Archivo de la etiqueta: desaceleración

Las disoluciones de sociedades mercantiles crecen y se crean menos compañías en España

Mario Cantalapiedra – Economista

En 2019 se crearon en España 93.943 sociedades mercantiles, un 1,2 por ciento menos que en 2018, según los datos recientemente publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Por su parte, el número de sociedades disueltas fue de 23.288, lo que representa un 4 por ciento más que en 2018. Es decir, nacieron menos empresas y, sin embargo, murieron más en términos relativos. Otro síntoma más de la desaceleración económica a la que estamos asistiendo.

En cuanto a ampliaciones del capital, 30.454 sociedades las realizaron en 2019, un 2,5 por ciento menos que en 2018.

Sociedades mercantiles creadas, disueltas y que amplían capital en 2019SM_creadasFuente: Elaboración propia a partir datos INE.

En lo que se refiere a la actividad económica, el porcentaje más elevado de sociedades creadas, el 19,9 por ciento del total, correspondió al comercio, seguido por inmobiliarias, financieras y seguros, con un 15,1 por ciento y por construcción, con un 13,8 por ciento. La actividad con menos creación de empresas el pasado ejercicio fue agricultura y pesca con un 2,6 por ciento.

% Sociedades mercantiles creadas en 2019 según actividad económica principalActividad_creadas_2019Fuente: Elaboración propia a partir datos INE.

Por comunidades autónomas, solamente cinco (Comunidad de Madrid, Cataluña, País Vasco, Castilla y León y La Rioja) reflejan una variación anual positiva en la creación de sociedades mercantiles en 2019, con el mejor comportamiento en La Rioja que tuvo un 9,4 por ciento más de empresas creadas. Melilla, Cantabria y Ceuta fueron los territorios que más empresas perdieron en términos relativos el pasado año.

Sociedades mercantiles creadas en 2019 por comunidad autónomaCCAA_2019Fuente: Elaboración propia a partir datos INE.

La economía española desacelera pero se mantiene en la senda del crecimiento

Mario Cantalapiedra – Economista

Según las últimas proyecciones macroeconómicas del Banco de España (BdE) para el período 2019-2022, nuestro PIB seguirá creciendo en los próximos años aunque lo hará a un ritmo menor. Con respecto a las proyecciones anteriores de septiembre, el organismo supervisor mantiene inalterado el crecimiento del PIB en base a fuerzas de signo contrario que se equilibran y dan por resultado un efecto neto nulo. Ahora contempla una recuperación menos vigorosa de los mercados de exportación de la estimada en septiembre, pero esta se compensa con un mayor crecimiento del PIB en la segunda mitad del año.

Así el avance previsto se mantiene en el 2 por ciento para 2019 (cuatro décimas menos que en 2018), el 1,7 por ciento para 2020 y el 1,6 por ciento para 2021. Asimismo el BdE incorpora en esta ocasión la previsión de crecimiento del PIB para 2022 que estima será del 1,5 por ciento. Luego cada año de la serie planificada traerá un crecimiento menor que el anterior. En su opinión este crecimiento seguirá apoyándose fundamentalmente en la demanda interna, tras la cual se esconde la recuperación del patrimonio de familias y empresas españolas en los últimos años, así como en la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) que favorecerá el mantenimiento de unas condiciones financieras holgadas.

En cuanto al mercado laboral, la mencionada desaceleración de la economía implicará que el ritmo en la creación de empleo también se modere en los próximos ejercicios. No obstante, el BdE cree que la tasa de paro (en porcentaje de la población activa) se situará alrededor del 12,5 por ciento a finales de 2022, a pesar de que estima un crecimiento de la población activa en el período. Para el presente ejercicio de 2019 el organismo supervisor considera que la tasa de paro cerrará en el 14,3 por ciento, prácticamente el mismo nivel observado en 2018. En cualquier caso, opino que sigue siendo una tasa inaceptable para un país desarrollado.

Por último, los riesgos que observa el BdE para el crecimiento económico previsto tienen su origen fundamentalmente en el exterior, incluyendo las tensiones comerciales, el proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit) y el hipotético resurgimiento de tensiones geopolíticas en algunas regiones. A nivel interno, el riesgo se asocia con la incertidumbre política en España y el efecto que pueda tener sobre las políticas económicas futuras.

