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Al banco le gustan las reservas

Mario Cantalapiedra – Economista

Una vez cumplida la obligación de dotar las reservas de tipo obligatorio (legal y, en su caso, estatutarias), la empresa puede optar con el beneficio restante entre repartir dividendos a los accionistas o dotar otras reservas, de tipo voluntario, las cuales serán de libre disposición, a diferencia del resto de reservas sobre las que recaen formalidades legales que dificultan su posterior aplicación.

Llegado a este punto hay empresarios que optan por acudir al reparto sistemático de los beneficios generados por su compañía, la “ordeñan” por decirlo de un modo coloquial, buscando una recompensa por el esfuerzo dedicado en la puesta en marcha y desarrollo del negocio, algo que, hasta cierto punto, parece razonable. No obstante, la experiencia demuestra cómo ante la llegada de periodos con dificultades como lo son los actuales, la probabilidad de supervivencia de una empresa puede depender directamente de las reservas que haya sido capaz de generar y acumular a lo largo de los ejercicios.

Una compañía que muestre una fuerte dependencia de la financiación ajena y no cuente con un nivel mínimo de reservas, puede enfrentarse a serios problemas para superar, por ejemplo, la liquidación de un cliente importante. En estos momentos de crisis donde es tan difícil obtener nueva financiación ajena o incluso renovar los créditos preexistentes, muchas empresas están teniendo que acudir necesariamente a fuentes de financiación propia para sobrevivir. Inclusive las entidades financieras valoran de forma muy positiva la dotación de reservas voluntarias por parte de los empresarios que les solicitan financiación, ya que, en cierto modo, supone convencerles de que están apostando por su propia empresa. Lo mismo podríamos decir de las ampliaciones de capital que consistan en nuevas aportaciones al patrimonio de la empresa.

Por tanto, no se trata de rechazar el reparto de dividendos, sino entender que el mismo debe estar condicionado a la existencia de una estructura financiera sólida que dependerá de las circunstancias singulares de cada empresa, pero que, en cualquier caso, deberá perseguir un correcto equilibrio entre las fuentes financieras propias y ajenas.

Pienso que una empresa que se encuentre en pleno proceso de desarrollo y esté generando resultados positivos, tiene la oportunidad de fortalecer sus recursos propios con la dotación de reservas voluntarias, así como de financiar la propia expansión. La mayor dificultad estriba en lograr que todos los accionistas de la empresa participen de esta mentalidad.

¡Cuidado! El banco viene a visitarnos

Mario Cantalapiedra – Economista

A lo largo de mi trayectoria profesional como director financiero siempre he creído conveniente, del mismo modo que me gustaba visitar a los directores bancarios en sus propias oficinas, invitarlos a conocer las instalaciones de mi compañía, porque pensaba que era una buena manera de integrar a la entidad financiera en nuestra filosofía de hacer las cosas y algo que al final podía redundar en un mejor conocimiento mutuo, una mejor relación y, en definitiva, un mejor acceso a la financiación bancaria.

 

En la actualidad debido a la gran desconfianza que existe por parte de las entidades financieras en el tejido empresarial, y a las diferencias que pueden llegar a encontrar entre los fríos datos de los estados contables y la realidad de la actividad económica en un breve lapso de tiempo, por el rápido deterioro de la situación vivido en muchos sectores, este aspecto que acabo de comentar, el de la visita del banco a las instalaciones de la empresa, parece que ya no es una cortesía sino una obligación para muchas empresas que pretendan obtener el crédito bancario.

Cuando un banco nos visita lo más probable es que trate de observar y evaluar, aparte de una panorámica general de la empresa, elementos concretos como, por ejemplo, los equipos de producción e instalaciones que utilicemos para desarrollar nuestra actividad. Si a través de la información contable que aportemos y de otras fuentes consultadas conocerá la antigüedad, coste de adquisición, amortización, mejoras o revalorizaciones de nuestro activo no corriente, al visitar nuestras instalaciones observará la ubicación física concreta de los elementos, su nivel de orden y limpieza, su grado de mantenimiento o la organización logística de los mismos.

Estos aspectos también podrán ser completados con informes de terceros relacionados con la empresa que a su vez sean clientes habituales del banco y estén dispuestos a suministrarle información. Por ejemplo, nuestros proveedores podrán informar sobre nuestra solvencia, nuestras formas de pago y el respeto de los vencimientos pactados de antemano, o sobre el aumento o reducción de nuestro nivel de pedidos. Nuestros clientes podrán informar sobre la calidad de los productos o servicios que ofertamos y el grado de cumplimiento en su suministro o entrega. E inclusive nuestros propios competidores podrán dar a conocer la coyuntura general del sector al que pertenezcamos.

Por tanto, y en lo que a la visita del banco se refiere, esto es como cuando en el cuartel y durante el servicio militar teníamos una revisión de algún mando importante, todo tiene que estar, en la medida de lo posible, perfecto para nuestro ilustre visitante, que al final lo que nos estamos jugando es el dinero que nos presta. Por otro lado, no debo olvidarme que lo comentado hasta aquí también es aplicable a las visitas que nos realicen otro tipo de compañías, no necesariamente bancarias, como las que se dedican a realizar informes comerciales investigados. De la impresión que les causemos puede depender que a nuestros clientes les llegue información más o menos positiva sobre nuestra actividad.