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Facebook y sus socios quieren reinventar el dinero

Mario Cantalapiedra – Economista

Facebook y otras 27 compañías acaban de presentar Libra, la criptomoneda que tienen pensado lanzar al mercado a partir de 2020 y que, en su opinión, permitirá a los usuarios, especialmente a los que no disponen de cuenta bancaria, pero sí de cuenta en Facebook o acceso a WhatsApp, realizar transacciones financieras. Desde un país como España, donde la mayoría de la población adulta tiene cuenta bancaria, nos pueda resultar extraño que a nivel global, y según los datos del Banco Mundial, existan 1.700 millones de adultos sin acceso a servicios bancarios, a pesar de que dos tercios de ellos (alrededor de 1.100 millones) posean teléfono móvil, y casi 500 millones dispongan de acceso a internet. Por lo que parece, Facebook y sus socios han detectado en esta población un importante nicho de mercado al que acceder reinventando el dinero a través de Libra.

Una criptomoneda es un tipo de moneda virtual que, según el Banco Central Europeo (BCE), es una unidad de valor digital que puede ser intercambiada electrónicamente, pero que no tiene existencia física. Como el resto de criptomonedas, Libra está basada en la tecnología blockchain (cadena de bloques), una red descentralizada de equipos informáticos en las que operaciones se validan por el consentimiento de la mayoría. El BCE considera que las criptomonedas en general y el bitcoin en particular (la más famosas de ellas hasta la fecha) son activos especulativos, es decir, apuestas para obtener un beneficio en el que existe el riesgo de perder lo invertido, pero no las considera monedas y para ello utiliza los cuatro argumentos siguientes, a los que deberá hacer frente Libra:

No cuentan con respaldo público

Las criptomonedas no son emitidas por una autoridad pública central. El BCE te garantiza que el billete de cinco euros que llevas en el bolsillo te da derecho a pagar con él en cualquier lugar de la zona euro, pero Libra no tendrá ese respaldo público detrás, y sí en cambio el de compañías privadas con ánimo de lucro. Hoy por hoy, este argumento parece difícil de superar.

No son medios de pago generalmente aceptados

El BCE considera que si las criptomonedas fueran monedas podrían utilizarse en cualquier parte, no solo en internet o en las redes sociales. En cualquier caso, una moneda se basa en la confianza que le otorgan aquellos que la intercambian, ¿y quién dice que no hay gente, sobre todo entre las generaciones más jóvenes, dispuesta a confíar más en Facebook y su Libra que en las monedas “tradicionales”?

Los usuarios no están protegidos

Si piratas informáticos robaran las Libras que tuvieras en tu ordenador, no existiría una protección legal detrás. Quizás este argumento se pueda vencer con algún tipo de cobertura del riesgo.

Su volatilidad es muy elevada

En principio una moneda, más allá de situaciones puntuales como la del bolívar venezolano, debe ser un depósito de valor fiable que oscile dentro de unos parámetros razonables. Las criptomonedas, por ejemplo el bitcoin, suelen sufrir variaciones hacia arriba o hacia abajo muy importantes en pocos días. En este sentido, y por lo que se sabe hasta ahora, Libra estará respaldada por una reserva de activos financieros de baja volatilidad que incluirá depósitos bancarios y títulos de deuda pública en monedas de bancos centrales estables y de buena reputación. Esto es una diferencia importante con respecto a la mayoría de las criptomonedas, bitcoin incluido, que existen en la actualidad.

Como puedes ves los interrogantes son todavía muchos, pero solamente comprobar las compañías que además de Facebook están en este proyecto (Mastercard, VISA, Paypal, Uber, eBay, Spotify, Vodafone, etcétera), confirma que algo importante se está moviendo en el mundo financiero con Libra y que deberemos estar muy atentos.

El debate sobre libertad y control en internet y las “criptomonedas”

Mario Cantalapiedra – Economista

El debate entre la libertad y el control en internet alcanza también al mundo financiero con un interés creciente sobre las denominadas criptomonedas y las ofertas iniciales de criptomonedas o ICOs (Initial Coin Offering).

Las criptomonedas son monedas digitales que no están respaldadas por ningún banco central u organismo público, aunque se presentan como alternativa al dinero de curso legal (el bitcoin sería el ejemplo más claro). Por su parte, las ICOs pueden referirse tanto a la propia emisión de criptomonedas como a la de derechos, generalmente denominados tokens (vales), que se venden a cambio de criptomonedas o de divisas oficiales como, por ejemplo, euros. Estos tokens pueden otorgar participación en los futuros ingresos o aumento de valor de una entidad o negocio (security tokens) o dar derecho acceder a un servicio o recibir un producto (utility tokens).

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A primera vista parece que invertir en este tipo de activos es algo complejo y no apto para todos los públicos. Así lo piensan también la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y el Banco de España (BdE), que acaban de emitir un comunicado conjunto en el que realizan las cinco advertencias siguientes:

1. Espacio no regulado

Las criptomonedas y los actores implicados en su comercialización directa no están regulados en la Unión Europea. Aquel que las adquiera o mantenga no se beneficiará de las garantías y salvaguardias asociadas a los productos financieros regulados. Asimismo los tokens emitidos en una ICO o los productos financieros referenciados a criptomonedas podrían no estar sujetos a regulación.

2. Problemas derivados del carácter transfronterizo del fenómeno

En muchas ocasiones los actores implicados en la emisión, custodia y comercialización de criptomonedas no se encuentran localizados en España, de tal modo que la resolución de cualquier conflicto puede quedar fuera del ámbito competencial de las autoridades españolas, estando sujeto al marco normativo del país en cuestión.

3. Elevado riesgo de pérdida del capital invertido

Son inversiones altamente especulativas. Por otro lado, su fuerte dependencia de tecnologías poco consolidadas no excluye la posibilidad de fallos operativos y amenazas cibernéticas que podrían suponer la indisponibilidad temporal o incluso la pérdida total de las cantidades invertidas. No están protegidas por fondos de garantía como los que aseguran el efectivo o los valores depositados en entidades de crédito y empresas de servicio de inversión.

4. Problemas de iliquidez y volatilidad extrema

La ausencia de mercados equiparables a los regulados puede dificultar la venta de las criptomonedas o de los tokens. Puede que no existan opciones en el momento deseado para convertirlos en moneda convencional. Y cuando se puedan vender, es muy posible que exista falta de transparencia en relación a las comisiones aplicables. Los organismos supervisores también destacan las fuertes oscilaciones que suele sufrir su precio sin causa objetiva aparente.

5. Información inadecuada

En el caso de las ICOs, la información que se pone a disposición de los inversores no suele estar auditada y normalmente es incompleta. Por regla general, se enfatizan los beneficios potenciales, minimizándose los riesgos. El lenguaje utilizado suele ser muy técnico y poco claro, por lo que no es sencillo conocer los riesgos de la inversión.

Desde luego, sin negar la posibilidad real de invertir en estos activos, recomiendo que se tenga mucha cautela al hacerlo, respetando aquello de “no invertir en lo que no se entiende”.

Foto: TheDigitalArtist