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¿Cuándo se presentan los libros oficiales de contabilidad?

Mario Cantalapiedra – Economista

Uno de los comentarios al post que escribí sobre el calendario de las cuentas anuales me invitaba a hablar muy oportunamente, dicho sea de paso, sobre las fechas límites de legalización de los libros contables obligatorios, a las que me referiré a continuación.

Recordemos, en primer lugar, que el Código de Comercio, en su artículo 25, recoge los libros registros obligatorios que han de llevar los empresarios en materia contable: “Todo empresario deberá llevar una contabilidad ordenada, adecuada a la actividad de su Empresa que permita un seguimiento cronológico de todas sus operaciones, así como la elaboración periódica de balance e inventarios. Llevará necesariamente, sin perjuicio de lo establecido en las leyes o disposiciones especiales, un libro de Inventarios y Cuentas anuales y otro Diario.”

En el libro Diario se registrarán, día a día, todas las operaciones relativas a la actividad de la empresa, aceptándose la anotación conjunta de las operaciones por períodos no superiores al mes, a condición de que su detalle aparezca en otros libros o registros. En su estructura deberán figurar los siguientes datos: fecha de operación, número de apunte, número de asiento, concepto, código de cuenta y cargo o abono correspondiente.

Por su parte, en el libro de Inventarios y Cuentas anuales se registrarán el balance de situación inicial detallado de la empresa, los balances trimestrales de comprobación de sumas y saldos, el balance de cierre de ejercicio y las cuentas anuales. El balance de comprobación de sumas y saldos se compone de las sumas de todos los cargos por un lado, y abonos por otro, realizados en las cuentas con movimiento dentro del período correspondiente. El total de estas sumas ha de ser igual entre sí y coincidir con las sumas del libro Diario. Una vez que se han cuadrado las sumas de los apuntes, se calculan los saldos deudores y acreedores de las cuentas, debiendo coincidir, a su vez, la suma de todos los saldos deudores con la de todos los acreedores. Por tanto, este balance tiene por objeto controlar los apuntes contables realizados.

El libro Diario y el libro de Inventarios y Cuentas anuales son obligatorios para todas las sociedades mercantiles y para algunos empresarios individuales, dependiendo del régimen fiscal del IRPF que se les aplique, y deben ser legalizados en el Registro Mercantil. Si se llevan en soporte informático, lo habitual en nuestros días, se han de legalizar antes de que transcurran los cuatro meses siguientes desde la fecha de cierre de ejercicio. Es decir, si cerramos el 31 de diciembre, tendremos hasta el 30 de abril del año siguiente para hacerlo.

Por último, no querría dejar de referirme a un tema que suele generar controversia sobre las Cuentas anuales que hay que presentar dentro de los libros oficiales. Lógicamente si la fecha límite para los libros es el 30 de abril, las Cuentas anuales no podrán ser las definitivas aprobadas por la Junta que se celebrará en junio, sino las provisionales formuladas por los administradores que se someterán a posterior estudio y aprobación.

¿Qué ocurre cuando no coinciden datos contables y fiscales?

Mario Cantalapiedra – Economista

En el anterior post repasé algunos de los controles concretos que realizan las entidades que se dedican a analizar la información contable de la empresa, para comprobar que lo que en ella se muestra es verídico. Siguiendo en esta línea, me gustaría comentar los aspectos que se analizan, sobre todo por parte de los bancos, cuando le llegan balances de una empresa internos, desarrollados a partir de la contabilidad de la empresa con carácter previo a los ajustes de tipo fiscal, y oficiales, que se presentan ante la Administración Tributaria una vez ajustados extracontablemente.

