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La morosidad bancaria está contenida en España… de momento

Mario Cantalapiedra – Economista

El pasado mes de julio la tasa de morosidad bancaria sufrió su primer repunte desde que comenzó la crisis del coronavirus hasta situarse en el 4,72 por ciento, según los datos publicados por el Banco de España (BdE).

Esta tasa se obtiene dividiendo el saldo vivo de créditos dudosos (57.837 millones de euros a finales de julio) entre el saldo vivo del total de crédito concedido (1,226 billones de euros). Ambos saldos se han reducido con respecto al mes anterior, pero el de créditos dudosos lo ha hecho en una menor proporción.

Según se puede ver en la tabla adjunta, a pesar del aumento de la tasa en julio, la morosidad bancaria sigue bastante contenida en España, y muy lejos de la cota máxima que alcanzó en diciembre de 2013 (13,62 por ciento). No obstante, el problema puede venir, como ya se apunta desde el propio BdE, cuando finalicen los programas de apoyo a familias y empresas que están vigentes en la actualidad. Fundamentalmente cuando acaben las moratorias al pago de hipotecas y de préstamos personales que han concedido las entidades financieras a las familias, así como los períodos de carencia en los avales otorgados por el Instituto de Crédito Oficial (ICO) para cubrir parte del riego de la financiación a empresas y autónomos.

Es decir, la morosidad bancaria está contenida en España porque nuestra economía está “dopada” con medidas excepcionales, pero si éstas terminan de golpe el estallido de la morosidad puede llevarnos a las cifras de 2013 y además hacerlo de una forma muy rápida.

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Uso global de instrumentos de pago distintos del efectivo

Ignacio JiménezIberinform 

Las entidades financieras están acostumbradas a lidiar con los vertiginosos cambios en las formas de pago que les demanda el mercado.  En este sentido el Informe Mundial de Pagos 2010, elaborado por Capgemini, el Royal Bank of Scotland (RBS), y la EFMA (European financial marketing association), identifica los nuevos desafíos para la banca, impulsados por la situación económica y las presiones competitivas, tecnológicas, reglamentarias y por las propias necesidades de los clientes. 

Las entidades financieras van a tener que decidir la mejor manera de responder ante estos cambios y este informe examina las tendencias relacionadas con los pagos, sus reglamentaciones, las iniciativas que han surgido.

Según el informe Mundial de Pagos 2010, el uso global de instrumentos de pago distintos del efectivo (cargos a débito, créditos, transferencias, tarjetas y cheques) ha resistido bien la crisis financiera, y entre sus principales conclusiones el estudio destaca:

  • El uso global de instrumentos de pago distintos del efectivo continuó creciendo en 2008, a pesar de la crisis financiera. El crecimiento global de  volúmenes se ha acelerado hasta el 9% en 2008, del 7% en 2007, y los datos preliminares sugieren que han seguido creciendo en 2009. Los volúmenes han creció moderadamente en los países desarrollados y fuertemente en algunas economías menos desarrolladas como China (un 29%), Sudáfrica (25%) o Rusia (hasta 66%).
  • A nivel mundial, las tarjetas siguen siendo el instrumento preferido de pago más habitual (a excepción del pago en efectivo), representando más del 40% de los pagos en la mayoría de mercados y, un 58% a nivel mundial. Los datos iniciales muestran que el volumen de transacciones de tarjetas crecieron en el 2009.
  • Otros proveedores de servicios de pago (PSP) han hecho importantesavances en pagos a través de móvil y los pagos electrónicos, a pesar de que todavía representan un pequeño porcentaje del volumen total de transacciones a nivel mundial.
  • En efectivo en circulación en la zona euro mantiene un crecimiento constante de alrededor de 11% por año desde 2002, lo que representa un costo significativo para las economías mundiales (el Consejo Europeo de Pagos estima que el costo de dinero en efectivo en Europa es de € 50 mil millones a € 75 mil millones de Euro al año).

World payments Report 2010 -Ver informe completo (en ingles)

Al banco le gustan las reservas

Mario Cantalapiedra – Economista

Una vez cumplida la obligación de dotar las reservas de tipo obligatorio (legal y, en su caso, estatutarias), la empresa puede optar con el beneficio restante entre repartir dividendos a los accionistas o dotar otras reservas, de tipo voluntario, las cuales serán de libre disposición, a diferencia del resto de reservas sobre las que recaen formalidades legales que dificultan su posterior aplicación.

Llegado a este punto hay empresarios que optan por acudir al reparto sistemático de los beneficios generados por su compañía, la “ordeñan” por decirlo de un modo coloquial, buscando una recompensa por el esfuerzo dedicado en la puesta en marcha y desarrollo del negocio, algo que, hasta cierto punto, parece razonable. No obstante, la experiencia demuestra cómo ante la llegada de periodos con dificultades como lo son los actuales, la probabilidad de supervivencia de una empresa puede depender directamente de las reservas que haya sido capaz de generar y acumular a lo largo de los ejercicios.

