Mario Cantalapiedra – Economista

El ratio de rentabilidad financiera, que también se conoce por la expresión en inglés ROE (Return on Equity), mide la rentabilidad que obtienen los propietarios de una empresa, para lo cual compara el resultado del ejercicio (beneficio neto) con los fondos propios, es decir, con la suma de aportaciones realizadas por los propietarios que no tengan la consideración de pasivos (capital) más los resultados acumulados por la empresa que no hayan sido repartidos (reservas y resultado del ejercicio). En principio no se debe tomar el patrimonio neto, porque este concepto incluye partidas que no han sido aportadas por los propietarios como las subvenciones o las donaciones recibidas.

Rentabilidad financiera: (Resultado del Ejercicio / Fondos Propios) x 100

Un aspecto que afecta tanto a este ratio como al resto de los que relacionan un elemento dinámico (en este caso, resultado del ejercicio) con otro estático proveniente del balance (fondos propios), es la elección adecuada del dato patrimonial. En primer lugar, se podría tomar el dato de fondos propios a principio del ejercicio, en cuyo caso el ratio lo que muestra es el rendimiento generado en un período con los fondos propios iniciales. En segundo lugar y quizás lo más recomendable, se podría elegir la semisuma de fondos propios a principio y fin de ejercicio, donde el ratio lo que informa es sobre el rendimiento obtenido por los fondos propios medios mantenidos. Finalmente se podrían tomar los fondos propios a final del período que, a pesar de ser la fórmula más utilizada, resulta la opción más difícil de interpretar.

Cuanto más elevado sea el ROE, mejor para los propietarios de la empresa. Se podría decir que como mínimo la rentabilidad financiera ha de ser positiva e igual o superior a las expectativas que tengan depositadas los propietarios en su negocio. La cuestión aquí es si existe algún modo de medir, de forma general, dichas expectativas. Evidentemente estas no tienen porque ser iguales para todos los empresarios, los habrá más ambiciosos y otros que tendrán menores objetivos de rentabilidad, pero todos necesitarán de alguna referencia que les permita comparar. Por ejemplo, el ROE del negocio puede compararse con el tipo de interés ofrecido por la emisión de deuda pública a cinco años, como alternativa de inversión sin riesgo. Bajo este planteamiento, solamente un ROE que se mantenga por encima de dicho tipo de interés, compensará haber arriesgado el dinero en la aventura empresarial.