Las diferencias que puedan producirse, en su caso, entre datos contables internos y oficiales o fiscales normalmente se analizarán de forma detallada, comprobando si se deben al diferente tratamiento otorgado a algunas partidas entre la legislación fiscal y la contable o, por el contrario, persiguen ocultar alguna información relevante sobre la empresa. Ni que decir tiene que, en el primer caso, no debería haber problema, mientras que en el segundo, el analista desconfiará de lo que la empresa le presenta con lo que ello puede acarrear. Los datos contables serán de confianza para el analista en la medida que se ajusten a los criterios de contabilidad aceptados. Y con respecto a los ajustes, en los siguientes cuatro casos las diferencias entre datos contables y fiscales podrán estar justificadas:

  • Gastos que se imputan en la cuenta de pérdidas y ganancias de la empresa, pero que fiscalmente no se consideran deducibles, como puede ser el pago de una multa o de una sanción, o los gastos que representan retribución de los fondos propios de la empresa.
  • Desgravaciones de tipo fiscal que modifican la base imponible del impuesto pero no así el resultado contable, como es el caso de una deducción fiscal a la que tengamos derecho por algún tipo de inversión realizada.
  • Gastos que se contabilizan antes de que puedan computarse fiscalmente, como ocurre con una dotación contabilizada para la cobertura del riesgo derivado de la posible insolvencia de un cliente, que no es deducible por no cumplirse los plazos previstos en la legislación fiscal.
  • Gastos que se declaran fiscalmente antes de que sean contabilizados, como ocurre en el caso de la amortización fiscal acelerada que se permite a los bienes objeto de leasing o arrendamiento financiero.

 Las diferencias por tanto deben estar motivadas y explicadas con total claridad. En este sentido, los ajustes extracontables, además de incluirse en la declaración del Impuesto sobre Sociedades, deberán detallarse dentro de la memoria de las cuentas anuales, de ahí que los analistas de la información de la empresa también revisen este documento para cerciorarse de que todo está correcto.

Al banco le gustan las reservas

Mario Cantalapiedra – Economista

Una vez cumplida la obligación de dotar las reservas de tipo obligatorio (legal y, en su caso, estatutarias), la empresa puede optar con el beneficio restante entre repartir dividendos a los accionistas o dotar otras reservas, de tipo voluntario, las cuales serán de libre disposición, a diferencia del resto de reservas sobre las que recaen formalidades legales que dificultan su posterior aplicación.

Llegado a este punto hay empresarios que optan por acudir al reparto sistemático de los beneficios generados por su compañía, la “ordeñan” por decirlo de un modo coloquial, buscando una recompensa por el esfuerzo dedicado en la puesta en marcha y desarrollo del negocio, algo que, hasta cierto punto, parece razonable. No obstante, la experiencia demuestra cómo ante la llegada de periodos con dificultades como lo son los actuales, la probabilidad de supervivencia de una empresa puede depender directamente de las reservas que haya sido capaz de generar y acumular a lo largo de los ejercicios.

Una compañía que muestre una fuerte dependencia de la financiación ajena y no cuente con un nivel mínimo de reservas, puede enfrentarse a serios problemas para superar, por ejemplo, la liquidación de un cliente importante. En estos momentos de crisis donde es tan difícil obtener nueva financiación ajena o incluso renovar los créditos preexistentes, muchas empresas están teniendo que acudir necesariamente a fuentes de financiación propia para sobrevivir. Inclusive las entidades financieras valoran de forma muy positiva la dotación de reservas voluntarias por parte de los empresarios que les solicitan financiación, ya que, en cierto modo, supone convencerles de que están apostando por su propia empresa. Lo mismo podríamos decir de las ampliaciones de capital que consistan en nuevas aportaciones al patrimonio de la empresa.

Por tanto, no se trata de rechazar el reparto de dividendos, sino entender que el mismo debe estar condicionado a la existencia de una estructura financiera sólida que dependerá de las circunstancias singulares de cada empresa, pero que, en cualquier caso, deberá perseguir un correcto equilibrio entre las fuentes financieras propias y ajenas.

Pienso que una empresa que se encuentre en pleno proceso de desarrollo y esté generando resultados positivos, tiene la oportunidad de fortalecer sus recursos propios con la dotación de reservas voluntarias, así como de financiar la propia expansión. La mayor dificultad estriba en lograr que todos los accionistas de la empresa participen de esta mentalidad.

