. Era el origen de Hewlett Packard, referente mundial de las tecnologías de la información en la actualidad. Pero no solamente les prestó dinero sino que también les ayudó a desarrollar el negocio y apadrinó sus primeros años de vida empresarial. Los estudiosos del fenómeno de los business angels consideran este hito como el nacimiento de este tipo de inversión. Algunos románticos también quieren pensar que los Reyes Católicos, con el episodio que os acabo de relatar, fueron los primeros business angels de la historia, pero, en cualquier caso, este tipo de inversión se ha desarrollado y se desarrolla mucho más en países como Estados Unidos que en España. Y mira que en este país entendemos bien de padrinos, pero me temo que no tanto de aquellos que ayudan a desarrollar un proyecto empresarial y generar riqueza para el conjunto de la sociedad, sino de aquellos otros que colocan al “amiguete” de turno.

Bueno, dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, quizás con las crisis afloren ese otro tipo de padrinos que nos presten los euros y el asesoramiento y red de contactos necesarios para el desarrollo de nuestro negocio, a buen seguro que los Reyes Católicos se sentirán orgullosos, y nuestra Economía lo agradecerá.