Proyecciones_BdE

 

 

Acordarse de Santa Bárbara cuando truena

Mario Cantalapiedra – Economista

El refranero español es muy rico para describir todo tipo de situaciones que se dan en la vida cotidiana. Entre nuestros refranes más conocidos destaca el que señala que “solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena”, el cual entre sus diferentes acepciones viene a expresar la manía de dejar todo para última hora. Es algo que por desgracia se puede aplicar a la gestión del riesgo de crédito comercial en muchas empresas, de la que solamente se preocupan cuando el ciclo económico cambia y la morosidad aprieta sus cuentas de resultados, es decir, a última hora.

En este sentido y según los datos aportados por el Duodécimo Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España de Crédito y Caución e Iberinform, las empresas españolas están desmontando las estructuras de gestión del riesgo de crédito comercial, conocidas de forma genérica como “comités de riesgos”, que se establecieron durante los momentos más difíciles de la crisis económica, pero que cuando la situación ha mejorado se han dejado de lado. Como puedes ver en el gráfico se ha producido una caída desde 2016 en el porcentaje de empresas que declaran contar con este tipo de estructuras, la cual se ha acelerado a partir de 2017. Si en 2015, el 42 por ciento de las empresas contaban con comités de riesgos, en 2019 solamente el 22 por ciento de las compañías confiesan tenerlos.

Imagen1Lo cierto es que en el seno de estos comités se produce el diálogo entre distintas áreas de la empresa, principalmente de los ámbitos comercial y financiero, antes de tomar la decisión de conceder crédito a un cliente. Este diálogo, este análisis, parece del todo necesario para una correcta gestión de la venta de bienes y servicios y de su cobro posterior, y algo obligado en todo momento, no solo cuando vienen mal dadas. Precisamente es en época de bonanza cuando los responsables al frente de las compañías tienen que potenciar los comités de riesgo, de tal modo que cuando aparezcan en el horizonte etapas de desaceleración como la actual, en las que la morosidad pueda representar un problema, estén preparadas. La idea principal que subyace detrás es la de entender la gestión del riesgo de crédito comercial como algo cultural en las empresas, también en las pequeñas y medianas, y no solo como algo a lo que recurrir cuando la morosidad se dispara.

Más de la mitad de las empresas en España cobran sus facturas por encima del plazo legal

Mario Cantalapiedra – Economista

Hasta el 57 por ciento de las empresas en España cobran sus facturas por encima del plazo legal de 60 días que establece la Ley 15/2010. Así se desprende del Duodécimo Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España, promovido por las compañías Crédito y Caución e Iberinform. Es cierto que se ha producido una mejora de dos puntos con respecto al dato del año anterior (que fue del 59 por ciento), pero el porcentaje de empresas que cobran fuera de plazo sigue siendo muy elevado. Inclusive, un 10 por ciento de ellas no solamente cobran fuera de plazo sino que lo hacen por encima de los 90 días. No obstante, en 2019 se ha producido una mejora significativa en la serie histórica del porcentaje de empresas que cobran más tarde, como puede comprobarse en el gráfico que se muestra a continuación.

1

Lo cierto es que nada más y nada menos que el 81 por ciento de las empresas declaran tener que soportar plazos superiores a los deseados en sus relaciones comerciales, siendo las grandes empresas las mayores causante del retraso, seguidas por las pymes y con el mejor comportamiento del sector público. Es decir, es difícil encontrar una empresa que no haya tenido que aceptar el cobro de alguna de sus facturas por encima del plazo deseado, lo que habla bien a las claras de lo enquistado que está el problema de la morosidad en nuestro tejido empresarial.

2

Prueba de que la morosidad es un problema que está instalado en el ADN de muchas empresas, es que la principal razón por la que se retrasan los pagos es la voluntad del cliente de pagar tarde, seguida a corta distancia por la falta de disponibilidad de fondos. Otros motivos esgrimidos como la complejidad del procedimiento de pago, las disputas sobre la calidad o la facturación incorrecta, tienen mucha menor relevancia. La legislación contra la morosidad establece un plazo, pero el mercado dispone otro diferente y la situación no termina de mejorar año tras año, como demuestran los datos del Estudio de Crédito y Caución e Iberinform. Como decía Francisco Fernández Ordóñez “es más fácil cambiar las leyes que las mentalidades y las inercias”. Crucemos los dedos para que la desaceleración económica a la que estamos asistiendo no agudice este problema.

3

Aumenta el porcentaje de empresas con impagos significativos en España

Mario Cantalapiedra – Economista

Empeora el porcentaje de compañías en España que declaran haber sufrido un impago significativo en los últimos 12 meses. Así lo señala el Duodécimo Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España, impulsado por Crédito y Caución e Iberinform y realizado en el primer semestre de 2019 con la participación de 600 profesionales de empresas.

