Aplicar el sentido común a la actividad bancaria

Mario Cantalapiedra – Economista

Muchos piensan que las soluciones a la crisis pasan por aplicar modelos complejos y novedosos, recetas que solo mentes privilegiadas pueden diseñar y ejecutar, pero yo creo que en muchos ámbitos de lo que se trata es de aplicar soluciones simples, de utilizar el sentido común y volver a las bases que siempre han definido la actividad de la Economía en su conjunto y de los agentes que forman parte de la misma. Por ejemplo, en el entorno de la banca, tan convulsionado en nuestros días, se trata de volver a aquello que desde siempre ha sido su impronta, a la actividad que básicamente consiste en captar fondos ajenos con los que conceder préstamos y créditos a los que los demandan, es decir, a lo que históricamente se ha conocido como banca comercial.

Con el término comercial se ha diferenciado a un tipo de banca dedicada a financiar a particulares y empresas, sin participar en el capital de estas últimas. La banca comercial basa su actividad en la captación de fondos del público exigibles a la vista y a corto plazo, con el objeto de conceder créditos y préstamos, en su mayoría también con una perspectiva de corto plazo. Con esta función posibilita que, por un lado, se estimule el ahorro en el conjunto de la economía y que, por otro, se incentive la inversión de los empresarios que pueden acceder a los recursos que financien sus proyectos, vamos, lo que nos está faltando en la actualidad. La diferencia entre los ingresos que logra un banco comercial por ceder los fondos y los costes que ha de afronta por captarlos es la base de su resultado, el margen de intermediación o financiero, es decir, el negocio bancario puro.

Claro, lo que pasa es que captando el dinero del público y prestándoselo a alguien solvente que pueda devolverlo con la obtención de un margen por la intermediación, las posibilidades de crecimiento del negocio son relativamente modestas, sobre todo, si se comparan con los beneficios que pueden proporcionar otros negocios paralelos como, por ejemplo, la especulación en los mercados financieros. La tentación de desviarse de la esencia, por lo que se está viendo, ha sido grande y los perjuicios los estamos padeciendo todos. Ha llegado el momento de volver al negocio bancario de base, eso no parece muy complicado aunque a alguno le pueda parecer hasta aburrido y no colme su codicia.

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