¿Puedo trabajar con un fondo de maniobra negativo?

Mario Cantalapiedra – Economista

Ahora que la liquidez se ha convertido en la reina de nuestra gestión, si es que no lo es siempre, conviene repasar aspectos referentes al ratio de liquidez (= Activo corriente / Pasivo corriente), aquel que mide la capacidad de nuestra empresa para atender sus compromisos con terceros a corto plazo.

En principio, para que una compañía no presente problemas de liquidez, este ratio habría de ser superior a la unidad, es decir, el activo corriente es superior al pasivo corriente. Pudiera pensarse que bastaría con que fuera igual a 1, no obstante, por lo general debe ser mayor porque en el activo corriente se incluyen partidas tales como los almacenes de la compañía que en algunos casos, no son fácilmente convertibles en dinero a corto plazo, que se lo digan si no a tantas empresas que en los últimos tiempos no han podido dar “salida” a sus existencias debido a la crisis económica. Si el ratio de liquidez es inferior a la unidad, y esta tendencia se mantiene en el tiempo, existen posibilidades de que la empresa tenga problemas para afrontar sus deudas a corto y se vea obligada a solicitar declaración de concurso, aunque, como muchos de vosotros ya estaréis pensando esta afirmación presenta sus matices.

En primer lugar, cuando el ratio de liquidez es superior a 1, una parte del activo corriente es financiada con recursos permanentes (fondos propios y fondos ajenos a largo plazo o pasivo no corriente), permitiendo la existencia de un colchón de liquidez en la empresa y dando lugar a lo que denominamos fondo de maniobra (positivo). Sin embargo, un fondo de maniobra positivo también supone unas mayores necesidades de financiación de los activos corrientes que no pueden ser cubiertas con los acreedores a corto. Entonces, ocurre con este fondo como con tantas otras cosas en la vida, es tan importante no pasarse como el quedarse corto, debiendo contar con un fondo adecuado para el sector en que nos movamos. Esto dicho así queda muy bien, pero ¿cuál es el fondo adecuado para mi sector? Bueno, una referencia que puede valernos es contar con uno que cubra, aproximadamente, el almacén medio de existencias, con él podemos trabajar relativamente tranquilos.

Pero ¿qué pasa si nuestro ratio de liquidez es inferior a la unidad? ¿significa automáticamente que tenemos problemas de liquidez? Pues depende. En muchas empresas de tipo comercial es habitual que el fondo de maniobra sea negativo (pasivo corriente superior al activo corriente), sin que ello signifique que tengan problemas de liquidez. Pensemos, por ejemplo, en el caso típico de una empresa del sector de distribución de electrodomésticos, la cual cobra al contado la mayor parte de sus ventas, y paga a una media de 90 días a sus proveedores, al mismo tiempo que mantiene unas existencias medias reducidas en almacén. En esta empresa su fondo de maniobra será negativo, tendrá, por consiguiente, un coeficiente de liquidez menor a 1, y, sin embargo, no sufrirá problemas de liquidez, puesto que los proveedores están “financiando su actividad”.

Contestando a la pregunta que encabeza el post, a veces es posible trabajar con un fondo de maniobra negativo sin que ello implique tener problemas de liquidez, recurriendo a la financiación que proporcionan los proveedores. De todos modos, cuidado con el recurso permanente a esta financiación, puesto que con la reciente aprobación definitiva de la modificación de la Ley 3/2004 contra la morosidad, ya no se va a poder pagar tan tarde ¿verdad?

¿Qué ocurre si no deposito mis cuentas anuales en el Registro Mercantil?

Mario Cantalapiedra – Economista

En cierto modo es lógico que alguien pueda tener la tentación de no depositar las cuentas anuales de su empresa en el Registro Mercantil, más aún en las circunstancias actuales donde la situación económica y financiera de muchas compañías no puede catalogarse precisamente de buena.

