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Mi amigo Juan y los informes investigados

Mario Cantalapiedra – Economista

Mi amigo Juan es responsable financiero de una pequeña y mediana empresa española del sector industrial, que no sin mucho esfuerzo está capeando el temporal de la crisis. Hace unos días Juan recibió la visita de una entidad especializada en elaborar información de tipo comercial, la cual, al parecer, está recabando datos sobre ellos. El representante de dicha entidad le comentó que ellos ofrecen a sus clientes lo que denominan “informes investigados”, a través de los cuales complementan los datos sobre las empresas inscritos en los registros públicos con entrevistas personales con sus responsables y datos actualizados que, de forma voluntaria, éstos les quieran proporcionar, fundamentalmente de índole financiera. Entre otros aspectos, estas entrevistas personales permiten confirmar que la empresa existe y que se encuentra activa más allá de lo que los registros públicos, con el retardo que los caracteriza, puedan decir.

A Juan la primera reacción que le proporcionó esta oferta es de rechazo: “¿por qué voy a dar yo datos de mi empresa de forma voluntaria a estos señores? Nada, me obliga a ello. Bastante tengo ya con toda la información que tengo que entregar, sí o sí, a organismos públicos y entidades financieras para encima tener que proporcionarla de forma voluntaria”.

Pero Juan enseguida recordó la anécdota de un colega suyo que hace poco le comentaba como habían recibido la negativa de venta de un material por parte de un cliente, porque según éste su compañía de seguro de crédito había rechazado la operación. Por lo que se ve la falta de información actualizada sobre la empresa del colega de Juan podía haber actuado en su contra, dado lo inestable que es el sector en el que se encuentra, y lo cierto es que el pedido era importante para ellos, ya que no es nada sencillo encontrar proveedores de ese material en España.

Ante esta disyuntiva Juan duda qué hacer, puesto que no quiere que su empresa pueda atravesar una experiencia similar a la de su colega. Lo cierto es que aunque los números del balance y de la cuenta de pérdidas y ganancias se han visto algo resentidos por la crisis y no son los de hace cuatro años, siguen teniendo un aspecto muy saludable y, lo que es más importante, buenas perspectivas futuras. “Si tengo buenos datos ¿por qué ocultarlos, si pueden favorecer a mi empresa?” En estas cábalas dejé al bueno de Juan el otro día, tengo que llamarle para saber qué decidió hacer finalmente.

Siete medidas para controlar la morosidad

Mario Cantalapiedra – Economista

Mi último post de este año tan convulso que ahora toca a su fin, deseo dedicarlo a la noble tarea de resumir algunos de los aspectos fundamentales que hemos visto en el blog a lo largo del ejercicio. Siete medidas prácticas, referencia premeditada a número bíblico donde los halla, que pueden ayudarnos a luchar contra la lacra de la morosidad:

 

  1. Investigar a los clientes a través de las distintas fuentes de información existentes, acudiendo en los casos que, por la importancia relativa del comprador, se considere oportuno, a informes investigados que complementan la información de los registros públicos con entrevistas a los propios responsables de las empresas.
  2. Utilizar herramientas de protección contra el impago de los clientes como el seguro de crédito, planteándose esta opción en términos de coste de oportunidad, es decir, comparando el coste de cobrar las facturas de clientes con el de no hacerlo.
  3. Acogerse a la alternativa del arbitraje para resolver los conflictos en el pago de las facturas que puedan surgir. Si se opta por esta fórmula, incluirla de forma expresa en el clausurado del contrato que se firme con el cliente previamente a establecer la relación comercial.
  4. Si se contratan los servicios de empresas especializadas en el recobro de facturas, buscar entidades que acrediten pruebas de actuar dentro de la legalidad, y de forma ética, tanto a la hora de reclamar la deuda al moroso como en el momento de entregarnos las cantidades que recuperen.
  5. Incluir en los contratos que se firmen con el cliente, previos a la venta, una cláusula de reserva de dominio sobre los bienes objeto de transmisión. A la hora de emitir las facturas incluir “al dorso” un texto que reproduzca las condiciones de pago, el cual especifique además dicha reserva de dominio.
  6. Aplicar los intereses de demora previstos por la legislación (Ley 3-2004) contra la morosidad, los cuales surgen automáticamente si el cliente no paga el día de vencimiento sin necesidad de aviso ni requerimiento previo.
  7. Denunciar las cláusulas abusivas sobre fechas de pago o intereses de demora que difieran de lo expuesto en la legislación contra la morosidad vigente, a través de las asociaciones, federaciones o corporaciones de empresarios, profesionales o autónomos a las que podamos pertenecer.

Con este resumen sólo me queda desearos a todos los que seguís este blog Feliz Navidad y próspero 2011, si es posible….”sin clientes morosos”.