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La crisis del “coronavirus” dispara la deuda pública en España

Mario Cantalapiedra – Economista

La crisis del coronavirus ha disparado la deuda pública española hasta situarla en 1.224 millones de euros, según datos publicados por el Banco de España (BdE). En términos relativos, el ratio de deuda pública sobre PIB alcanzó el 98,9 por ciento, su nivel más alto desde el tercer trimestre de 2018. Inclusive la previsión del Gobierno es que a cierre de ejercicio este ratio se sitúe, nada más y nada menos, que en el 115,5 por ciento del PIB… terrible.

Este dato de la deuda pública se mide según el denominado “Protocolo de Déficit Excesivo” (PDE), concepto de endeudamiento que habitualmente se utiliza en el análisis de la sostenibilidad de las finanzas públicas, y en el que se incluyen tanto los pasivos de las administraciones públicas que están materializados en efectivo y depósitos, como los valores representativos de deuda y préstamos, valorados por sus importes nominales y excluidos los pasivos que han emitido unas administraciones y que están en poder de otras (lo que se técnicamente se conoce como consolidación).

Si analizamos los distintos subsectores en los que se puede dividir la deuda pública en España, se observa como en términos interanuales su saldo ha aumentado en casi todos ellos. De este modo, ha crecido el saldo de la Administración Central (2,7 por ciento), el de las Administraciones de Seguridad Social (27,8 por ciento) y el de las Comunidades Autónomas (0,3 por ciento), siendo las Corporaciones Locales las únicas que han disminuido el saldo de su deuda con respecto hace un año (-11,9 %). En lo que respecta al crecimiento tan llamativo de la Seguridad Social, el BdE señala que se debe a los préstamos concedidos por el Estado a la Tesorería General  de marzo a noviembre de 2019 para financiar una parte significativa de su desequilibrio presupuestario. Estos préstamos, al tratarse de financiaciones entre administraciones, no computan a efectos del total de la deuda pública.

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La necesidad de gestionar el recobro de facturas ante la COVID-19

Mario Cantalapiedra – Economista

En base a las estimaciones recientemente publicadas por Iberinform, la crisis económica asociada al coronavirus hace que al menos el 18 por ciento del tejido empresarial en España se encuentre en máximo o elevado riesgo de impago, mientras que un 21 por ciento adicional presenta un riesgo moderado. Solamente el 61 por ciento restante mantiene valores que permiten considerar su riesgo de crédito bajo o mínimo.

Lo cierto es que el deterioro de la situación económica está siendo muy rápido, y aunque muchos confían en que la recuperación puede ser también rápida, una vez que finalice el estado de alarma y se vaya reactivando la economía, de momento los datos que se van conociendo no nos dejan ser muy optimistas.

En cualquier caso, desde las empresas toca ser muy proactivos a la hora de gestionar los riesgos de la actividad, entre ellos, de un modo especial el riesgo de impago. Es en épocas de crisis cuando debe incidirse en esta gestión ante la mayor probabilidad que existe de no cobrar las facturas de clientes.

¿Cuándo consideran las empresas en España que un cliente es moroso?

En base a la información que nos proporciona el Decimotercer Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España, en el que han participado gestores de más de 700 empresas, solamente el 13 por ciento de las compañías consideran que el cliente está en mora si no paga sus facturas llegado el vencimiento. Solemos ser bastante pacientes a la hora de iniciar acciones de recobro, llegando incluso al 32 por ciento las empresas que declaran esperar más de 90 días para iniciarlas. Detrás de este comportamiento suelen existir distintas motivaciones, que van desde el deseo de no deteriorar la relación comercial con los clientes, hasta cierto pudor o vergüenza a la hora de reclamar las facturas, que de esto último también hay.

El problema es el que el tiempo siempre corre a favor del moroso, y más en épocas de crisis, por lo que mi recomendación es que en estos momentos de deterioro de la situación económica, las empresas pongan su foco de atención en la gestión del recobro. Entre considerar al cliente moroso el mismo día del vencimiento, y dejar pasar más de 90 días existe un abismo que puede ser muy perjudicial para la empresa acreedora.

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¿Puede la crisis económica convertirse en una profecía autocumplida?

Mario Cantalapiedra – Economista

En psicología se utiliza la expresión “profecía autocumplida” para hacer referencia a la predicción que alguien realiza, y que una vez formulada se convierte en la propia causa de que se cumpla. Por ejemplo, un alumno que piensa que suspenderá un examen, llevado por este miedo se bloquea al hacerlo y termina suspendiéndolo.

Trasladado este concepto al mundo de la economía, donde no debemos olvidar el peso que tiene la psicología en las decisiones que tomamos los distintos agentes económicos, y más concretamente al entorno económico actual, puede que la crisis se convierta en una profecía autocumplida para todos aquellos que vienen anunciando su inminente llegada.

En este sentido, la incertidumbre que existe con la evolución de acontecimientos internacionales como el Brexit o la guerra comercial entre China y Estados Unidos, lleva a que muchas empresas retrasen sus decisiones de inversión en mercados exteriores hasta que el panorama se encuentre más despejado. Así parecen confirmarlo los datos del Duodécimo Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España, impulsado por Crédito y Caución e Iberinform, que señalan como el 40 por ciento de las empresas están sufriendo el impacto de la incertidumbre internacional en sus negocios, siendo un 7 por ciento de compañías las que declaran que este impacto es muy significativo. Incertidumbre internacional que en el caso de España viene acompañada de las dudas existentes sobre la formación de un Gobierno estable, debido a nuestra fragmentación parlamentaria, que afronte con garantías el empeoramiento económico y tome las decisiones adecuadas para hacerle frente.