Si no depositamos estas cuentas debemos tener en cuenta una serie de consecuencias a las que nos podemos enfrentar, y que no me gustaría pasar por alto. En primer lugar, quisiera recordaros que la Ley obliga a los administradores de las sociedades mercantiles a presentar las cuentas anuales en el Registro Mercantil para su depósito y publicación, de forma que cualquier interesado pueda tener acceso a las mismas y conocer la evolución de la empresa. Luego la no presentación de cuentas, aparte del incumplimiento legal, el cual puede ser sometido a un régimen sancionador previsto en el artículo 221 de la Ley de Sociedades Anónimas, conlleva empeorar la imagen de la compañía frente a terceros, lo que puede repercutir en informes comerciales negativos, en la pérdida de nuevos clientes o contratos, o en la dificultad de acceder al crédito bancario.

Por otro lado, y según menciona el Reglamento del Registro Mercantil, la falta de depósito de las cuentas anuales transcurrido un año desde la fecha del cierre del ejercicio social, implica la imposibilidad de inscribir en dicho Registro ningún documento presentado con posterioridad, hasta que se practique el mismo. No obstante, hay una serie de documentos que se exceptúan de esta prohibición, como son los títulos relativos al cese o dimisión de administradores, gerentes, directores generales o liquidadores, y a la revocación o renuncia de poderes, así como a la disolución de la sociedad y al nombramiento de liquidadores y a los asientos ordenados por la autoridad judicial o administrativa. Cualquier otro documento referido a nuestra sociedad, por ejemplo, una disminución de capital o una modificación de nuestros estatutos, no podrá ser inscrito hasta que decidamos depositar las cuentas.

Pensemos también que cuando presentamos las cuentas anuales, el Registro Mercantil no suele validar el contenido de las mismas, limitándose a verificar las firmas de los administradores y algún otro aspecto formal. En las cuentas anuales que se presentan de forma telemática, algunos Registros Mercantiles sí suelen emitir una hoja de evaluación.

Luego después de repasar todos los argumentos expuestos mi recomendación es clara en el sentido de efectuar siempre el depósito de las cuentas, de tal modo que, si la empresa tiene problemas, deberemos buscar la solución por otra vía y no por la de ocultar la información de nuestras cuentas anuales.

Cuentas anuales depositadas en el Registro Mercantil por ejercicio contable

cuentas anuales depositadas en el registro mercantil

Fuente: Iberinform.

¡A girar más rápido la noria!

Mario Cantalapiedra – Economista

Las empresas podemos obtener rentabilidad a través de la aplicación de márgenes en el precio de nuestros productos o servicios, a través de la rotación de nuestro activo, o bien combinando los dos elementos anteriores.

La noria
La noria

La rotación del activo (= Ventas/Activo total) expresa la capacidad de una empresa para generar ventas con su inversión total. De este modo, la empresa más eficiente será aquella que, a igual activo o inversión, consiga un mayor volumen de ventas, su ratio de rotación del activo será mayor. Podremos aumentar el valor de esta rotación, dejando constante la inversión y elevando el nivel de ventas, logrando un aumento de las ventas mayor, en términos proporcionales, que el aumento de activo; o reduciendo el activo en una mayor proporción que lo que disminuyen las ventas.

Siempre me ha gustado la metáfora que equipara a la rotación del activo con una noria que, en función de las vueltas que dé, saca una cantidad determinada de agua de un pozo. De tal modo que si logramos aumentar el número de vueltas que da la noria por unidad de tiempo (se rota más rápidamente el activo en un período), la cantidad de agua extraída es muy superior (se aumentarán, de forma considerable, las ventas del período), logrando mayor eficiencia.

Por tanto, la rotación del activo es uno de los factores explicativos de la rentabilidad de una empresa, aunque como ya he apuntado no es el único, debemos tener también en cuenta el margen con el que vendemos. Un supermercado de alimentación establecerá un margen pequeño en el precio de los productos que comercializa, al mismo tiempo que rotará mucho la inversión (renovará constantemente sus existencias) para conseguir ser rentable. Sin embargo, una constructora que haga edificios rotará poco la inversión, aunque fijará un margen elevado en el precio de los edificios vendidos (si es que en la coyuntura actual consigue vender alguno, que eso ya es “harina de otro costal”). Entre estos dos extremos se situarán la mayoría de las empresas.

