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Pólizas de crédito: de aquellos barros vienen estos lodos

Mario Cantalapiedra – Economista

A la virulencia con la que nos está golpeando la crisis económica y financiera, se une el hecho de que el entorno desfavorable ha coincido en el tiempo con la ausencia de capital humano experto tanto en las empresas españolas como en las entidades bancarias que les financian, o mejor dicho, les financiaban.

Los años de fuerte crecimiento del pasado reciente moldearon unos empresarios que a base de bonanza se relajaron en su negocio, el cual ya no hacía falta conocer en profundidad ya que todo se vendía relativamente solo. Por el lado de la banca, como su negocio también crecía de forma exponencial, ya no era necesario contar con tantas personas expertas que analizaran concienzudamente las operaciones de riesgo, bastaba con una fuerza comercial más o menos joven que consiguiera colocar los productos en un mercado muy competitivo, que debía acudir a las empresas en busca del negocio para quitárselo a su competidor aunque fuera a costa de relajar el estudio de la operación. A los mayores dentro de las entidades financieras que sabían algo de eso antiguo que llamaban crisis y que, a lo mejor, preferían tomar más precauciones, se les podía ofrecer una honrosa prejubilación.

Esta trayectoria se ha podido advertir hasta en la concesión y uso de los productos de financiación bancaria más habituales como las pólizas de crédito, muy ligadas a las pequeñas y medianas empresas. Un producto financiero pensado en origen como colchón de tesorería, para salvar el tiempo que transcurre desde que una empresa paga a sus proveedores y demás acreedores hasta que cobra de sus clientes, que al final ha sido utilizado para todo lo que hiciera falta, para qué os voy a engañar. Desde el punto de vista bancario, no era plan ser muy quisquillosos con el análisis del destino de los fondos no fuera que la competencia “levantara” el producto y los objetivos de negocio no se cumplieran. Desde la perspectiva de la empresa, tampoco hacía falta realizar un control presupuestario muy exhaustivo, al fin y al cabo se estaba creciendo y todo iba “viento en popa”. Que había que comprar una nueva máquina, se tiraba de la póliza, que se querían renovar las instalaciones, ahí estaba el crédito, total el banco lo concedía y luego solo había que ir renovándolo año a año, hasta que ya no lo renovó y vinieron los problemas.

Ahora los bancos se esfuerzan en recuperar a los prejubilados que sabían algo de eso que se llamaba crisis, ahora las empresas no consiguen las pólizas de crédito ni aunque demuestren que las van a destinar a cubrir desfases entre cobros y pagos… ¡qué malos se me antojan los extremos en la vida!