Realmente la incertidumbre afecta a todos los estratos de la economía, de tal modo que las decisiones individuales que toma cada persona o empresa basadas en sus expectativas negativas, si se consideran en su conjunto, pueden llevar a que la desaceleración sea más profunda, a tener un efecto de profecía autocumplida. Recientemente en una jornada que tuve la oportunidad de compartir con responsables de empresas del sector de material eléctrico, uno de los asistentes me comentaba como su mujer le había sugerido cambiar el sofá del salón. Me decía que se lo podían permitir, pero que habían decidido esperar a que la situación económica mejorara (recordemos que el ahorro de los españoles se encuentra en niveles máximos desde 2013). Si son muchas las familias que toman una decisión similar, los fabricantes de muebles sufrirán las consecuencias viéndose obligados a reducir su producción y a prescindir de parte de sus trabajadores, los transportistas tendrán menos trabajo, algunas tiendas de muebles se verán abocadas al cierre… trasladándose los efectos negativos al conjunto de la economía.

Incertidumbre

La actividad económica mundial se está desacelerando

Mario Cantalapiedra – Economista

Tras crecer con fuerza en 2017 y principios de 2018, la actividad económica mundial se desaceleró en el segundo semestre del pasado año, según el último informe de “Perspectivas de la economía mundial” elaborado por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Según el organismo internacional a este debilitamiento contribuyeron aspectos tales como el recrudecimiento de las tensiones comerciales y el aumento de aranceles entre Estados Unidos y China, la merma de la confianza de las empresas, el empeoramiento de las condiciones financieras y la agudización de la incertidumbre en torno a las políticas en muchas economías.

Con la vista puesta en el futuro más inmediato, las previsiones del FMI apuntan a que el crecimiento mundial se desacelerará del 3,6 por ciento registrado en 2018, al 3,3 por ciento en 2019, para volver a situarse en el 3,6 por ciento en 2020. Es llamativo como los analistas de este organismo proyectan una contracción del crecimiento en 2019 para nada más y nada menos que el 70 por ciento de la economía mundial. En el caso de España la previsión es que crezcamos un 2,1 por ciento este año y un 1,9 por ciento el próximo. Dentro de los países de nuestro entorno, resulta llamativo el escaso crecimiento que se prevé para Italia en 2019 (0,1 por ciento) y el también débil crecimiento previsto para la economía alemana. La considerada locomotora europea solo crecerá el 0,8 por ciento en 2019.

Entre los principales riesgos que pueden debilitar el crecimiento mundial, el FMI apunta a las tensiones comerciales, especialmente entre China y Estados Unidos, a los elevados niveles de endeudamiento en determinados sectores y países, y a la posibilidad de un “Brexit” sin acuerdo del Reino Unido con sus socios europeos. Aunque la recesión de la economía global está descartada para el FMI, en su opinión la situación es precaria.

 

Proyecciones de crecimiento de Perspectivas de la economía mundial (variación porcentual anual)2Fuente: Elaboración propia a partir datos FMI. Abril 2019.

Condensando la economía en 140 caracteres

Mario Cantalapiedra – Economista

Si sigues mis “posts” en Gestores de Riesgo y Morosidad puede que ya conozcas que soy un usuario bastante activo en Twitter, la red social de los 140 caracteres. Confieso que la primera vez que alguien me habló de ella, como tantos otros, fui bastante escéptico sobre su utilidad real, ¿cómo se podía contar algo relativamente interesante en tan solo 140 caracteres?, ¿realmente para qué podía servir? Pero lo cierto es que con su uso y conocimiento a través del tiempo, le fui cogiendo el gustillo y me aficioné a esta herramienta de comunicación. Hasta la fecha, creo que uno de elementos fundamentales que podía destacar de mi experiencia con Twitter, es el de la posibilidad de “crear” vínculos con personas con intereses afines a los tuyos, en mi caso, con usuarios interesados en los temas económicos, a los que sigues y te siguen y con los que compartes información o contrastas opiniones.

Precisamente la conexión cruzada entre usuarios con intereses similares, es una de las conclusiones que puede extraerse del interesante estudio, que Crédito y Caución realiza sobre Twitter para tratar de identificar a los “tuiteros” (es decir, a los usuarios de esta red) que son claves para seguir la economía, denominados #twecos por la compañía de seguro de crédito. Estudio del que acabamos de conocer los resultados en su segunda edición. Para realizarlo, han sido consultados medio millar de directores de comunicación, economistas, analistas, empresarios y periodistas activos en Twitter, agrupados en una lista abierta denominada Tweco500, los cuales han elegido 77 usuarios finalistas. Además, se nos informa que, los seguidores de la compañía aseguradora en Twitter han participado activamente en la elección.

Las 77 cuentas finalistas, entre las cuales tengo el honor de que figura la mía, cumplen tres requisitos: han sido mencionadas al menos por un Tweco500, cuentan con un mínimo de 1.000 seguidores en Twitter y tienen un 10 por ciento de seguimientos cruzados, siendo sus perfiles profesionales más comunes los de periodistas, docentes y analistas de mercado. De esta selección finalista, se han elegido 8 perfiles #Twecos2013, los cuales han acumulado un mínimo del 10 por ciento del total de posibles menciones y puntos ponderados, en concreto los ocho usuarios de Twitter siguientes: @cultrun, @dlacalle, @josecdiez, @mariadelamiel, @miquelroig, @rodriguezbraun, @suanzes y @_perpe_

El debate sobre si es posible condensar la economía en 140 caracteres seguirá abierto a buen seguro, defensores y detractores de esta “nueva” herramienta de comunicación lo alimentarán. No obstante, si tienes curiosidad por investigar el mundo económico en el contexto de Twitter, yo no despreciaría los datos aportados por el estudio de Crédito y Caución, aunque claro, muy objetivo no soy…