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Las “fintech” más cerca de poder probar sus negocios de forma controlada en España

Mario Cantalapiedra – Economista

De forma recurrente se alude a la dificultad que representa para el regulador legislar sobre aquellos negocios innovadores relacionados con el mundo digital que continuamente están apareciendo en el mercado. Van tan rápidos que es difícil seguirles la pista. Además no les queda otra que ir rápido, ya que la globalización lleva a que la competencia pueda venirles desde cualquier parte y hacer que pierdan su ventaja competitiva si se paran.

El problema que subyace aquí es el de ser capaces de aunar los intereses de las empresas que ofrecen productos y servicios innovadores a través de internet, los de los clientes que los contratan y los del legislador que tiene la tarea de supervisar y regular la transacción económica, entendiendo cómo funcionan estos negocios. Es muy difícil regular un zapato si nunca has visto uno. La solución parece estar en el llamado “sandbox” o entorno de pruebas controlado, que precisamente ayer fue aprobado por el Gobierno español, en concreto para que prueben dentro de él sus modelos de negocio las empresas que ofrecen innovaciones financieras de base tecnológica, es decir, las empresas “fintech”.

En principio, España debía ser uno de los países pioneros en la introducción de un sandbox para las fintech, pero la parálisis política que hemos sufrido en los últimos tiempos ha hecho que otros se nos adelanten. Lejos de nuestras latitudes encontramos ejemplos de estos entornos controlados en el sector financiero en Singapur o en Malasia, pero también los encontramos cerca de nuestras fronteras en Dinamarca, Países Bajos o Reino Unido.

El sandbox aprobado ayer, que ahora tiene que pasar el pertinente trámite parlamentario antes de verse reflejado en una ley, pretende introducir condiciones seguras en las que las fintech prueben sus productos y servicios con las máximas garantías para los usuarios. De este modo, los que participen en las pruebas tendrán que prestar su consentimiento expreso, los promotores de los proyectos deberán disponer de garantías para cubrir posibles daños o perjuicios y el proyecto deberá contar con el seguimiento y diálogo continuo con la correspondiente supervisor financiero, que dependiendo de la naturaleza del negocio fintech, podrá ser el Banco de España (BdE), la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) o la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (DGSFP).

La previsión del Gobierno apunta a que los primeros proyectos de este entorno controlado puedan ver la luz antes de que finalice 2020. No es la mejor de las previsiones, pero después de la parálisis de la que venimos, no parece ser una mala noticia para el sector fintech español.

Recomendaciones de la CNMV a la hora de solicitar servicios “fintech”

Mario Cantalapiedra – Economista

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) acaba de publicar una guía en la que informa al público en general sobre el fenómeno fintech que, en su opinión, “hace referencia a todas aquellas actividades que impliquen el empleo de la innovación y los desarrollos tecnológicos para el diseño, oferta y prestación de productos y servicios financieros”.

En esta guía, además de tratar los tipos de fintech (verticales) que pueden existir en función de los productos o servicios ofertados o del modelo de negocio, se aborda un asunto muy interesante como es el de los aspectos que deben tenerse en cuenta a la hora de solicitar los servicios fintech. En concreto, la CNMV detalla los 6 siguientes:

  1. Las actividades realizadas por las fintech, al igual que las que realizan las entidades financieras tradicionales, tienen sus riesgos. De hecho, desde el organismo supervisor se destaca como este tipo de empresas se enfrentan a riesgos específicos al utilizar tecnologías que pudieran no estar todavía suficientemente maduras o al ofrecer modelos de negocio disruptivos.
  1. En las actividades realizadas por empresas fintech, es de suma importancia la seguridad de los datos almacenados de sus clientes. Por este motivo, la CNMV señala que deben contar con medidas de protección suficientes.
  1. Los servicios prestados por las empresas fintech resultan muy atractivos porque ofrecen entornos sencillos y fáciles de utilizar y simplifican la gestión de las finanzas personales. No obstante, su utilización debe ir acompañado del correspondiente conocimiento del servicio o producto que se desea contratar y de las ventajas y riesgos asociados al mismo. Los avances tecnológicos no deben considerarse como un sustituto de la educación financiera.
  1. Antes de contratar los servicios de una empresa fintech, es necesario comprobar que cumple con todos los requisitos legales para prestar su actividad y que, en su caso, cuenta con la correspondiente autorización. Por ejemplo, si es una plataforma de crowdlending que intermedia préstamos ha de contar con la oportuna autorización de la CNMV, previo informe del Banco de España. El problema se da con aquellas modalidades fintech, como por ejemplo la financiación mediante el anticipo de facturas o pagarés (invoice trading), que de momento no cuentan con regulación específica.
  1. La utilización de big data por parte de las empresas fintech facilita que los servicios que ofrecen sean cada vez más personalizados. Según la CNMV, esta personalización puede dificultar la comparación entre servicios e inducir al cliente o potencial cliente a tomar decisiones de inversión condicionadas excesivamente por las preferencias marcadas.
  1. Por último, se nos recomienda desde el organismo supervisor que antes de contratar los servicios de una empresa fintech, nos informemos sobre el uso que va a realizar de nuestros datos.

