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Cuatro diferencias entre “factoring” y “confirming”

Mario Cantalapiedra – Economista

Tanto el factoring como el confirming son servicios especializados que giran en torno al crédito comercial que surge con el pago aplazado de un cliente a sus proveedores. No obstante, y a pesar de compartir un mismo origen se articulan de forma diferente en la práctica. Por un lado, el factoring es un servicio por el que una empresa (que ocupa la posición de proveedor en la relación comercial) cede las facturas de sus clientes a una compañía especializada para que se ocupe de su gestión de cobro, con la opción de contratar otros servicios de carácter financiero, administrativo y comercial, entre los que se encuentra el pago anticipado de las facturas. Por su parte, el confirming es un servicio por el que una entidad de crédito actúa como gestor en los pagos aplazados de una empresa (que en este caso ocupa la posición de cliente en la relación comercial) a sus proveedores, en el que además puede ofrecerse financiación tanto al cliente como a los proveedores. Podemos encontrar diferencias entre ellos en los siguiente ámbitos:

1. Tipo de servicio

El factoring es un servicio de cobro de facturas, mientras que el confirming ofrece un servicio de pago de facturas.

2. Análisis de la solvencia

Las compañías de factoring antes de aprobar la operación analizan con detalle la solvencia de los clientes de la empresa solicitante, mientras que las de confirming ofrecen el servicio a empresas de cierta dimensión, solventes y con un volumen importante de pagos periódicos destinados a muchos proveedores, analizando, por tanto, la solvencia de la empresa solicitante, no de sus proveedores.

3. Financiación

En el factoring únicamente se financia a la empresa que cede sus facturas de clientes, es decir, al proveedor, mientras que en el confirming se puede financiar tanto a dicho proveedor, lo más habitual, como a la empresa que ocupa la posición de cliente en la relación comercial, la cual puede realizar el pago en una fecha posterior al vencimiento abonando el interés que se pacte.

4. Poder de negociación

Siempre que se firmen bajo la modalidad “sin recurso”, en la que es la entidad financiera la que asume el riesgo de impago, el factoring permitirá tener cierta flexibilidad con los plazos que se puedan pactar con los clientes, al tener seguridad en el cobro de sus facturas, mientras que el confirming permitirá tener una mayor capacidad de negociación frente a los proveedores al asegurarles el pago.

Entidades que pueden y no pueden captar fondos reembolsables del público

Mario Cantalapiedra – Economista

Las entidades de crédito en España son empresas autorizadas cuya actividad consiste en recibir del público depósitos u otros fondos reembolsables y en conceder crédito por cuenta propia, tal como recoge el artículo 1 de la Ley 10/2014, de 26 de junio, de ordenación, supervisión y solvencia de entidades de crédito. En este sentido, mientras la concesión de crédito no precisa de autorización, la captación de fondos reembolsables del público (depósitos y otras fórmulas parecidas) con el compromiso de devolución en las condiciones acordadas, es una actividad reservada a los siguientes tipos de entidades:

  • Bancos, cajas de ahorro y cooperativas de crédito.
  • Entidades bancarias extranjeras.
  • Instituto de Crédito Oficial (ICO).

Las entidades anteriores para poder operar han de tener autorización administrativa y hallarse inscritas en los registros oficiales de entidades de crédito del Banco de España (BdE).

Entre las entidades que no pueden captar fondos reembolsables del público figuran las siguientes:

Establecimientos financieros de crédito (EFC)

Se dedican a realizar operaciones de crédito en un ámbito muy específico, tales como leasing financiero, factoring, crédito al consumo, crédito hipotecario, tarjetas, etcétera. Hay que señalar que pueden captar fondos reembolsables del público acudiendo a los mercados de valores mediante la emisión y colocación de títulos, pero no pueden hacerlo mediante depósitos.

