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Doctor, aparezco en la CIRBE, ¿es grave?

Mario Cantalapiedra – Economista

La Central de Información de Riesgos del Banco de España (CIRBE) es una base de datos en la que consta la práctica totalidad de los préstamos, créditos, avales, y riesgos en general que las entidades financieras tienen con sus clientes, ya sean éstos personas físicas o jurídicas.

Para los bancos es muy útil puesto que les permite observar la evolución de nuestro endeudamiento y de la posible morosidad de nuestros créditos cuando somos clientes suyos o cuando, aún no siéndolo, les solicitamos financiación. Por ejemplo, cuando solicitamos un préstamo a un banco, éste puede consultar la CIRBE para conocer la deuda que mantenemos con otras entidades y hacerse una idea mejor de nuestra capacidad de pago antes de concedernos los fondos. Si somos una empresa, hemos de tener en cuenta que el banco comprobará como los datos de la CIRBE se asemejan a las informaciones reflejadas en los estados contables que aportemos y en las líneas de financiación que declararemos, luego la consulta a la CIRBE les sirve como elemento de comprobación y análisis de nuestro riesgo.

Están obligados a declarar a la CIRBE los bancos, las cajas de ahorros, las cooperativas de crédito y las sucursales en España de entidades de crédito extranjeras, los establecimientos financieros de crédito, el Instituto de Crédito Oficial, el propio Banco de España, los fondos de garantía de depósitos en establecimientos bancarios, en cajas de ahorro y en cooperativas de crédito, las sociedades de garantía recíproca, las sociedades de reafianzamiento y la Sociedad Anónima Estatal de Caución Agraria.

En cuanto a los riesgos que se declaran podemos distinguir los directos, aquellos concedidos o asumidos por la entidad declarante derivados de operaciones de préstamo o crédito, o de operaciones de arrendamiento financiero o leasing, entre otras. Éstos son los que se analizan de forma prioritaria por parte de las entidades de crédito, que pueden observar saldos disponibles y dispuestos por los clientes, desglosados por tipo de operación. Debemos saber que la información es comunicada sin desagregar los datos por entidad financiera, ni especificar las entidades con las que el titular se encuentra endeudado. Por otro lado, se declaran a la CIRBE también riesgos indirectos, que son aquellos contraídos con la entidad declarante por quienes garantizan o avalan operaciones de riesgo directo, por ejemplo, mediante aval personal que respalda un crédito bancario o a través de la firma estampada en una letra de cambio que garantiza su pago.

Para cada uno de los riesgos, los declarantes deben facilitan la información más relevante a final de cada mes, incluyendo la identificación del titular. De este modo, un banco declarará el importe que sume la deuda vigente de un préstamo a un cliente, junto a su nombre y número de identificación fiscal. Con carácter general, se deben declarar los riesgos directos con titulares residentes cuyo importe sea igual o superior a los 6.000 euros en el conjunto de negocios en España, o a 60.000 euros en cualquier otro país. Respecto a los no residentes, resulta obligatorio declarar a partir de 300.000 euros. Como excepción, son declarables los saldos con retrasos en el pago (morosos) inferiores a 6.000 euros.

Luego contestando a la pregunta que encabeza el post, aparecer en la CIRBE de entrada no es grave (no es como, por ejemplo, aparecer en el RAI, que es un registro de morosos, con efectos impagados), otra cosa es cómo aparezcamos (crédito moroso, endeudamiento excesivo, los datos del registro no concuerden con los reflejados en nuestra contabilidad, etcétera).

 

¿Te da buen servicio tu banco?

Mario Cantalapiedra – Economista

Muchas veces al negociar precios de distintos productos financieros o de inversión con los directores o gestores bancarios, al comentarles que tal o cual entidad me ofrece mejores condiciones, me encuentro con la siguiente respuesta: “sí, pero nosotros te damos mejor servicio”. Dicho así la verdad es que suena bien y hasta nos lo podemos llegar a creer, pero claro, realmente nos paramos a valorar el servicio recibido del banco y analizamos los elementos que pueden indicarnos la “calidad” del mismo.

Se me ocurre que una primera manera de saber si el servicio que recibimos es de calidad, estriba en comprobar si el banco respeta los acuerdos entablados en la negociación, si las condiciones pactadas de antemano se llegan a cumplir posteriormente.

También me parece importante que el banco facilite los medios necesarios para que podamos conocer el estado de nuestras cuentas, nuestra posición, en todo momento. Con la revolución tecnológica que vivimos, no debería ser algo muy difícil de conseguir para el banco.

