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Mario Cantalapiedra – Economista

Hace años que existe un interés en el mundo empresarial, fundamentalmente en el ámbito de las compañías de mayor tamaño, hacia todo lo que se relaciona con la responsabilidad social corporativa (RSC). Preocupa dar a conocer la medida en la que las actividades de una empresa protegen a la sociedad y la mejoran, más allá de lo requerido por los intereses legales, económicos o técnicos. Se trata, en teoría, de que la empresa cree valor no sólo para sus accionistas sino también para el resto de grupos sociales con los que se relaciona, a los que se han venido a reunir bajo el término anglosajón “stakeholders”, o grupos de interés en la lengua de Cervantes.

Las grandes compañías recogen los objetivos y logros alcanzados en RSC en los balances sociales, los cuales acompañan sus memorias anuales. La verdad es se pueden ver los esfuerzos dedicados, de un modo general, a mejorar en esta materia.

No obstante, revisando los balances sociales y el resto de información relacionada con la RSC, suelo echar en falta más códigos de conducta en las empresas que persigan combatir la morosidad en los pagos. Si se trata de crear valor a los grupos de interés que se relacionan con una empresa, qué mejor cosa que pagar bien a sus proveedores, o es que acaso se puede considerar socialmente responsable una empresa que paga mal (sin cumplir lo legislado) a sus suministradores de bienes y servicios. Creo que no, sinceramente. Una compañía que incumpla plazos no es ya que no sea socialmente responsable sino que ni siquiera cumple la ley ¡a más de uno por ahí le toca ir quitándose medallas!

Un ejemplo de buenas prácticas en este sentido es el que se puede encontrar en el Código de Conducta empresarial de Speedo, compañía australiana líder a nivel mundial en la fabricación de ropa de baño. En dicho Código al referirse a los proveedores y a las condiciones de pago que mantiene con ellos podemos leer lo siguiente:

 “Hacia los proveedores: Nos comprometemos a acordar condiciones de pago transparentes con nuestros proveedores y asegurarnos de que les pagamos dentro de los plazos estipulados en esas mismas condiciones, sin basarnos en pretextos técnicos para hacer lo contrario”.

Necesitamos que las empresas contemplen códigos de conducta de este estilo que eviten la morosidad en los pagos y que los respeten, para que realmente podamos considerarlas socialmente responsables.