Establecimientos de cambio de moneda

Personas físicas o jurídicas que realizan en establecimientos abiertos al público y con carácter profesional, la actividad de cambio de moneda.

Sociedades de tasación homologadas

Se dedican a realizar valoraciones de bienes inmuebles para entidades financieras relacionadas con el mercado hipotecario. Habitualmente certifican el valor de los inmuebles para determinadas finalidades como la concesión de financiación con garantía hipotecaria.

Oficinas de representación de entidades de crédito extranjeras

Pueden realizar actividades informativas o comerciales sobre cuestiones bancarias, financieras o económicas. No obstante, a pesar de que no pueden captar fondos del público, sí que pueden canalizarlos hacia las entidades de crédito extranjeras que representan.

Entidades de pago

Tienen autorización para realizar servicios de pago, como, por ejemplo, transferencias, adeudos directos y pago efectuados con tarjetas.

Entidades de dinero electrónico

Se dedican a emitir dinero electrónico que es admitido como medio de pago por empresas distintas a la entidad emisora.

Sociedades de garantía recíproca (SGR)

Entidades que facilitan el acceso a la financiación bancaria de las pymes que se asocian en ellas mediante la concesión de avales.

Plataformas de financiación participativa (PFP)

Ponen en contacto, a través de páginas web u otros medios electrónicos, a una pluralidad de personas físicas o jurídicas que ofrecen financiación a cambio de un rendimiento dinerario, con personas físicas o jurídicas que solicitan financiación en nombre propio para destinarlo a un proyecto de financiación participativa. Por tanto, cuando una PFP solicita dinero al público, por ejemplo, a través de un préstamo en la modalidad de crowdlending, no puede considerarse como una captación de fondos reembolsables.

Cinco diferencias entre “forfaiting” y “factoring”

Mario Cantalapiedra – Economista

Forfaiting es un término anglosajón utilizado para referirse a un sistema de financiación de las exportaciones que se ofrece sin recurso. En esta operación financiera la entidad de crédito anticipa al exportador efectos comerciales generados en el comercio internacional a cargo del importador, por regla general, pagarés o letras de cambio, asumiendo el riesgo total de impago. En España también se conoce como descuento sin recurso, para diferenciarlo precisamente del descuento comercial simple, que es una operación siempre con recurso y, por tanto, bastante más barata.

El forfaiting te puede servir para cobrar las operaciones que realices con clientes radicados en países que, bien por su falta de desarrollo, bien por su inestabilidad política o económica, tengan un elevado riesgo. Debido a dicho riesgo, la entidad de crédito que anticipa los efectos te exigirá normalmente que los mismos vayan avalados por el banco del importador u otra entidad financiera.

El forfaiting suele confundirse con el factoring, sobre todo con el que se ofrece en su modalidad de exportación, cuando hay varios elementos que los diferencian en la práctica, como son los siguientes:

1. Ámbito de la operación

El forfaiting está previsto para operaciones de exportación.

El factoring se prevé tanto para ventas nacionales como internacionales (factoring de exportación).

2. Soporte documental

El forfaiting suele soportarse en letras de cambio o pagarés, medios de pago que son aceptados internacionalmente.

El factoring se soporta en facturas de venta.

3. Servicios adicionales

El forfaiting únicamente incluye el anticipo de la venta, es decir, la financiación.

El factoring, aparte de la opción de financiación, ofrece otros servicios adicionales como la investigación comercial de los clientes o la administración y control contable de las facturas cedidas.

4. Plazo

En el forfaiting se pueden anticipar letras o pagarés con un plazo largo de vencimiento, que inclusive puede llegar hasta los cinco años. Los plazos de pago, en cualquier caso, deberán estar en consonancia con la naturaleza del bien o servicio que se exporta, más cortos para bienes de consumo, más largos para bienes de equipo.

El factoring es difícil que se acepte para vencimientos de facturas que superen los seis meses.