Europa pierde fuelle en el camino de la innovación

Mario Cantalapiedra – Economista

Las patentes son derechos exclusivos que se conceden a personas físicas o jurídicas sobre productos o procesos que ofrecen nuevas manera de hacer algo o nuevas soluciones técnicas a un problema. Son otorgadas por oficinas nacionales o regionales, que las conceden en nombre de varios países como es el caso, por ejemplo, de la Oficina Europea de Patentes (OEP). Gracias a las patentes, los titulares del derecho pueden autorizar a terceros la utilización de la invención o ceder el derecho a la misma si llegan a un acuerdo. Cuando vence la patente (habitualmente a los 20 años), la invención pasa a dominio público y puede ser explotada comercialmente por cualquier persona.

Desde esta perspectiva, protegen invenciones que de ser introducidas en el mercado se convierten en innovaciones, de tal modo que el número de patentes que se concede a una empresa o a un país es considerado un indicador significativo de su capacidad de innovación.

Pues bien, según los datos recientemente publicados por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), con sede en Ginebra, en 2018 se presentaron 3,3 millones de solicitudes de patentes a nivel global, lo que supone un aumento del 5,2 por ciento con respecto al ejercicio anterior, en una serie de nueve años consecutivos de aumento. Tras estas cifras existe un principal protagonista como es China, cuya oficina nacional concentró el pasado año nada más y nada menos que 1,54 millones de solicitudes de patente, el equivalente al 46,4 por ciento del total. Tras el gigante asiático, se situaron en el top ten las oficinas de Estados Unidos (597.141), Japón (313.567), Corea del Sur (209.992), OEP (174.397), Alemania (67.898), India (50.055), Rusia (37.957), Canadá (36.161) y Australia (29.957), siendo muy significativo el crecimiento interanual de India con un 7,5 por ciento más de solicitudes.

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Resulta llamativo que un país como Corea del Sur, cuya economía ocupa actualmente el puesto once por volumen del producto interior bruto (PIB), concentre en su oficina nacional un número mayor de solicitudes de patente que la OEP, o tres veces más que la oficina alemana. Teniendo en cuenta también los datos de Japón y el crecimiento comentado de India, parece que el mundo de la invención, y por consiguiente de la innovación, se está concentrado en Asia. En este sentido se pronunció Francis Gurry, director general de  la OMPI, durante la presentación de los datos a los medios de comunicación: “China concentra casi la mitad de las solicitudes de patente, y la India registra también incrementos notables. Asia se ha convertido en uno de los centros de innovación a nivel mundial”. Y yo me atrevería a añadir que Europa en este camino de la innovación se está quedando atrás.

Facebook y sus socios quieren reinventar el dinero

Mario Cantalapiedra – Economista

Facebook y otras 27 compañías acaban de presentar Libra, la criptomoneda que tienen pensado lanzar al mercado a partir de 2020 y que, en su opinión, permitirá a los usuarios, especialmente a los que no disponen de cuenta bancaria, pero sí de cuenta en Facebook o acceso a WhatsApp, realizar transacciones financieras. Desde un país como España, donde la mayoría de la población adulta tiene cuenta bancaria, nos pueda resultar extraño que a nivel global, y según los datos del Banco Mundial, existan 1.700 millones de adultos sin acceso a servicios bancarios, a pesar de que dos tercios de ellos (alrededor de 1.100 millones) posean teléfono móvil, y casi 500 millones dispongan de acceso a internet. Por lo que parece, Facebook y sus socios han detectado en esta población un importante nicho de mercado al que acceder reinventando el dinero a través de Libra.

