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Particularidades de los préstamos participativos

Mario Cantalapiedra – Economista

La regulación legal básica de los préstamos participativos se recoge en el artículo 20 del Real Decreto-Ley 7/1996, de 7 de junio, sobre medidas urgentes de carácter fiscal y de fomento y liberación de la actividad económica, así como en la posterior disposición adicional segunda de la Ley 10/1996, de 18 de diciembre, de medidas fiscales urgentes sobre corrección de la doble imposición interna intersocietaria y sobre incentivos a la internacionalización de las empresas. Aparte de lo que ya comenté en el anterior post, me gustaría destacar ahora otra serie de características de este tipo de préstamos, algunas de las cuales creo que cobran especial importancia en la situación económica y financiera actual.

En primer lugar, los préstamos participativos tienen un rango de exigibilidad subordinado a cualquier otro crédito u obligación de la empresa beneficiaria, situándose por detrás de todos los acreedores comunes y solo por delante de sus socios, lo que permite a la compañía mantener su capacidad de endeudamiento y lleva a la entidad que presta los fondos a asumir un riesgo similar al de los propietarios. De este modo, se entiende que la entidad prestamista llegue a requerir en la práctica a la empresa prestataria que posea unos fondos propios superiores al préstamo que le concede, puesto que de este modo se está asegurando no arriesgar en el proyecto más que ella.

Los préstamos participativos se consideran patrimonio neto a efectos de reducción de capital y de liquidación de sociedades previstas en la legislación mercantil, aspecto que cobra especial importancia en caso de situación desfavorable de la compañía ya que permiten retrasar su liquidación ofreciéndole, en principio, más oportunidades de recuperación.

Otra cuestión reseñable es que los préstamos participativos solo se pueden cancelar anticipadamente si se compensan con una ampliación de capital de la empresa, siempre que ésta no provenga de la actualización de activos. Las partes, entidad financiera prestamista y empresa prestataria, pueden acordar y es lo normal que lo hagan, una cláusula penalizadora en caso de amortización anticipada, que suele consistir en un porcentaje sobre la cantidad que quede pendiente de amortizar. Resulta muy importante clarificar este punto cuando se gestione el préstamo.

Por último, los intereses devengados por los préstamos participativos, tanto los de tipo fijo o mínimo como los de carácter variable, a efectos del impuesto sobre sociedades se consideran gasto fiscalmente deducible para la empresa prestataria.

Sociedades de garantía recíproca: avalan pero no dan crédito

Mario Cantalapiedra – Economista

Las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR) son entidades sin ánimo de lucro y ámbito de actuación específico, referenciado a comunidades autónomas o sectores de la actividad, que tienen por objeto facilitar el acceso de sus asociados a la financiación bancaria en mejores condiciones, en cuanto a coste y plazo, de las que obtendrían si negociaran de forma aislada ¿Y quienes son sus asociados? En su regulación legal se establece que al menos cuatro quintas partes de su accionariado debe estar compuesto por pymes; por tanto, a este colectivo de sufridas empresas, en lo que a la financiación bancaria se refiere, es al que se destina su ayuda. Además cuentan con otro tipo de socios, llamados protectores, que aportan recursos a las SGR sin que tengan derecho a solicitar sus garantías. Por regla general, estos socios protectores son administraciones públicas, cámaras de comercio, asociaciones o entidades de crédito.

Las SGR están sometidas a las reglas de autorización previa, control e inspección del Banco de España al igual que las entidades de crédito, sin embargo, se diferencian de éstas en que su objeto social básico es avalar, por lo que sólo pueden operar en la última fase del circuito de intermediación, en la de asunción del riesgo, teniendo prohibida la concesión de ninguna clase de crédito. También tienen la especialidad de que sus destinatarios finales son exclusivamente pymes, por lo que no pueden acudir a otros segmentos del mercado. Luego es importante señalar que pueden avalar pero no conceder crédito a las pymes.

Las SGR básicamente se dirigen a dos grupos distintos de pymes. En primer lugar, a las que tienen dificultades para acceder a la financiación bancaria, sobre todo a la de largo plazo, por no contar con suficientes garantías que respalden su proyecto de inversión, a pesar de que el mismo pueda ser económicamente viable, es decir, un caso muy extendido en nuestros días. En segundo término, a las que teniendo garantías suficientes para respaldar su proyecto, pueden obtener financiación bancaria en mejores condiciones de plazo de amortización y coste aportando el aval de la SGR, similares a las que se ofrecen a una empresa de gran tamaño.

En la web de CESGAR (Confederación Española de Sociedades de Garantía Recíproca) podéis encontrar información de las veintitrés SGR que actualmente operan en España. La mayoría de ellas circunscriben su ámbito de actuación a las diferentes comunidades autónomas, aunque tres tienen carácter nacional y sectorial (en concreto, se referencian a los sectores del transporte, juego y audiovisual respectivamente).