5. Cobertura del riesgo de impago

El forfaiting siempre se realiza bajo la modalidad sin recurso, luego el riesgo de impago está cubierto al cien por cien.

El factoring puede realizarse con o sin recurso, pudiendo negociarse en el segundo de los casos coberturas inferiores al cien por cien que abaraten el coste de la operación.

El esquema de la operación de “factoring”

Mario Cantalapiedra – Economista

Mediante la operación de factoring una empresa cede las facturas generadas por sus ventas de bienes o servicios a una compañía especializada o factor, el cual se ocupa de su gestión de cobro. El factor puede además ofrecer un conjunto de servicios de carácter financiero, administrativo y comercial, entre los destaca el pago anticipado de las facturas, es decir, la financiación, siendo una alternativa que permite asegurar las ventas siempre que se contrate bajo la cláusula “sin acción de regreso” o, lo que es lo mismo, “sin recurso”. En el esquema que sigue la operación se distinguen los siguientes actores:

  • Cedente: empresa que contrata los servicios de factoring cediendo sus facturas de clientes. En la relación comercial origen de la operación, por tanto, ocupa la posición de proveedor de los bienes o servicios.
  • Factor: Compañía de factoring que adquiere las facturas asumiendo su gestión de cobro y, en su caso, financiado al cedente. La mayoría de las entidades de crédito suelen tener segmentos que se especializan en proporcionar este servicio.
  • Clientes: empresas a las que vende el cedente los bienes y servicios, que están obligadas al pago de las correspondientes facturas.

El factor exigirá, antes de firmar el contrato de factoring con la empresa cedente, el cumplimento de tres requisitos siguientes:

  • La existencia de facturas a cobrar por la venta de bienes o la prestación de servicios a un cliente.
  • Las facturas emitidas provengan de ventas lícitas.
  • Las ventas hayan sido pactadas, entre empresa cedente y su cliente, a crédito.

Para acceder al factoring no será tan importante la dimensión de la empresa que solicita la operación como la solvencia de sus clientes, la cual es estudiada detalladamente por parte del factor. Por tanto, una pyme necesitada de financiación, cuyos créditos estén documentados en facturas y no cuente con efectos comerciales asociados a las mimas para descontar, puede acceder al factoring siempre que trabaje con clientes de dimensión significativa y solvencia contrastada, algo que ahora mismo, no nos engañemos, no es fácil de conseguir.

También las grandes empresas pueden utilizar la operación de factoring, aunque tengan una buena situación financiera, para disminuir su activo corriente, concretamente el reflejado en el saldo de clientes donde se contabilizan las facturas pendientes de cobro, y mejorar sus ratios de liquidez, dejando su balance con una cara más bonita, es decir “maquillándolo” un poco, en el sentido positivo del término.

Seis diferencias entre “factoring” y descuento comercial

Mario Cantalapiedra – Economista

Las empresas que busquen financiación a corto pueden recurrir, entre otras alternativas, a descontar los efectos comerciales de sus clientes, a través de la operación de descuento comercial, o al anticipo del importe de sus facturas de venta, a través de la operación de factoring. Aunque estas operaciones se están viendo afectadas por la crisis y no se realizan, sobre todo en lo que al descuento comercial se refiere, con la alegría de antaño, creo que es adecuado comentar las diferencias que tienen entre sí, observadas desde distintos puntos de vista:

1. Soporte

En el factoring la operación se soporta en una factura a cobrar por la venta de bienes o la prestación de servicios.

En el descuento la operación se soporta en un efecto comercial no vencido, ya sea una letra de cambio, un pagaré o un recibo negociable.

2. Flexibilidad

En el factoring el anticipo es flexible tanto en tiempo como en cuantía.  Por ejemplo, se puede pactar anticipar el setenta por ciento del importe de las facturas adeudadas por un cliente, y reservar el treinta por ciento restante para ser abonado a vencimiento.