Una criptomoneda es un tipo de moneda virtual que, según el Banco Central Europeo (BCE), es una unidad de valor digital que puede ser intercambiada electrónicamente, pero que no tiene existencia física. Como el resto de criptomonedas, Libra está basada en la tecnología blockchain (cadena de bloques), una red descentralizada de equipos informáticos en las que operaciones se validan por el consentimiento de la mayoría. El BCE considera que las criptomonedas en general y el bitcoin en particular (la más famosas de ellas hasta la fecha) son activos especulativos, es decir, apuestas para obtener un beneficio en el que existe el riesgo de perder lo invertido, pero no las considera monedas y para ello utiliza los cuatro argumentos siguientes, a los que deberá hacer frente Libra:

No cuentan con respaldo público

Las criptomonedas no son emitidas por una autoridad pública central. El BCE te garantiza que el billete de cinco euros que llevas en el bolsillo te da derecho a pagar con él en cualquier lugar de la zona euro, pero Libra no tendrá ese respaldo público detrás, y sí en cambio el de compañías privadas con ánimo de lucro. Hoy por hoy, este argumento parece difícil de superar.

No son medios de pago generalmente aceptados

El BCE considera que si las criptomonedas fueran monedas podrían utilizarse en cualquier parte, no solo en internet o en las redes sociales. En cualquier caso, una moneda se basa en la confianza que le otorgan aquellos que la intercambian, ¿y quién dice que no hay gente, sobre todo entre las generaciones más jóvenes, dispuesta a confiar más en Facebook y su Libra que en las monedas “tradicionales”?

Los usuarios no están protegidos

Si piratas informáticos robaran las Libras que tuvieras en tu ordenador, no existiría una protección legal detrás. Quizás este argumento se pueda vencer con algún tipo de cobertura del riesgo.

Su volatilidad es muy elevada

En principio una moneda, más allá de situaciones puntuales como la del bolívar venezolano, debe ser un depósito de valor fiable que oscile dentro de unos parámetros razonables. Las criptomonedas, por ejemplo el bitcoin, suelen sufrir variaciones hacia arriba o hacia abajo muy importantes en pocos días. En este sentido, y por lo que se sabe hasta ahora, Libra estará respaldada por una reserva de activos financieros de baja volatilidad que incluirá depósitos bancarios y títulos de deuda pública en monedas de bancos centrales estables y de buena reputación. Esto es una diferencia importante con respecto a la mayoría de las criptomonedas, bitcoin incluido, que existen en la actualidad.

Como puedes ves los interrogantes son todavía muchos, pero solamente comprobar las compañías que además de Facebook están en este proyecto (Mastercard, VISA, Paypal, Uber, eBay, Spotify, Vodafone, etcétera), confirma que algo importante se está moviendo en el mundo financiero con Libra y que deberemos estar muy atentos.

¿Son fáciles de regular los modelos de negocio “fintech”?

Mario Cantalapiedra – Economista

Los avances tecnológicos han posibilitado la aparición de empresas fintech que ofrecen nuevos servicios financieros o satisfacen las necesidades financieras de sus clientes de forma diferente a las entidades financieras que podríamos denominar “tradicionales”. Desde el seno de estas empresas se suele acusar a los reguladores de no entender su negocio y de no saberlo regular. ¿Pero realmente las fintech son fáciles de regular? Yo creo que no.

Si de intentos internacionales de regulación hablamos, la posición de la Comisión Europea sobre fintech se basa en los principios de neutralidad tecnológica, por el que actividades similares han de estar sujetas a las mismas reglas independientemente de quién sea su proveedor; de proporcionalidad, por el que se han de tener en cuenta modelo de negocio, tamaño, importancia sistémica, complejidad y actividad transfronteriza de las entidades proveedoras, y de integridad del mercado, por el que la aplicación de tecnologías a los servicios financieros debe promover una mayor transparencia del mercado en beneficio de los consumidores  y empresas, sin crear riesgos injustificados (cibernéticos, de abuso de mercado, etc.). Tener en cuenta estos tres principios parece tener sentido si se quiere regular “bien” este fenómeno.