En una situación de crisis como la actual, si las empresas no podemos repercutir el incremento de nuestros costes en el precio de venta final, debemos tratar de ser más eficientes en la gestión del activo para seguir siendo rentables, es decir, ahora nos toca girar más rápido la noria, y nadie ha dicho que ésta sea una tarea fácil.

El calendario de las cuentas anuales

Mario Cantalapiedra – Economista

Si en el anterior post os comentaba las modificaciones recientes producidas en los modelos de cuentas anuales a depositar en el Registro Mercantil este año, creo que es interesante repasar algunos conceptos generales sobre éstas ahora que se acerca el momento concreto de su presentación.

Las cuentas anuales están formadas por el balance, la cuenta de pérdidas y ganancias, el estado de cambios en el patrimonio neto, la memoria y el estado de flujos de efectivo, este último voluntario para las Pymes, que os recuerdo son las empresas con un activo no superior a los 2.850.000 euros, una cifra de negocios anual no superior a 5.700.000 euros o un número medio de trabajadores no superior a los 50 trabajadores (basta con reunir dos de las tres circunstancias).

Realmente el propósito último de las cuentas anuales es suministrar información que permita tomar decisiones sobre la empresa tanto a usuarios externos como internos. Ya nos dice la normativa contable que los documentos que forman parte de las cuentas anuales son una unidad y que deben ser redactados con claridad y mostrar la imagen fiel del patrimonio, de la situación financiera y de los resultados de la empresa. Por tanto, mucho cuidado con aspectos tales como presentar un resultado en la cuenta de pérdidas y ganancias que no coincida con el que se muestra en el balance, o mostrar un balance cuya suma de activo no cuadre con la del pasivo y patrimonio neto, sí que, aunque parezca raro, yo ya he visto de todo.

Las cuentas anuales deben formularse por el empresario o los administradores en el plazo máximo de tres meses a contar desde la fecha de cierre del ejercicio, y tienen que expresar la fecha en la que se han formulado y estar firmadas por el empresario, por todos los socios ilimitadamente responsables por las deudas sociales (sociedad colectiva o comanditaria), o por todos los administradores en caso de sociedad anónima o limitada. Si falta la firma de alguno de ellos, deberemos indicar expresamente la causa en cada uno de los documentos donde no firme. Pensad que los firmantes, ya sean éstos empresarios, administradores o socios con responsabilidad ilimitada, son los responsables de la exactitud de las cuentas anuales presentadas.

Os adjunto un calendario indicativo del proceso temporal que siguen las cuentas anuales para sociedades que cierren el ejercicio a 31 de diciembre, el caso más habitual.

Calendario indicativo cuentas anuales:

  • 31 de marzo: Fecha límite formulación de las cuentas anuales por los administradores
  • 15 de junio: Fecha límite convocatoria de junta general ordinaria por los administradores
  • 30 de junio: Fecha límite aprobación cuentas anuales por la junta general ordinaria
  • 30 de julio: Fecha límite presentación cuentas anuales en el Registro Mercantil


Número de cuentas anuales depositadas en el Registro Mercantil:

Cuentas anuales depositadas en el registro mercantil

Cambios recientes en los modelos de cuentas anuales

Mario Cantalapiedra – Economista

Nos estamos acercando al período en que los empresarios que revisten la forma jurídica de sociedad, además de seguir lidiando con sus problemas de liquidez y de viabilidad de negocio, ¡qué remedio les queda!, tienen que estar pendientes del depósito de las cuentas anuales, correspondientes al ejercicio cerrado el año anterior, en el Registro Mercantil. Por tanto, creo que es interesante repasar algunos aspectos novedosos que afectan al depósito de cuentas de este año.

