Mario Cantalapiedra – Economista

Según el profesor José Emilio Navas, la innovación tecnológica “consiste en la aplicación de la tecnología a distintos aspectos de la empresa, como pueden ser productos, servicios o procesos, con el resultado de que se produzca un efecto de novedad significativo”. Pues bien si nos ceñimos al mundo financiero nos encontramos con un término relacionado con la innovación tecnológica, que últimamente está ganando mucho protagonismo, sobre todo en los medios sociales, como es el de “fintech”. Básicamente este vocablo se forma por la unión de los términos en inglés “financial” y “technology”, y aunque el debate sobre su traducción exacta sigue vivo, según la mayoría de las fuentes que he podido consultar, suele englobar a “las compañías que ofrecen productos y servicios financieros innovadores utilizando la tecnología”.

Lo cierto es que están apareciendo múltiples alternativas de negocios financieros que se basan en la utilización de las nuevas tecnologías (páginas webs, aplicaciones móviles, etcétera), y que suelen estar especializados en alguno de los servicios que ofrecen la banca tradicional. Inclusive muchos de estos nuevos negocios, con la celeridad con la que están brotando, carecen todavía de una regulación específica. No obstante, ya hay propuestas “fintech” que cuentan con régimen jurídico propio, como ocurre con el “crowdfunding” en su modalidad de percepción de rendimiento dinerario por los fondos financieros aportados, recientemente regulado en España a través de la Ley 5/2015, de 27 de abril, de fomento de la financiación empresarial.

Aquí la duda que me asalta es la reacción la banca tradicional ante la aparición de estos nuevos mecanismos de desintermediación financiera, en los que los fondos financieros fluyen directamente desde los prestamistas a los prestatarios sin pasar por las entidades de crédito, y que poco a poco están empezando a ser utilizados tanto por particulares como por empresas. En mi opinión los bancos puede adoptar básicamente dos posturas al respecto: o bien competir con estos nuevos modelos “fintech” por los mismos clientes, adoptando sus propias soluciones tecnológicas y reinventando en parte el que, hasta la fecha, ha sido su negocio tradicional, o bien dejar que se desarrollen sin considerarlos una amenaza real puesto que han de captar básicamente a clientes que a ellos no les interesan. Estoy convencido de que más de una entidad financiera tiene este debate abierto en la actualidad.