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Con respecto al principio de neutralidad, para el regulador financiero no resulta sencillo ni definir el propio ámbito de aplicación de la norma. La innovación financiera ha permitido la aparición de nuevos modelos de negocio que descomponen la cadena de valor bancaria tradicional y se especializan en aquello donde consideran que pueden ser más eficientes (pagos, préstamos, etc.), segmentando la cadena tradicional, pero inclusive está permitiendo la aparición de nuevas cadenas de valor donde los proveedores no solamente prestan servicios financieros. En este contexto, se hace muy difícil definir una norma que cubra todas las posibilidades.

De igual modo, para el regulador no es fácil abordar el principio de proporcionalidad en un entorno en el que gracias a la tecnología se difuminan los ámbitos geográficos en los que las fintech prestan sus servicios.

Por último, los riesgos que pueden traer estos negocios han de ser afrontados desde una perspectiva global y de cooperación entre organismos reguladores a nivel internacional, teniendo en cuenta aspectos tales como la privacidad de la información, la defensa de la competencia o la seguridad frente a las amenazas cibernéticas.

Si la consolidación del modelo de negocio de las fintech pasa en gran parte por el método de prueba y error, parece que el regulador también necesita de entornos de pruebas controlados (sandbox) para conocer mejor el fenómeno antes de regularlo. Eso sí, mientras si se decide o no a lanzar el sandbox, la innovación en un mundo globalizado no espera

Foto: fancycrave1

 

 

El proceso de reconversión de la oficina bancaria

Mario Cantalapiedra – Economista

A finales de 2018 se volvió a confirmar la tendencia al cierre de oficinas bancarias en España que venimos arrastrando desde 2009. En concreto, el pasado ejercicio cerró con 26.166 oficinas, un 4,78 por ciento menos que en 2017, según los datos ofrecidos por el Banco de España. Del total de oficinas contabilizado por el organismo supervisor, 26.011 corresponden a entidades de depósito (bancos, cajas de ahorro y cooperativas de crédito), 154 a establecimientos financieros de crédito y 1 al Instituto de Crédito Oficial (ICO).

La oficina bancaria ha sido hasta ahora la dependencia que las entidades financieras han utilizado como principal canal de distribución de sus productos, pero, ¿lo seguirá siendo en el futuro? Lo cierto es que los bancos han de redefinir el papel de sus sucursales en un contexto caracterizado por el ajuste de costes al que todavía se ven obligados y por la presencia creciente de competidores digitales que proveen servicios financieros únicamente a través de internet. La oficina bancaria, como tantos otros espacios físicos que utilizan otras empresas para desarrollar su actividad, ha de transformarse para que realmente siga ofreciendo valor añadido a una clientela que cada vez es más digital. En este sentido, están apareciendo propuestas que tratan de aportar valor a la oficina física. Por ejemplo, en España ya puedes encontrar oficinas bancarias innovadoras donde se comercializan electrodomésticos o aparatos electrónicos con condiciones preferentes de financiación, o donde los profesionales pueden acceder a espacios de coworking en los que trabajar y conectar con otros profesionales. En la medida que las operaciones más habituales que hacemos con los bancos, como realizar una transferencia o pagar un impuesto, son relativamente fáciles de ejecutar a través de internet, el concepto de oficina bancaria tiene que evolucionar para que sea un lugar atractivo donde acudir. Seguramente en el futuro tendremos menos oficinas bancarias y las que sobrevivan serán muy diferentes de las que conocemos hoy.

 

Evolución del número de oficinas bancarias en España (2007-2018)

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Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Banco de España.

27 plataformas de financiación participativa autorizadas por la CNMV

Mario Cantalapiedra – Economista

El registro oficial de plataformas de financiación participativa (PFP) de la Comisión Nacional de Mercado de Valores (CNMV) cuenta actualmente con 27 plataformas autorizadas para operar en España, las cuales tienen por objeto poner en contacto, de manera profesional y a través de páginas web u otros medios electrónicos, a una pluralidad de inversores (personas físicas o jurídicas) que ofrecen financiación a cambio de un rendimiento dinerario, con personas físicas o jurídicas (promotores) que solicitan financiación en nombre propio. Es lo que en inglés se conoce como “crowdfunding”, y que en España el legislador ha decidido denominar “financiación participativa”. A través de este registro oficial, las partes intervinientes en este mecanismo de financiación innovador (inversores, promotores, y las propias PFP) disfrutan de una mayor seguridad jurídica.