En el descuento el anticipo es rígido en el momento de efectuar el anticipo y por el importe total del efecto que se descuenta.

3. Análisis de la solvencia

El límite de financiación en el factoring se fija en función de la solvencia del deudor o librado, es decir, del cliente al que vende la empresa que solicita la financiación.

En el descuento comercial el límite de financiación se establece en función de la solvencia de librador y librado, es decir, tanto de la empresa que solicita la financiación como de su cliente.

4. Cobertura del riesgo de impago

El factoring realizado bajo la modalidad sin recurso prevé la cobertura del riesgo de impago. La definición de insolvencia que suele utilizar el factor habla de aquella que es judicialmente manifiesta o, lo que es lo mismo, concurso de acreedores.

El descuento comercial no prevé la cobertura del riesgo de impago, siendo una operación que se realiza siempre salvo buen fin. En caso de impago del efecto comercial, el mismo se cargará en la cuenta de la empresa que ha solicitado su anticipo.

5. Servicios adicionales

El factoring, aparte de la opción de financiación,  incluye otros servicios adicionales como la investigación comercial de los clientes, la administración y control contable de las facturas cedidas, o la cobertura del riesgo mencionada.

El descuento comercial no incluye servicios adicionales a la financiación.

6. Injerencia en la relación comercial

En el factoring existe injerencia externa en la relación cliente-proveedor.

 En el descuento comercial no hay injerencia externa en la relación cliente-proveedor.

Prácticas irregulares en el descuento comercial

Mario Cantalapiedra – Economista 

Como sabemos el descuento comercial es una operación tradicional de financiación utilizada por las empresas donde una entidad financiera adelanta el importe nominal de un efecto comercial no vencido, por ejemplo, una letra de cambio o un pagaré, a cambio del cobro de intereses y comisiones. El descuento comercial, muy popular en el pasado reciente, va siendo relegado a un segundo plano por otras modalidades financieras como el confirming o el factoring, no obstante, todavía se sigue utilizando, sobre todo por parte de las pequeñas y medianas empresas, y en determinados sectores económicos.

Uno de los problemas asociados al descuento comercial y que se acentúa en épocas de crisis, como la que vivimos, es el hecho de que los efectos comerciales cedidos por la empresa a la entidad financiera para su descuento aparenten corresponder a operaciones comerciales de venta de bienes o prestación de servicios y, sin embargo, se instrumenten únicamente con el objetivo de conseguir la financiación proporcionada por el descuento comercial a partir de una connivencia entre deudor y acreedor. Es lo que se conoce como “papel de colusión” o “pelota”, también denominado “papel verde” en el seno de algunas entidades financieras. Para los bancos pueden ser indicadores de esta artimaña, entre otros, los siguientes elementos:

  • Las relaciones estrechas entre librado y librador, como, por ejemplo, el hecho de que tengan los mismos propietarios.
  • Los plazos de pago diferentes a los que son habituales para la empresa que descuenta.
  • La presentación de efectos comerciales distintos a los que se utilizan habitualmente en el sector.
  • La concentración de giros en una o en pocas plazas de pago.
  • Los plazos de los efectos ajustados al límite temporal máximo de la línea o clasificación de descuento negociada con la empresa.
  • La aparición en los efectos descontados de librados desconocidos o no habituales.
  • Los efectos con importes elevados y redondeados.
  • El aumento no justificado del volumen de descuento.
  • Los movimientos de transferencias o ingresos en cuenta de importes similares a los descontados.

 Debemos saber que las entidades financieras vigilarán estos elementos y otros similares que despierten su sospecha antes de autorizar la operación de descuento comercial, sobre todo en las etapas iniciales de relación con la empresa, y, como apuntaba anteriormente, en los momentos en que la empresa o el sector donde compite ésta atraviesen períodos de crisis.

