Criterio de caja en el IVA… ¿mucho ruido y pocas nueces?

Mario Cantalapiedra – Economista

Se rumorea por ahí que las grandes empresas españolas, especialmente encuadradas en determinados sectores como la construcción o el transporte, están “recomendando” a sus proveedores que no se acojan al régimen especial del criterio de caja en el IVA si quieren continuar trabajando con ellas.

Este régimen de caja, te recuerdo que fue introducido por la Ley 14/2013, de 27 de septiembre, de apoyo a los emprendedores y tendrá su aplicación a partir del 1 de enero de 2014. Básicamente supone ingresar el IVA repercutido y deducir el IVA soportado cuando se cobran y pagan las facturas correspondientes. Puede ser utilizado, de modo voluntario, por aquellas empresas, sujetos pasivos del IVA, cuyo volumen de operaciones no supere los 2 millones de euros, que además no tengan cobros en efectivo respecto de un mismo cliente que sean superiores a 100.000 euros. Luego es un régimen destinado a pequeñas y medianas empresas que a las grandes no parece que les haga mucha gracia.

A estas alturas tampoco debe sorprendernos demasiado que la recomendación del más fuerte (la empresa grande) hacia el más débil (la pyme) sea la de no perjudicar sus propios intereses, y es algo que además tiene mucho que ver con el problema de la morosidad que vivimos en España, donde la empresa grande suele pagar tarde a las pymes que trabajan con ella, sin respetar los plazos marcados por la legislación contra la morosidad, aplicando, al fin y al cabo, su mayor fuerza relativa en la relación comercial.

Si ahora una pyme se acoge al criterio de caja obligará a su cliente (gran empresa) a liquidar parte de sus compras (las que tenga con dicha pyme) por este criterio, lo que además de cierta complicación administrativa/contable para el cliente, le supondrá perder la financiación adicional que obtenía con anterioridad al descontarse en su liquidación, calculada según el criterio del devengo, un IVA que no había pagado.

Al final el que se haya optado porque el criterio de caja tenga carácter voluntario y que además conviva con el tradicional del devengo, me temo que hará que su aplicación práctica sea mucho menor de lo que en principio cabría esperar, y entre los motivos principales para que no tenga un mayor éxito esté precisamente el del miedo a perder clientes de pequeñas y medianas empresas. Quizás lo adecuado habría sido introducir el criterio de caja para todas las compañías sujetos pasivos del IVA y desterrar el de devengo, aunque, claro, puede que esta medida no fuera del gusto de todos.

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