Una compañía que muestre una fuerte dependencia de la financiación ajena y no cuente con un nivel mínimo de reservas, puede enfrentarse a serios problemas para superar, por ejemplo, la liquidación de un cliente importante. En estos momentos de crisis donde es tan difícil obtener nueva financiación ajena o incluso renovar los créditos preexistentes, muchas empresas están teniendo que acudir necesariamente a fuentes de financiación propia para sobrevivir. Inclusive las entidades financieras valoran de forma muy positiva la dotación de reservas voluntarias por parte de los empresarios que les solicitan financiación, ya que, en cierto modo, supone convencerles de que están apostando por su propia empresa. Lo mismo podríamos decir de las ampliaciones de capital que consistan en nuevas aportaciones al patrimonio de la empresa.

Por tanto, no se trata de rechazar el reparto de dividendos, sino entender que el mismo debe estar condicionado a la existencia de una estructura financiera sólida que dependerá de las circunstancias singulares de cada empresa, pero que, en cualquier caso, deberá perseguir un correcto equilibrio entre las fuentes financieras propias y ajenas.

Pienso que una empresa que se encuentre en pleno proceso de desarrollo y esté generando resultados positivos, tiene la oportunidad de fortalecer sus recursos propios con la dotación de reservas voluntarias, así como de financiar la propia expansión. La mayor dificultad estriba en lograr que todos los accionistas de la empresa participen de esta mentalidad.

Doctor, aparezco en la CIRBE, ¿es grave?

Mario Cantalapiedra – Economista

La Central de Información de Riesgos del Banco de España (CIRBE) es una base de datos en la que consta la práctica totalidad de los préstamos, créditos, avales, y riesgos en general que las entidades financieras tienen con sus clientes, ya sean éstos personas físicas o jurídicas.

Para los bancos es muy útil puesto que les permite observar la evolución de nuestro endeudamiento y de la posible morosidad de nuestros créditos cuando somos clientes suyos o cuando, aún no siéndolo, les solicitamos financiación. Por ejemplo, cuando solicitamos un préstamo a un banco, éste puede consultar la CIRBE para conocer la deuda que mantenemos con otras entidades y hacerse una idea mejor de nuestra capacidad de pago antes de concedernos los fondos. Si somos una empresa, hemos de tener en cuenta que el banco comprobará como los datos de la CIRBE se asemejan a las informaciones reflejadas en los estados contables que aportemos y en las líneas de financiación que declararemos, luego la consulta a la CIRBE les sirve como elemento de comprobación y análisis de nuestro riesgo.

Están obligados a declarar a la CIRBE los bancos, las cajas de ahorros, las cooperativas de crédito y las sucursales en España de entidades de crédito extranjeras, los establecimientos financieros de crédito, el Instituto de Crédito Oficial, el propio Banco de España, los fondos de garantía de depósitos en establecimientos bancarios, en cajas de ahorro y en cooperativas de crédito, las sociedades de garantía recíproca, las sociedades de reafianzamiento y la Sociedad Anónima Estatal de Caución Agraria.

En cuanto a los riesgos que se declaran podemos distinguir los directos, aquellos concedidos o asumidos por la entidad declarante derivados de operaciones de préstamo o crédito, o de operaciones de arrendamiento financiero o leasing, entre otras. Éstos son los que se analizan de forma prioritaria por parte de las entidades de crédito, que pueden observar saldos disponibles y dispuestos por los clientes, desglosados por tipo de operación. Debemos saber que la información es comunicada sin desagregar los datos por entidad financiera, ni especificar las entidades con las que el titular se encuentra endeudado. Por otro lado, se declaran a la CIRBE también riesgos indirectos, que son aquellos contraídos con la entidad declarante por quienes garantizan o avalan operaciones de riesgo directo, por ejemplo, mediante aval personal que respalda un crédito bancario o a través de la firma estampada en una letra de cambio que garantiza su pago.

Para cada uno de los riesgos, los declarantes deben facilitan la información más relevante a final de cada mes, incluyendo la identificación del titular. De este modo, un banco declarará el importe que sume la deuda vigente de un préstamo a un cliente, junto a su nombre y número de identificación fiscal. Con carácter general, se deben declarar los riesgos directos con titulares residentes cuyo importe sea igual o superior a los 6.000 euros en el conjunto de negocios en España, o a 60.000 euros en cualquier otro país. Respecto a los no residentes, resulta obligatorio declarar a partir de 300.000 euros. Como excepción, son declarables los saldos con retrasos en el pago (morosos) inferiores a 6.000 euros.

Luego contestando a la pregunta que encabeza el post, aparecer en la CIRBE de entrada no es grave (no es como, por ejemplo, aparecer en el RAI, que es un registro de morosos, con efectos impagados), otra cosa es cómo aparezcamos (crédito moroso, endeudamiento excesivo, los datos del registro no concuerden con los reflejados en nuestra contabilidad, etcétera).