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La retirada a los cuarteles de invierno del tejido empresarial español

Mario Cantalapiedra – Economista

En el pasado mes de agosto el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó la actualización del Directorio Central de Empresas (DIRCE) a fecha 1 de enero de 2012, el cual permite tener una visión completa del conjunto empresarial español según diversos criterios, entre ellos el de condición jurídica de las empresas.

Lo primero que destaca de la actualización es la reducción del número de compañías activas durante el ejercicio de 2011 en un 1,6 por ciento, en términos relativos o, lo que es lo mismo, en 50.959 empresas si tomamos datos absolutos. Según comenta el propio INE en la nota de prensa que acompaña a la publicación de la actualización, se trata del cuarto año consecutivo que el número de empresas activas en España disminuye.

Analizando las tripas de los datos, vemos como el colectivo empresarial con más bajas es el de personas físicas con cerca de un 3 por ciento de caída entre 1 de enero de 2011 y 1 de enero de 2012. Como es costumbre la cuerda suele romperse por el lado más débil y la soledad de ese corredor de fondo que es el autónomo se está notando más que nunca.

Sorprende algo más que las sociedades limitadas estén aguantando la crisis mejor que las anónimas, 0,1 por ciento de aumento de las primeras que prácticamente marca estabilidad en su número, frente al 2 por ciento de caída de las segundas, aunque esto se puede entender mejor si imaginamos que muchos emprendedores, ya sean vocacionales o forzados por las circunstancias, están constituyendo sus nuevas sociedades bajo la fórmula jurídica de responsabilidad limitada, fundamentalmente por lo que a la aportación inferior del capital inicial se refiere.

También me parece muy significativo el acusado descenso, en un 2,3 por ciento, del número de sociedades cooperativas, fórmula jurídica definida por la estabilidad y tradicionalmente ligada con el mantenimiento del empleo. El tsunami de la crisis todo lo arrasa, espero que más pronto que tarde toque una actualización del DIRCE con un cambio de tendencia y termine, al fin, esta retirada a los cuarteles de invierno del tejido empresarial español.

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Cinco diferencias entre sociedades anónimas y de responsabilidad limitada

Mario Cantalapiedra. Economista

Una de las principales dudas a la hora de montar una empresa es elegir adecuadamente la forma jurídica de la misma. En el caso de querer constituir una sociedad, resulta importante conocer las diferencias que existen entre opciones similares como las sociedades anónimas y las de responsabilidad limitada. Ambos tipos de sociedad, a pesar de compartir su carácter mercantil, la responsabilidad de los socios limitada al capital aportado o su constitución mediante escritura pública e inscripción en el Registro Mercantil, también observan importantes diferencias entre las que se encuentran las siguientes:

1. Capital social mínimo

El capital social mínimo de una anónima que marca la ley es de sesenta mil euros.

Por su parte, el capital mínimo de una limitada es de tres mil euros. Esta probablemente es la razón fundamental que lleva a que se constituyan muchas más sociedades de responsabilidad limitada que anónimas.

2. Acciones y participaciones sociales

El capital social de las anónimas está dividido en acciones que pueden ser nominativas o al portador. De un modo general se prevé su libre transmisibilidad, la cual puede ser limitada por los estatutos de la sociedad en el caso de que las acciones sean nominativas.

Las participaciones sociales en las que se divide el capital de las limitadas son siempre nominativas. La ley prevé una transmisibilidad restringida para las mismas.

3. Valoración de las aportaciones no dinerarias

En las anónimas las aportaciones no dinerarias al capital de la sociedad, por ejemplo un vehículo o un inmueble, necesitan de un informe elaborado por un experto independiente.

En las de responsabilidad limitada no es necesario tal informe. A cambio los fundadores, administradores, socios y aportantes, según el caso, responden solidariamente frente a la sociedad y a sus acreedores del valor de lo aportado.

4. Emisión de obligaciones

Las sociedades anónimas pueden emitir obligaciones u otros valores negociables que reconozcan o creen una deuda.

Las sociedades de responsabilidad limitada no pueden emitir obligaciones ni otros valores negociables.

5. Reducción de capital obligatoria

En la sociedad anónima, la reducción del capital es obligatoria cuando las pérdidas disminuyen su patrimonio neto por debajo de las dos terceras partes de la cifra de capital y transcurre un ejercicio social sin que se recupere dicho patrimonio neto.

La sociedad de responsabilidad limitada no está obligada en ese caso.

En base a estas diferencias resumidas y a otras que existen, se podría decir que las sociedades de responsabilidad limitada son más cerradas, tienen una mayor flexibilidad y unos menores costes para funcionar. Por su contra, presentan frente a las anónimas una serie de limitaciones que, dependiendo de la dimensión que pueda adquirir el negocio, será preciso valorar.

 

Autónomos y sociedades limitadas, las formas jurídicas preferidas en España

Mario Cantalapiedra

En un momento donde muchos piensan montar su propio negocio como salida a la crisis, una de las primeras decisiones a las que tienen que hacer frente es la de elegir la forma jurídica adecuada para el mismo. La identificación legal de una empresa ante todos aquellos sujetos con los que se relaciona (clientes, proveedores, administraciones públicas, etcétera) se logra a través de la forma jurídica, debiendo ser esta la más adecuada a la actividad desarrollada y a los requisitos exigidos en cada caso. Así se deberá decidir si el titular del negocio, el empresario, va a ser persona física (autónomo) o persona jurídica (sociedad) y, en este segundo caso, elegir una de las formas societarias que se contemplan en el ordenamiento jurídico actual. En la elección hay que tener en cuenta aspectos tales la normativa que regule la actividad, el número de personas que intervienen en la puesta en marcha de la empresa, la responsabilidad que están dispuestos a asumir los emprendedores, las necesidades financieras del proyecto y los costes fiscales de las distintas opciones. Por ejemplo, algunos empresarios solo pueden contratar con las administraciones públicas si adoptan una forma societaria. Por tanto, se hace complicado establecer unos criterios que permitan elegir la forma jurídica de modo general, puesto que cada proyecto de empresa presenta sus propias características y requiere de un estudio específico.

En España las empresas bajo personas físicas, empresarios individuales o autónomos, así como las sociedades limitadas, son las formas jurídicas más demandadas por aquellos que realizan una actividad empresarial, juntas llegan a alcanzar cerca del 90 por ciento del total como puedes observar en el cuadro adjunto. Lejos, muy lejos, quedan otro tipo de sociedades como, por ejemplo, las anónimas con solo un 3 por ciento del total. En lo que a formas jurídicas societarias se refiere, parece que montar la empresa con 3.000 euros de capital inicial frente a hacerlo con 60.000 tiene su importancia, lógico ¿no?

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Fuente: Elaboración propia a partir datos DIRCE – INE (Fecha de referencia: 1 de enero de 2011).