En el registro de la CNMV puedes encontrar los siguientes tipos de plataformas en función de cuáles sean los instrumentos utilizados en los proyectos que promueven:

  • De valores (obligaciones, acciones ordinarias y privilegiadas u otros valores representativos del capital de las empresas).
  • De participaciones de sociedades de responsabilidad limitada (SRL).
  • De préstamos.

En el cuadro adjunto puedes ver la relación actualizada de las PFP con las modalidades en las que están autorizadas en cada caso, que pueden ser más de una.

Registro oficial plataformas de financiación participativa (PFP)Imagen1Fuente: Elaboración propia a partir del registro oficial de la CNMV.

Nuevos servicios de pago asociados al fenómeno “open banking”

Mario Cantalapiedra – Economista

El Real Decreto-ley 19/2018, de 23 de noviembre, de servicios de pago y otras medidas urgentes en materia financiera, ha regulado por primera vez en España dos nuevos servicios de pago (de iniciación de pagos y de información sobre cuentas), que se vienen a unir a los ya conocidos de adeudos domiciliados, tarjetas, transferencias, etcétera. Con esta regulación se transpone de forma parcial al ordenamiento jurídico español la Directiva (UE) 2015/2366 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de noviembre de 2015, sobre servicios de pago en el mercado interior, comúnmente conocida como PSD2. Esta Directiva obliga a las entidades financieras a poner los datos de las cuentas de sus clientes a disposición de terceros mediante programas informáticos que actúan de conectores entre bancos y dichos terceros. Es el fenómeno que se conoce como “open banking” o banca abierta.

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El desarrollo tecnológico está permitiendo la proliferación de nuevas iniciativas que tratan de facilitar la vida a los usuarios de servicios financieros, basadas en gran medida en la utilización de sus datos, y que los poderes públicos tratan de entender y regular. En este sentido, si los datos de los clientes bancarios se pueden poner a disposición de terceros, dejan de pertenecer al banco para ser propiedad de los propios clientes, los cuales libremente deciden si permiten o no que terceras empresas accedan a ellos.

En concreto los dos nuevos servicios de pago regulador por el RDL 19/2018 son los siguientes:

En primer lugar, el servicio de iniciación de pagos, el cual permite a la persona que adquiere bienes o servicios a través de internet pagarlos sin tener que utilizar una tarjeta de crédito o de débito. El pago se realiza a través de un tercero (proveedor de servicios de iniciación de pago) que accede a la cuenta de pago del comprador, previa autorización de este, e inicia la transferencia instantánea del dinero en su nombre.

En segundo lugar, el servicio de información sobre cuentas permite que los clientes de las entidades financieras consulten en línea la información que tienen a su nombre en una o más entidades de forma agregada, sin tener que acceder a cada una de ellas, con lo que se facilita el control global de sus finanzas.

Es importante señalar que la prestación de los dos servicios anteriores no está supeditada a que exista una relación contractual entre banco y tercero prestador del servicio. Es, por tanto, un derecho que el legislador reconoce al usuario.

El “sandbox”, más cerca de ser una realidad en España

Mario Cantalapiedra – Economista

El Consejo de Ministros del pasado viernes 22 de febrero, aprobó el Anteproyecto de Ley para la Transformación Digital del Sistema Financiero presentado por el Ministerio de Economía y Empresa, y en el que se incluye la creación del famoso sandbox tan demandado por el sector fintech en España. No obstante, al tratarse de la aprobación de un Anteproyecto de Ley, todavía le queda recorrido hasta que pueda convertirse en una realidad, condicionada esta en cualquier caso por la incertidumbre política que vive nuestro país.

El sandbox se prevé como un entorno controlado en el que puedan probarse innovaciones tecnológicas en el ámbito financiero (fintech) antes de su comercialización, bajo la vigilancia de los supervisores públicos (Banco de España, Comisión Nacional del Mercado de Valores y Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones), y con las máximas garantías para los participantes.