Conviene saber que los modelos de cuentas anuales vigentes anteriormente, se han visto modificados recientemente por la Resolución de 6 de abril de 2010, de la Dirección General de los Registros y del Notariado, que ha sido publicada en el BOE de 7 de abril de 2010. La novedad está fundamentada en consultas efectuadas al Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC), que recordemos actúa como organismo regulador contable, sobre la capitalización de los gastos financieros en el precio de adquisición y sobre el tratamiento contable de la aprobación de un convenio de acreedores. En base a las respuestas del ICAC a los dos temas referidos, se ha creado una nueva partida en la cuenta de pérdidas y ganancias, la cual forma parte del resultado financiero de la empresa, en los tres modelos de presentación previstos (normal, abreviado y pyme). La estructura del cambio en cada caso es la siguiente:

1. Modelos normal y abreviado (se crea una nueva partida en la cuenta de pérdidas y ganancias):

19. Otros ingresos y gastos de carácter financiero. 

a) Incorporación al activo de gastos financieros.

b) Ingresos financieros derivados de convenios de acreedores.

c) Resto de ingresos y gastos.

2. Modelo pymes (de modo similar se crea una nueva partida en la cuenta de pérdidas y ganancias):

18. Otros ingresos y gastos de carácter financiero.

 

a) Incorporación al activo de gastos financieros.

b) Ingresos financieros derivados de convenios de acreedores.

c) Resto de ingresos y gastos.

Además se modifica el contenido de la memoria para las empresas que tengan partidas de naturaleza medioambiental, la cual deberá incluir un nuevo apartado, también en los tres modelos de presentación previstos, en el que se habrá de informar, en su caso, sobre los derechos de emisión de gases de efecto invernadero.  

Esperemos que estos cambios, en una época donde ya estamos sufriendo demasiadas modificaciones de todo tipo, sirvan, además de para aumentar la carga de trabajo de las empresas, para mostrar la imagen fiel de su patrimonio, situación financiera y resultados.

 

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¿Compartir comisiones bancarias?

Mario Cantalapiedra – Economista

Estoy observando que muchos de los asistentes a las últimas charlas que imparto sobre técnicas de negociación bancaria, todavía desconocen algunas de las importantes modificaciones introducidas por la Ley 16/2009 de servicios de pago, aprobada el pasado ejercicio. Además de lo ya comentado al respecto por Carlos Muniesa en este mismo blog en su post del pasado día 13, cuya lectura os recomiendo encarecidamente, me gustaría recordar otros aspectos que modifica la mencionada Ley.

Una de las principales novedades que incorpora es la opción de precios o gastos compartidos, lo que al final significa que un banco que realice un pago por deseo del ordenante, por ejemplo, emitiendo una transferencia, cargará a éste los gastos que correspondan, hasta aquí nada cambia con respecto a la situación anterior, pero además, y aquí aparece la principal novedad, el banco que recibe el abono también puede, aunque suene “extraño”, cargarnos gastos por recibir los fondos. Este aspecto parece complicado de digerir por parte de unos clientes bancarios como los españoles acostumbrados ya a sufrir comisiones bancarias elevadas, por lo cual creo que muchas entidades bancarias aún, y recalco lo de “aún”, no lo estén aplicando, porque poder, lo que se dice poder, pueden. Aunque solemos ser un país caracterizado por nuestra solidaridad en muchos ámbitos, esto de ser solidario a la hora de compartir comisiones bancarias entre ordenante y beneficiario, como que no lo veo y creo que muchos bancos, de momento, tampoco.

Algún otro aspecto que se ha cambiado con la Ley 16/2009 ha sido, por ejemplo, lo referente a fechas de valoración de las transferencias recibidas, que ahora deberá coincidir con la fecha en la que la entidad de crédito recibe los fondos de la entidad del ordenante, lo cual reduce algo (un día) los períodos de compensación bancaria. En esta línea también se modifica el tratamiento de los ingresos en efectivo en la entidad bancaria, ahora fecha de valor y día de recepción del efectivo deben coincidir, eliminándose la diferencia que existía si el ingreso se hacia antes (valor del día) o después (valor del día siguiente) de las once de la mañana. En cambio, sobre las fechas de valoración de los cheques no se ha introducido ninguna modificación sobre lo regulado por la Circular 8/1990 del Banco de España.

