La banca no puede olvidar el desarrollo empresarial local y regional

Mario Cantalapiedra – Economista

Una de las principales consecuencias del proceso de reestructuración que está viviendo el sistema financiero español es la progresiva disminución del número de entidades financieras que operan en España. La unión entre entidades está dando lugar a una concentración de la oferta bancaria en pocos actores, algo que aparentemente está generando lo que los economistas llamamos un oligopolio de oferta.

En esta estructura de mercado la demanda, en este caso de productos y servicios bancarios, está atendida por unos pocos oferentes que, en los casos más extremos, pueden llegar a establecer pactos, los cuales les permitan limitar las fuerzas de la competencia y fijar, por ejemplo, precios comunes de los productos que ofertan al mercado. Evidentemente esta situación desde el punto de vista de la demanda, del consumidor de productos y servicios bancarios, limita la capacidad de elección y hasta de negociación de las condiciones financieras.

Pero más allá de que estemos asistiendo a una concentración bancaria (ya hay alguno por ahí afirmando que sólo quedaran dos o tres entidades españolas al finalizar el proceso de integración en curso), hay otro elemento que me preocupa, el cual pude advertir directamente en una reciente jornada de formación a la que asistí con empresarios a nivel local. Una de las consecuencias de esta integración bancaria es la dilución de entidades que tradicionalmente han sido protagonistas del desarrollo empresarial a nivel regional y local, dentro de grupos bancarios con punto de mira y de negocio a nivel más amplio y que pierden interés en lo que era el negocio nuclear de las entidades absorbidas. Los directivos de estas entidades están perdiendo poder de decisión ante las direcciones centralizadas de sus nuevas matrices y las comunidades locales de empresarios ven como los interlocutores cercanos que en el pasado entendían su negocio y podían llegar a influir en la concesión de financiación, se ven relegados a un plano muy secundario en la nueva jerarquía. Puede entenderse que dentro del gran número que se hace en la central del grupo bancario, la pérdida de este negocio local se de por amortizada, sin embargo, tengo mis serias dudas de que España en su conjunto y en la situación que atraviesa pueda permitirse el lujo de perder interés en el desarrollo local y regional de sus empresas. Además de la prioridad de sanear el sistema financiero español, creo que alguien debería tener este aspecto muy en cuenta.

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