Cinco diferencias entre los “business angels” y el capital riesgo

Mario Cantalapiedra – Economista

Los business angels, esos empresarios, directivos de empresa, emprendedores o ahorradores que, si los logras convencer, pueden apoyar las etapas iniciales de tu proyecto empresarial aportando su capital, conocimientos técnicos y red de contactos, se diferencian del capital riesgo fundamentalmente en los siguientes aspectos:

  1. Poseen un carácter informal, por lo que no están sometidos a la supervisión de ningún tipo de organismo. Si bien es cierto que, cada vez más, se agrupan en redes, siguen teniendo la libertad que subyace en su propia filosofía de inversión.
  2. Por regla general, el importe medio de su inversión es bastante inferior a la del capital riesgo.
  3. Suelen permanecer en la empresa financiada por un plazo superior al que lo hace el capital riesgo.
  4. Están más dispuestos a invertir en las etapas iniciales de la vida empresarial tales como el capital semilla (donde se financian nuevos proyectos antes de que éstos nazcan) y el capital de arranque (donde lo que se financia es el inicio de la producción y el lanzamiento al mercado de los productos y servicios de empresas ya creadas).
  5. Suelen reducir su ámbito de inversión a las zonas geográficas cercanas a su lugar de residencia.

No obstante, al igual que ocurre en el capital riesgo, los business angels deben definir su grado de implicación con la empresa financiada, el cual puede pasar desde asesorar en la gestión general de la empresa o participar únicamente en las decisiones de tipo estratégico, hasta pertenecer al consejo de administración o, en ocasiones más esporádicas, al propio equipo al frente de la dirección.

También comparten con el capital riesgo la valoración que, desde el punto de vista de la empresa que recibe su apoyo, representa su coste real. En este caso, dicho coste participa de un importante componente de subjetividad, puesto que al establecer una comparación, por ejemplo, con la financiación que proporcionan (o, mejor dicho, deberían proporcionar) las entidades bancarias, lo que se trata es de elegir entre compartir las posibles plusvalías generadas por el negocio con el ángel de los negocios (o, en su caso, con la entidad de capital riesgo elegida) o soportar el gasto financiero bancario. A igualdad de otros factores, podrá optarse por el business angel que tenga unas menores pretensiones. Entonces sólo queda tratar de “encandilarlo” con tu proyecto de empresa, ¡ahí es nada!

Negociación bancaria de las empresas en época de crisis

Mario Cantalapiedra  – Economista 

La negociación bancaria de las empresas ha pasado a ser una dura y ardua tarea que ha de ser enfrentada con firmeza y determinación.

 A nadie le queda ya la duda de que en la coyuntura económica actual muchas empresas tienen dificultades tanto para renovar los créditos concedidos por los bancos en el pasado como para acceder a nueva financiación bancaria, algo que puede llegar a colapsar su actividad, y proyecta una nueva perspectiva sobre el proceso de negociación bancaria. Las entidades de crédito no son proclives a prestar fondos y lo cierto es que, como en casi todo problema que se llegue a plantear, este comportamiento parece responder a diversos factores que deben ser analizados.

 En primer lugar, pienso que los bancos no conceden crédito a las empresas por sus propios problemas de vencimientos de deuda. En España con los fuertes crecimientos de la actividad en los ejercicios económicos previos a la crisis que demandaban financiación, sobre todo en el sector inmobiliario, y una vez que el grifo del préstamo nacional se agotó, hubo de recurrirse a los prestamistas internacionales y ese dinero, ahora que el ciclo ha cambiado, debe ser devuelto a sus propietarios de forma prioritaria.

En segundo lugar, los bancos no dan crédito a las empresas porque piensan que éstas no van a poder devolvérselos debido a su falta de actividad, y a los problemas que ello acarrea en cuanto a su viabilidad como proyecto económico. Al final se trata de un círculo vicioso que nos conduce a la situación que estamos viviendo.

Con este panorama la negociación bancaria es un proceso que presenta una complejidad extraordinaria convirtiéndose, más que nunca, en un factor estratégico para la empresa. Fundamentalmente la gestión en esta materia deber ir encaminada a asegurar la liquidez en la compañía que permita su normal desarrollo. Ante los proveedores de crédito y en todo el proceso de negociación bancaria hemos de mostrar visibilidad de solvencia, es decir, tratar de demostrar, en la medida de lo posible, que nuestra empresa sobrevivirá a la crisis. Para ello resulta muy importante la cantidad y calidad de la información que se presenta al banco y la forma en que se entrega (con transparencia, sin retrasos cuando la petición sea razonable, etcétera). Debemos pensar que la información aportada influye tanto en el volumen de crédito que puede obtenerse como en su precio. En este sentido,  la obtención del riesgo crediticio en el proceso de negociación bancaria es prioritaria, quedando la negociación de su coste en un plano secundario. No estoy diciendo que nuestra gestión no vaya encaminada a tratar de lograr el mejor precio, algo que como la valentía en el soldado se da por hecho, sin embargo, debemos tener presente que obtener el crédito del banco ahora es lo fundamental.

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