En otro orden de cosas, es muy importante valorar el volumen de errores cometidos y la celeridad de la entidad a la hora de corregirlos. Los bancos se equivocan, de eso no tenemos dudas, y seguramente más a su favor que en su contra, pero pueden hacerlo de forma puntual o persistir en los fallos a lo largo del tiempo. Y lo que es más importante, una vez que detectamos el error y lo reclamamos, cuánto tiempo tardan en corregirlo, si es que al final lo hacen.

La eficacia en la gestión, que puede medirse al solicitar una operación concreta o al evaluar la operativa general del banco (atención telefónica, gestiones en la oficina, etcétera) es otro factor importante a considerar; sobre todo, resulta fundamental medir el tiempo que transcurre desde que se transmite una orden de pago al banco hasta que éste la ejecuta.

Habremos de considerar igualmente la asistencia de los gestores, que nos hagan sentirnos importantes para el banco, que atiendan con interés nuestras operaciones y demandas, que nos informen y asesoren detalladamente sobre los productos y servicios ofertados, sus características concretas y la repercusión fiscal de los mismos.

Y, por último, no olvidar el aspecto legal, que obliga a las entidades bancarias a contar con servicios de atención al cliente para atender y resolver las quejas y reclamaciones que podamos plantear, complementados habitualmente por los servicios de los llamados defensores del cliente, que, a pesar de no ser obligatorios por Ley, los bancos suelen ofrecer.

Si el análisis de todos estos elementos resulta positivo en vuestro caso concreto, entonces podéis sonreír cuando el director de vuestra oficina os recuerde el buen servicio que el banco os presta.

 

¿Planificación financiera?: ahora más que nunca

Mario Cantalapiedra – Economista

Existen decisiones en la empresa que sólo pueden tomarse con cierta antelación, que llegan a condicionar su estructura económico-financiera, su desarrollo futuro e incluso su supervivencia. Estas decisiones deben estar basadas en el proceso de planificación financiera. Cuando planificamos lo que intentamos es decidir hoy lo que haremos mañana, eliminando el mayor grado posible de incertidumbre, algo más difícil en entornos turbulentos como los actuales, y tratando de ganar eficiencia en nuestra gestión.

Planificar es igual de necesario en una gran empresa que en una pyme, aunque a nadie se le escapa que el nivel de complejidad del proceso planificador en una pequeña compañía deberá ser menor, adaptado a sus propias características.

No se me ocurre de qué modo establecer un modelo único de planificación que sea válido para todas las empresas y en todos los momentos, pero sí creo que puede ser conveniente señalar una serie de pautas generales que pueden ayudar a los responsables de este proceso a resolver su problema específico, como las siguientes:

  • Conseguir de la dirección de la compañía el establecimiento de objetivos claros, ya que sólo con metas bien definidas podremos realizar un plan financiero adecuado. En este punto, es muy importante que la dirección de la empresa llegue a implicarse en el proceso planificador, facilitando los recursos necesarios para su puesta en marcha. Recursos no sólo de corte financiero sino también relativos a flujo de información, a recursos humanos, a elementos de tipo organizativo, etcétera.
  • Integrar a todas las áreas de la empresa en el proceso. Todos los estamentos de la compañía habrán de suministrar las distintas variables necesarias para confeccionar el modelo y obtener las previsiones.
  • Dar prioridad a la mentalidad financiera frente a la contable. A pesar de que el punto de partida habitual de los presupuestos sean los estados contables de la compañía, balance y cuenta de pérdidas y ganancias, en el plano presupuestario es preciso operar con perspectiva financiera, lo que obligará a modificar alguno de los criterios utilizados en contabilidad.
  • Adoptar criterios flexibles, en cuanto a la posibilidad de que puedan ser modificados sobre la marcha en función de que la evolución de los datos reales no confirme las previsiones realizadas. Los presupuestos no deben ser elementos rígidos que hayan de cumplirse a rajatabla, sino que han de poder ser modificados en el tiempo, si las circunstancias así lo aconsejan.

Y aunque parezca que ahora es un momento complicado para planificar el futuro, el proceso descrito, en mi opinión, se hace más necesario que nunca. Seguramente tendremos que trabajar con una perspectiva más de corto plazo, ante la imposibilidad de ir más allá, y efectuar un control permanente de la evolución de las previsiones y de su contrastación con los datos reales, es decir, realizar un adecuado control presupuestario.

 

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Principios que rigen el análisis bancario del riesgo empresarial según Sun Tzu.

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Manual de gestión financiera para Pymes. Conceptos y aplicaciones prácticas

Cantalapiedra Arenas, M. (2005): Manual de gestión financiera para Pymes. Conceptos y aplicaciones prácticas. Madrid: CIE Inversiones Editoriales Dossat 2000.

