Mario Cantalapiedra – Economista

Comparar entre sí la información financiera de distintas compañías, que ocupen la posición relativa de clientes, proveedores o competidores de nuestra empresa, puede servirnos para descubrir los puntos fuertes y débiles de cada una de ellas y tomar decisiones en consonancia. Por ejemplo, si comparamos las masas patrimoniales, las partidas de las cuentas de pérdidas y ganancias y los ratios de dos clientes, podemos descubrir cuál es el que se encuentra en una mejor situación a efectos de solvencia o de rentabilidad, lo que nos lleve a decidir aumentar la venta con él.

El problema es que para poder realizar esta comparativa entre empresas debemos construir un soporte que nos permita trabajar integrando los datos necesarios, los cuales fundamentalmente obtendremos a partir de las cuentas anuales que se presentan en el Registro Mercantil. Este soporte puede ser una hoja de cálculo que recoja en sus filas los datos que deseemos analizar, y en sus columnas las distintas empresas a comparar.

En este sentido, una solución novedosa es la que aporta la inteligencia de negocio, la cual permite realizar esta comparativa incluyendo además otros datos que no pueden encontrarse en las cuentas anuales, y que son elaborados por la empresa especializada que ofrece el servicio, tales como el rating de morosidad, es decir, la calificación que estima la probabilidad de que una empresa cumpla sus compromisos de pago dentro de un plazo determinado, o el crédito máximo recomendado, es decir, el crédito comercial máximo que se aconseja asumir al conjunto de los proveedores de dicha empresa a un plazo determinado. A continuación puedes ver un ejemplo real de esta comparativa utilizando una herramienta de inteligencia de negocio, realizado sobre tres compañías pertenecientes a la industria de la alimentación (la herramienta utilizada permite comparar hasta cinco empresas a la vez).

Comparativa de empresas de la industria de la alimentación (ejemplo)

Imagen111Fuente: Insight View.