A veces el desconocimiento o la necesidad pueden empujar a una empresa a la tentación de emitir y descontar este tipo de papel, pero evidentemente por muchos problemas financieros que se puedan llegar a tener, la emisión y descuento de papel pelota es una actividad contraria a la legalidad y absolutamente desaconsejable.

 

Perder el miedo a negociar una operación de “factoring”

Mario Cantalapiedra – Economista

Siguiendo con las operaciones de financiación que pueden ayudarnos a mitigar los efectos de la crisis que nos toca vivir, me gustaría hablar de la operación de factoring, en la cual lo que hacemos es ceder las facturas generadas por nuestras ventas de bienes o servicios a una compañía especializada (la mayoría de las entidades financieras existentes en el mercado ofrecen este producto a través de filiales) para que se ocupe de su gestión de cobro, a cambio del cobro de una comisión por los servicios de carácter administrativo y unos intereses por la financiación, en el supuesto de que se solicite un pago anticipado.

No se puede negar que es una fórmula financiera que tiene cierta complejidad, lo que hace que muchas empresas, fundamentalmente de tamaño pequeño y mediano, no la contemplen entre sus opciones de financiación, y en la que además resulta fundamental negociar con detalle las distintas cláusulas del contrato que se firme, en su caso, con el factor. Si finalmente se llega un acuerdo, el contrato deberá incorporará una “cláusula de cesión” de facturas por la que se autoriza al factor a cobrarlas, circunstancia que se notificará a los clientes obligados al pago. Como se ha indicado, las condiciones pactadas habrán de establecer con claridad los servicios que el factor va a prestar, entre los que pueden incluirse la gestión de cobro de los créditos comerciales, el pago anticipado de las facturas, la investigación comercial y clasificación de los clientes, el control contable de las facturas y la cobertura del riesgo por insolvencia. Este último aspecto, permite pactar dos tipos de factoring diferentes; el factoring “con recurso” (donde el factor no asume el riesgo por insolvencia del cliente, pudiendo actuar contra la empresa cedente en caso de impago de las facturas), y el factoring “sin recurso” (donde el factor se hace cargo del riesgo por insolvencia del cliente, no pudiendo actuar contra la empresa cedente en caso de impago). Lo cierto es que si se pacta una cobertura total del riesgo de impago, la operación de factoring se encarece enormemente, por lo que es habitual que se establezca la posibilidad de negociar coberturas inferiores (además, desde la perspectiva bancaria, plantear las operaciones “sin recurso” ahora mismo es un tema delicado, como vimos en el anterior post al tratar el tema del confirming). También puede pactarse no adelantar el total de la facturación del cliente sino sólo un porcentaje (por ejemplo, el sesenta por ciento) y dejar el resto para que se abone a vencimiento de las facturas. Estos ejemplos nos dan la idea de que el factoring goza de cierta flexibilidad a la hora de negociar sus condiciones. Como requisitos adicionales exigidos habitualmente por el factor están los de exclusividad y globalidad.

El primero significa que la empresa no puede realizar un factoring sobre el mismo cliente con dos factores distintos (cuando la facturación es muy elevada puede llegar a pactarse un factoring sindicado). Por el segundo, la empresa cede la totalidad de las facturas del cliente, aunque es posible matizarlo y sólo ceder las facturas de una zona geográfica determinada o de un tipo de producto. Decíamos anteriormente que existe cierto recelo a plantear este tipo de operación por parte de las empresas con dimensión más modesta, no obstante, debemos tener en cuenta que el elemento fundamental que se analizará para conceder la financiación por esta vía será la solvencia de nuestros clientes. De este modo, una pyme que trabaje con clientes solventes podría acceder a este producto de financiación, por lo que parece una opción que al menos conviene plantearse.

A pesar de ello, también es justo resaltar que existen determinadas ventas, como las relacionadas con productos de tipo perecedero, o las que tienen vencimientos lejanos en el tiempo (más de seis meses), para las que el factoring no suele aceptarse.