Esta obra es un auténtico manual de referencia y consulta para el gestor financiero de una pequeña o mediana empresa. Un libro que debería formar parte de esa pequeña biblioteca que el responsable financiero, siempre con poco tiempo e involucrado en la vorágine del día a día, debe tener. La problemática de las pymes, en cuanto a la falta de profesionalización o de personal cualificado, sobre todo en lo que se refiere a la gestión financiera, es uno de los aspectos donde más hincapié debe hacerse por parte de todos. Y este manual cumple este objetivo de forma perfecta: ideas prácticas y útiles, muy concretas, para ayudar al gestor en su trabajo diario. Se nota que el autor conoce perfectamente las funciones de este responsable, las ha llevado a la práctica y conoce su funcionamiento. Eso le permite explicarlas de forma clara y realista, y, por ello, útil.

Cómo reducir plazos en los almacenes de la empresa

Mario Cantalapiedra – Economista

A la espera de que contemos con la cobertura legal y efectiva que nos permita cobrar a nuestros clientes en un plazo máximo de 60 días a contar desde la fecha de recepción de las mercancías (lástima del período de adaptación, con lo que nos hace falta que esta medida entre en vigor cuanto antes), muchos de nosotros tendremos que seguir ingeniándolas para acortar los períodos medios de maduración de nuestras empresas, persiguiendo tener menores necesidades de financiación.

Recordemos que el período medio de maduración de una empresa viene a recoger el tiempo que, por término medio, el dinero invertido en la actividad tarda en volver a la tesorería después de haber recorrido todo el ciclo productivo. Cuanto más corto sea éste, más eficiente es la empresa, puesto que necesita financiar su ciclo de actividad durante menos días, luego se trata de lograr que sea lo más reducido posible.

La reducción del periodo medio de maduración se puede conseguir a través de la gestión de sus distintos componentes; en concreto, reduciendo los plazos de almacenes o los de cobro a clientes, y aumentando los de pago a proveedores. En muchas ocasiones las empresas procuran incidir sobre la mejora de plazos de cobro a clientes y de pago a proveedores, pero olvidan las medidas que pueden mejorar los plazos de almacenes, sobre las que me quiero centrar ahora.

Si partimos del axioma de que las existencias son una inversión a corto plazo que es preciso financiar, el objetivo desde el punto de vista financiero ha de ser precisamente mantener el menor nivel posible de almacenes que garantice la actividad de la empresa, es decir la producción y venta, tratando de encontrar el equilibrio entre la flexibilidad que proporcionan las existencias al proceso productivo y su coste.

Las medidas a emprender para optimizar plazos de almacenes pueden, a su vez, descomponerse entre los tres principales tipos de éstos que podemos distinguir en una empresa productiva (materias primas, productos en curso y productos terminados). Con respecto a las acciones para reducir los plazos en almacenes de materias primas, podemos:

  • Elegir proveedores más cercanos a los que poder comprar con mayor frecuencia y en menores cantidades.
  • Adquirir materias primas de tipo estándar que permitan tener menor número de referencias en almacén, proporcionen mayor facilidad para reponerlas, y al final signifiquen un menor nivel de existencias.

También pueden arbitrarse acciones para reducir los plazos en almacenes de productos en curso:

  • Evitar los cuellos de botella, es decir las fases de la producción que ralentizan todo el proceso productivo.
  • Mantener los equipos productivos en buen estado evitando las averías.
  • Eliminar los tiempos muertos en la producción.

Por último, existen otras medidas que se dirigen a reducir los plazos en almacenes de productos terminados:

  • Realizar, siempre que sea posible, ventas “bajo pedido” de nuestros clientes.
  • Promocionar con campañas específicas los productos menos demandados.

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Prácticas irregulares en el descuento comercial

Mario Cantalapiedra – Economista 

Como sabemos el descuento comercial es una operación tradicional de financiación utilizada por las empresas donde una entidad financiera adelanta el importe nominal de un efecto comercial no vencido, por ejemplo, una letra de cambio o un pagaré, a cambio del cobro de intereses y comisiones. El descuento comercial, muy popular en el pasado reciente, va siendo relegado a un segundo plano por otras modalidades financieras como el confirming o el factoring, no obstante, todavía se sigue utilizando, sobre todo por parte de las pequeñas y medianas empresas, y en determinados sectores económicos.