En concreto, son el 32 por ciento de las empresas encuestadas las que afirman haber sufrido un impago significativo, cinco puntos más que el dato del estudio anterior realizado en 2018, lo cual parece confirmar un cambio de tendencia en la serie histórica, que desde 2012 a 2017 observó una reducción de esta tasa año a año hasta el aumento producido en 2018 y ahora en 2019.

Post_574_1

Parece que la desaceleración y el fin de ciclo económico que ya muchos aventuran están afectando al comportamiento de las empresas. Sin ir más lejos el think tank Funcas realizaba esta misma semana un fuerte ajuste a la baja de sus previsiones de crecimiento para la economía española, señalando como nuestro producto interior bruto (PIB) iba a crecer el 1,9 por ciento en 2019, y el 1,5 por ciento en 2020, tres y cinco décimas menos, respectivamente, que en el análisis anterior. Tras sus datos se vislumbra un final de ciclo, que parece inevitable tenga su reflejo en la morosidad empresarial. No obstante, para Funcas estamos hablando precisamente de eso, de un fin del ciclo de crecimiento fuerte, pero no de recesión. Tendremos un crecimiento significativamente menor en los próximos trimestres, pero no un decrecimiento de la actividad económica, esa es su apuesta y la de otros organismos. El problema es que esta situación puede afectar de forma diferente a las empresas según cuál sea su dimensión y el sector en el que compitan, trasladándose a mayores cifras de morosidad en determinados casos.

En este sentido, el 68 por ciento de las empresas encuestadas por Crédito y Caución e Iberinform, consideran que la morosidad tiene consecuencias negativas para su negocio, siendo las más importantes la pérdida de ingresos financieros (28 por ciento), y el incremento de los costes financieros (25 por ciento). Otras consecuencias apuntadas son la limitación al crecimiento (7 por ciento), la amenaza a la continuidad empresarial (5 por ciento) y la limitación a las nuevas inversiones (3 por ciento). Especialmente llamativo es que hasta un 5 por ciento de las empresas consideren que la morosidad pone en riego la continuidad de sus negocios. El menor crecimiento económico previsto no puede ser una buena noticia para ellas.

Post_574_2

La incertidumbre frena el gasto de las empresas en España

Mario Cantalapiedra – Economista

El Banco de España (BdE) ha actualizado sus proyecciones macroeconómicas de la economía española para el período 2019-2021. El organismo supervisor ha revisado a la baja cuatro décimas (al 2 por ciento) su previsión de crecimiento anual del PIB en 2019 frente al dato anterior de junio. Para 2020, el BdE prevé un crecimiento del 1,7 por ciento, mientras que para 2021, lo estima en el 1,6 por ciento, dos y una décima menos, respectivamente, con respecto a la previsión anterior.

La fuerte revisión a la baja de la tasa de crecimiento para 2019 se explica, en parte (dos décimas), por el reciente recálculo de la serie del PIB que cada cinco años hace el Instituto Nacional de Estadística (INE), y que incorpora cambios para lograr estadísticas de mejor calidad, según se explica desde este organismo autónomo. Sin embargo, el resto de la caída (las otras dos décimas), se justifica por la pérdida de vigor de la demanda interna que revelan los datos más recientes. Tras esta debilidad se encuentran el deterioro del entorno exterior y las incertidumbres procedentes del resto del mundo (Brexit sin acuerdo, guerra comercial entre China y Estados Unidos), y posiblemente, según el BdE, las incertidumbres de origen interno vinculadas a la parálisis política y la ausencia de un Gobierno que tome las medidas necesarias en un momento de desaceleración. Ante la falta de un horizonte claro, hay más empresas y familias que frenan sus decisiones de gasto, prefiriendo esperar a tiempos mejores. Si hay que cambiar el sofá del salón, mejor hacerlo cuando las cosas estén más claras, aunque ahora nos lo pudiéramos permitir. El problema es que este tipo de decisiones individuales acaban trasladándose al conjunto de la economía y retroalimentándose. Si las empresas gastan menos, contratarán menos trabajadores y las familias tendrán menos dinero para consumir bienes y servicios, por lo que los procesos de producción de las empresas se verán afectados.

Precisamente sobre el tema del mercado de trabajo, merece la pena hacer una reflexión. Según el BdE, la desaceleración proyectada llevará a una moderación progresiva del ritmo de crecimiento del empleo, de tal modo que no veremos en España una tasa de paro por debajo del 13 por ciento de la población activa hasta 2021. A pesar de que seguimos creciendo, no conseguimos alcanzar una tasa de desempleo razonable para una economía que se presume avanzada.

s