Con el sandbox se pretende facilitar el proceso de transformación digital tanto de actores públicos como privados, facilitando el proceso innovador con el fin de lograr un mejor acceso a la financiación de los sectores productivos, unos servicios financieros más eficientes y una mayor captación de talento en un entorno internacional altamente competitivo, donde los mejores profesionales acuden allí donde encuentran mayores posibilidades de desarrollo. Desde el punto de vista de lo público, el sandbox ha de utilizarse especialmente para mejorar la supervisión y acompasar la legislación financiera con la transformación digital. El mundo de la innovación financiera va tan rápido que al legislador le cuesta mucho entenderlo, y si no lo entiende, difícilmente puede regularlo adecuadamente.

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Según informa el Ministerio de Economía y Empresa, el acceso al sandbox se realizaría a través de un sistema de ventanilla única para la presentación de proyectos por parte de empresas tecnológicas, entidades financieras, centros de investigación u otros promotores. Los proyectos deberán encontrarse suficientemente avanzados y demostrar que aportan valor añadido en aspectos tales como la mejora del cumplimiento normativo y de la protección a la cliente, el aumento de la eficiencia o la mejora de la calidad en la prestación de servicios financieros.

El Anteproyecto aprobado incluye otras medidas como la aplicación del principio de proporcionalidad entre actividades y riesgos en el ámbito financiero, para garantizar que los requisitos exigidos son proporcionales a los riesgos asociados a cada actividad, asegurando igualdad de trato a todos los promotores.

En cuanto a la duración prevista para el sandbox en principio será de un año, tal como se desprende de las palabras pronunciadas por la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros: “en este campo de pruebas estaremos un año y a partir de ahí se evaluarán los resultados”.

Foto: palichka

La “coopetición” entre “fintech” y banca en el nuevo ecosistema financiero

Mario Cantalapiedra – Economista

El término “coopetición”, acuñado por los autores Adam Brandenburger y Barry Nalebuff en 1996, se utiliza para designar la combinación de las ventajas de la competencia y de la cooperación en una nueva dinámica de gestión empresarial, la cual puede utilizarse tanto para generar más beneficios como para cambiar la naturaleza del entorno empresarial a favor de los que la practican.

Coopetición es un término que se está utilizando mucho para describir el nuevo ecosistema financiero que está surgiendo con la entrada en el mercado de las fintech, empresas de nueva creación con fuerte base tecnológica que, en principio, vienen a disputar el mercado a las entidades financieras tradicionales. Lo que ocurre es que a estas startups que en su ADN llevan implantada la orientación al cliente, les faltan precisamente los clientes que atesoran las entidades tradicionales desde hace años. Igualmente, estos emprendedores que se caracterizan por la sencillez y transparencia en sus operaciones todavía son poco conocidos por la gran masa, y no han tenido tiempo de generar la confianza que muchos depositan en la banca tradicional, establecida en base a una relación prolongada en el tiempo. Por otro lado, a la banca le puede venir muy bien el conocimiento tecnológico y la cultura del cambio que aportan las fintech, por lo que la complementariedad parece posible. Inclusive aparece un tercer actor, como es el regulador, que alcanza claramente a la banca pero al que le cuesta entender a las fintech. Luego dentro de este ecosistema financiero en plena transformación, parece que cobra sentido la coopetición entre banca, fintech, e inclusive regulador, con el fin de establecer las nuevas reglas del juego financiero. Banca y fintech tienen seguramente más por construir y compartir que por enfrentarse en la captación de clientes.

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Esta idea general de colaboración cuenta ya con ejemplos concretos en el mercado. Recientemente una de las principales plataformas de crowdlending (financiación participativa a través de préstamos) registrada en la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores), ha llegado a un acuerdo con un banco español mediante el cual este le deriva clientes bajo determinadas circunstancias. Por política interna, la entidad de crédito no puede acumular riesgos (créditos, préstamos, etcétera) con un cliente por encima del 25 por ciento de su CIRBE (Central de Información de Riesgos del Banco de España, en la que se registran los riesgos que las entidades financieras acumulan con sus clientes), es decir, aunque el cliente muestre capacidad de devolución de los fondos prestados, el límite no se supera. En este caso, la entidad financiera deriva el cliente que le solicita más financiación a la plataforma fintech colaboradora, con lo cual se le da una solución.

Foto: Tumisu

 

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