Uno de los problemas asociados al descuento comercial y que se acentúa en épocas de crisis, como la que vivimos, es el hecho de que los efectos comerciales cedidos por la empresa a la entidad financiera para su descuento aparenten corresponder a operaciones comerciales de venta de bienes o prestación de servicios y, sin embargo, se instrumenten únicamente con el objetivo de conseguir la financiación proporcionada por el descuento comercial a partir de una connivencia entre deudor y acreedor. Es lo que se conoce como “papel de colusión” o “pelota”, también denominado “papel verde” en el seno de algunas entidades financieras. Para los bancos pueden ser indicadores de esta artimaña, entre otros, los siguientes elementos:

  • Las relaciones estrechas entre librado y librador, como, por ejemplo, el hecho de que tengan los mismos propietarios.
  • Los plazos de pago diferentes a los que son habituales para la empresa que descuenta.
  • La presentación de efectos comerciales distintos a los que se utilizan habitualmente en el sector.
  • La concentración de giros en una o en pocas plazas de pago.
  • Los plazos de los efectos ajustados al límite temporal máximo de la línea o clasificación de descuento negociada con la empresa.
  • La aparición en los efectos descontados de librados desconocidos o no habituales.
  • Los efectos con importes elevados y redondeados.
  • El aumento no justificado del volumen de descuento.
  • Los movimientos de transferencias o ingresos en cuenta de importes similares a los descontados.

 Debemos saber que las entidades financieras vigilarán estos elementos y otros similares que despierten su sospecha antes de autorizar la operación de descuento comercial, sobre todo en las etapas iniciales de relación con la empresa, y, como apuntaba anteriormente, en los momentos en que la empresa o el sector donde compite ésta atraviesen períodos de crisis.

A veces el desconocimiento o la necesidad pueden empujar a una empresa a la tentación de emitir y descontar este tipo de papel, pero evidentemente por muchos problemas financieros que se puedan llegar a tener, la emisión y descuento de papel pelota es una actividad contraria a la legalidad y absolutamente desaconsejable.

 

Empresas de recobro de facturas impagadas

Mario Cantalapiedra – Economista

En aquellas ocasiones que observamos que las gestiones encaminadas, desde nuestra propia empresa, al cobro de la factura de un cliente moroso se hacen inútiles y no conseguimos lograr nuestro objetivo, contamos con la posibilidad de acudir al servicio de una empresa especializadas en el recobro de facturas de entre la oferta existente en el mercado.

Este tipo de compañías poseen equipos con una formación específica en la problemática del recobro, así como conocimientos del mercado y de la legislación vigente que les permite, al mismo tiempo que tratan de cobrar la deuda, cuidar la relación comercial con nuestro cliente tratando de no comprometer las posibles operaciones futuras que puedan llegar a realizarse con él (en muchas ocasiones, no sólo perseguiremos el cobro de una factura que ha quedado pendiente sino también trataremos de mantener la relación comercial con el cliente).

Con respecto a los plazos medios que pueden durar los procesos judiciales, este tipo de servicios de recobro gozan de una rapidez relativa en la solución de los créditos morosos (la vía judicial suele resultar demasiado lenta para una empresa que se ve acuciada por el impago de sus clientes). También puede contemplarse como una de las ventajas que aporta la subcontratación de una empresa de recobro, la reducción de los costes administrativos soportados a nivel interno en la gestión del impagado, desde el coste del personal involucrado en dicha gestión, al de las llamadas telefónicas, el correspondiente al envío de avisos, etcétera.

 Por regla general, las empresas de recobro suelen perciben una comisión sobre la cantidad que recuperan, de tal modo que, si no consiguen el recobro de ningún importe del crédito, no suelen suponen coste para la compañía. No obstante, acostumbran a exigir provisiones de fondos, por adelantado, a descontar de sus honorarios finales una vez que recuperan la deuda, aspecto debe quedar claramente delimitado a la hora de contratar sus servicios (de este modo, si la provisión no se considera reintegrable y se entrega a fondo perdido, debe quedar especificado en la firma del contrato).

En el caso de que la empresa de recobro no consiga recuperar la deuda, lo habitual es que nos ofrezca dos alternativas distintas; por un lado, la de iniciar acciones legales contra el cliente moroso bajo presupuesto y previa aprobación por nuestra parte; por otro, la de cerrar el expediente y olvidarse del tema. En esta segunda opción debe especificarse, de nuevo desde el momento inicial de la relación, si se realiza sin coste alguno o, por el contrario, conlleva algún tipo de gastos.

A pesar de que pudiera parecer que casi todo lo que ofrecen estas empresas es ventajoso, conviene tener cuidado a la hora de elegir una entidad de recobro concreta, puesto que no todas ellas tienen el mismo tipo de comportamiento en el desarrollo de su actividad. Debemos tener garantías de que la entidad finalmente elegida va a actuar dentro de la legalidad, y de forma ética, tanto en el proceso de reclamación de las deudas al cliente moroso como en el momento de entregarnos las cantidades cobradas.  

 

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