Además me gustaría destacar un elemento muy importante que se recoge en el artículo 32 de esta nueva Ley, y que a lo mejor ha pasado un poco por alto, el cual incide en la seguridad para todos los que somos usuarios de los servicios de pago, como es el establecimiento del límite de responsabilidad por las pérdidas derivadas de operaciones de pago no autorizadas, resultantes de la utilización de un instrumento de pago extraviado o sustraído, el cual queda fijado en 150 euros. Bueno, esto nos proporcionará algo más de tranquilidad si en algún momento nos llegan a sustraer una tarjeta, aunque, tal como están las cosas, igual nos tranquiliza más el hecho de que a ésta puede que ya no le quede crédito alguno.

 

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¡Cuidado! El banco viene a visitarnos

Mario Cantalapiedra – Economista

A lo largo de mi trayectoria profesional como director financiero siempre he creído conveniente, del mismo modo que me gustaba visitar a los directores bancarios en sus propias oficinas, invitarlos a conocer las instalaciones de mi compañía, porque pensaba que era una buena manera de integrar a la entidad financiera en nuestra filosofía de hacer las cosas y algo que al final podía redundar en un mejor conocimiento mutuo, una mejor relación y, en definitiva, un mejor acceso a la financiación bancaria.

 

En la actualidad debido a la gran desconfianza que existe por parte de las entidades financieras en el tejido empresarial, y a las diferencias que pueden llegar a encontrar entre los fríos datos de los estados contables y la realidad de la actividad económica en un breve lapso de tiempo, por el rápido deterioro de la situación vivido en muchos sectores, este aspecto que acabo de comentar, el de la visita del banco a las instalaciones de la empresa, parece que ya no es una cortesía sino una obligación para muchas empresas que pretendan obtener el crédito bancario.

Cuando un banco nos visita lo más probable es que trate de observar y evaluar, aparte de una panorámica general de la empresa, elementos concretos como, por ejemplo, los equipos de producción e instalaciones que utilicemos para desarrollar nuestra actividad. Si a través de la información contable que aportemos y de otras fuentes consultadas conocerá la antigüedad, coste de adquisición, amortización, mejoras o revalorizaciones de nuestro activo no corriente, al visitar nuestras instalaciones observará la ubicación física concreta de los elementos, su nivel de orden y limpieza, su grado de mantenimiento o la organización logística de los mismos.

Estos aspectos también podrán ser completados con informes de terceros relacionados con la empresa que a su vez sean clientes habituales del banco y estén dispuestos a suministrarle información. Por ejemplo, nuestros proveedores podrán informar sobre nuestra solvencia, nuestras formas de pago y el respeto de los vencimientos pactados de antemano, o sobre el aumento o reducción de nuestro nivel de pedidos. Nuestros clientes podrán informar sobre la calidad de los productos o servicios que ofertamos y el grado de cumplimiento en su suministro o entrega. E inclusive nuestros propios competidores podrán dar a conocer la coyuntura general del sector al que pertenezcamos.

Por tanto, y en lo que a la visita del banco se refiere, esto es como cuando en el cuartel y durante el servicio militar teníamos una revisión de algún mando importante, todo tiene que estar, en la medida de lo posible, perfecto para nuestro ilustre visitante, que al final lo que nos estamos jugando es el dinero que nos presta. Por otro lado, no debo olvidarme que lo comentado hasta aquí también es aplicable a las visitas que nos realicen otro tipo de compañías, no necesariamente bancarias, como las que se dedican a realizar informes comerciales investigados. De la impresión que les causemos puede depender que a nuestros clientes les llegue información más o menos positiva sobre nuestra actividad.

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